Margay: el rincón de Misiones donde el lujo es remar en kayak y escuchar el monte de noche
A 290 kilómetros de Iguazú y 40 de El Soberbio, una reserva privada con cuatro cabañas sobre el arroyo Paraíso combina caminatas, navegación y un vivero que produce hasta 200.000 plantines por año. Ideal para una escapada de febrero o marzo, con mochila, repelente y hambre de selva.
Doscientos noventa kilómetros separan Puerto Iguazú de un lugar que, sobre el papel, no le llega ni a los tobillos a las Cataratas. Y sin embargo, ahí nomás, a pocos kilómetros de El Soberbio, hay una reserva privada de 65 hectáreas con cuatro cabañas sobre el agua, kayak, senderos y un vivero que repobla la selva paranaense como si fuera un taller de restauración biológica. Se llama Margay, y la postal turística es exactamente la que el turismo de Misiones necesita: monte, arroyo y silencio. Nada de selfies con la postal ajada de siempre.
La estadía recomendada es de dos a tres días, aunque si el viajero viene del sur del país lo más probable es que llegue con la lengua afuera y quiera estirarla un poco más (los accesos no son un regalo: la última hora de ripio se gana a pulso). El complejo dispone de cuatro cabañas sobre la ribera del arroyo Paraíso, con un deck donde se desayuna y se merienda mirando el agua. La gastronomía trabaja con preparaciones frescas y orgánicas de raíz misionera, y por las noches la movida gira alrededor del fogón: conversaciones sobre la cultura guaraní y pescado cocinado en hojas de banano, que es el equivalente selvático de una sobremesa larga en un bodegón de San Telmo.
Qué se hace durante el día
- Senderos autoguiados para caminantes solitarios que prefieren hacerse los valientes.
- Caminatas con guía profesional, que explica plantas y animales del monte (recomendable para los que van a inventar nombres después).
- Recorrida en kayak por el arroyo Paraíso, con la tabla de remo como único gimnasio.
- Visita al vivero Kawsay, donde se producen entre 100.000 y 200.000 plantines por año de especies nativas para recuperar ambientes degradados y arbolado urbano.
Margay está enclavada dentro del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí, que conserva 253.000 hectáreas de selva paranaense. El trabajo ambiental no es decorativo: cuidan el palo amargo, relevan fauna con cámaras trampa para reducir la caza y desarrollan sistemas agrícolas que integran cultivos y árboles nativos. A través del proyecto M2 x Naturaleza buscan restaurar superficies afectadas por actividades productivas e incendios. O sea, no es un lodge que se pintó la cara de verde: hace verde de verdad.
El mes ideal para ir es febrero o marzo, cuando la vegetación está en su mejor momento y los mosquitos también, qué se le va a hacer. Conviene llevar muda para mojarse (sí, mojarse), calzado de trekking, pantalón largo, camisa de manga larga, abrigo para la noche, repelente en cantidad industrial, protector solar, sombrero y anteojos. Como plus, El Soberbio queda a tiro de los Saltos de Moconá, así que el itinerario se puede estirar sin culpa.
Consejo práctico para el que viaja
Reservá con tiempo, llegá con el tanque lleno hasta El Soberbio y sumá una noche extra para conocer los Saltos de Moconá. Y no te olvides el repelente: el que creas que llevas, no es suficiente. El monte te lo va a cobrar.
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