Dientes que se van, mente que se apaga: lo que la ciencia empieza a ver en la boca de los adultos mayores
Una revisión de 14 estudios advirtió que perder más de una pieza dental en la vejez se asocia con un riesgo sensiblemente mayor de deterioro cognitivo y demencia, y puso en agenda la importancia de los controles odontológicos como parte del seguimiento médico integral.
En los consultorios de odontología de la Argentina, la escena se repite con una frecuencia que suele pasar inadvertida: un adulto mayor llega a controlarse una caries, una molestia al masticar o un dolor de encías, y cuando el profesional le pregunta por el resto de su salud, aparecen respuestas que dibujan un cuadro mucho más amplio que el de una simple muela rota. La boca, en la vejez, se convierte en un termómetro silencioso de lo que ocurre en el resto del cuerpo, y una revisión reciente publicada en la revista JAMDA se encargó de ponerlo en números: tras analizar 14 estudios, los investigadores concluyeron que quienes habían perdido más de un diente presentaban cerca de un 50% más de riesgo de deterioro cognitivo y un 28% más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia, una asociación estadística que no prueba causalidad pero que, por su magnitud, ya no puede desatenderse.
Inflamación de encías, corazón y pulmones en la mira
El mismo trabajo puso el foco en la gingivitis, esa inflamación de encías que muchos adultos mayores naturalizan como algo propio de la edad, y la vinculó con un arco de enfermedades que excede ampliamente la cavidad bucal: cuadros cardiovasculares, pulmonares, obstrucciones en los vasos sanguíneos y accidentes cerebrovasculares aparecen en distintos estudios asociados a la inflamación crónica de los tejidos que sostienen los dientes, sin que se haya demostrado hasta ahora una relación de causa y efecto, pero con una consistencia estadística que los autores consideran suficiente como para pedir que los controles odontológicos entren definitivamente en el chequeo médico de rutina de las personas mayores.
Cuando la gingivitis se instala y no recibe tratamiento, el proceso puede avanzar hacia los tejidos profundos y transformarse en periodontitis, una afección que en sus etapas avanzadas termina provocando la pérdida de piezas dentales, y que arrastra consigo un costo que va mucho más allá de la masticación: hay adultos mayores que empiezan a evitar conversaciones, a rehusar una sonrisa o a faltar a reuniones por la incomodidad que les genera su propia dentadura, un recorte de la vida social que, en la vejez, suele alimentar el aislamiento y, con él, el declive cognitivo que los propios estudios asocian a la falta de piezas.
Molestias frecuentes que conviene no naturalizar
- Sensibilidad dental: aparece cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz, o cuando la persona aprieta o rechina los dientes durante el sueño (bruxismo); en este último caso, una férula nocturna puede reducir la presión, aunque siempre se necesita evaluación profesional para distinguir ese origen de otros que requieren un enfoque distinto.
- Boca seca: ocurre cuando se produce menos saliva y dificulta masticar, tragar, hablar y hasta percibir sabores; es un efecto secundario frecuente de varios medicamentos y puede aparecer asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y algunas enfermedades que afectan el sistema inmune.
- Pérdida de piezas: más allá del dolor o la incomodidad, puede reducir la participación social y alimentar el aislamiento, un factor que las investigaciones vinculan con mayor riesgo de deterioro cognitivo en la vejez.
La guía de la Escuela de Medicina de Harvard que repasó estos hallazgos recomienda, en la línea de lo que repiten los odontólogos argentinos, incorporar los hábitos de cuidado bucal al seguimiento clínico habitual de los adultos mayores y no postergar la consulta frente a encías inflamadas, sangrantes o que se retraen, ni ante una boca seca que se prolonga en el tiempo, porque detrás de lo que parece un detalle menor puede estar anticipándose un cuadro cuya detección temprana cambia el pronóstico: a la luz de la evidencia reciente, cada diente que se cuida es también un pequeño escudo para la memoria, y cada visita al odontólogo, una pieza más del rompecabezas de un envejecimiento saludable.
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