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DOM, 18 OCT 2026
Entretenimiento

Un nene de nueve años, una pantalla y el ruido que nadie pidió

Toto tiene nueve años, pidió ver qué decía la gente de su debut en MasterChef Junior y se topó con una catarata de hate. Lo que pasó después abre un debate incómodo sobre los menores en la tele.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · · lectura 5 min
Un nene de nueve años, una pantalla y el ruido que nadie pidió

Les cuento de entrada la escena que se me quedó pegada en la cabeza: un nene de nueve años, sentado frente a una cámara, con los ojos húmedos y la voz cortada, pidiéndoles a desconocidos que paren con los mensajes de odio. Me cuesta escribirlo sin que me tiemble un poco el pulso, porque cuando uno mira esa imagen entiende que hay algo que se nos fue de las manos como sociedad. El nene se llama Toto, tiene nueve años, fue participante de MasterChef Junior, y el episodio que protagonizó junto a su compañera Ámbar lo terminó arrastrando a un lado de la pantalla que nadie —ni él ni su familia— estaba preparado para atravesar.

Durante el primer programa del ciclo, el equipo integrado por Toto y Ámbar presentó una hamburguesa que no convenció a los jurados. Cuando los devolvieron a la cocina para ajustar el plato, Toto mencionó que la preparación había sido de su compañera. Ámbar se quebró en llanto frente a las cámaras, explicó que temía quedar eliminada y, a partir de ahí, se desató una verdadera tormenta en redes. La frase del nene, sacada de contexto y editada para la televisión, se volvió material de captura, de TikToks indignados y de comentarios que, como él mismo dijo, lo estaban "heateando".

Un video grabado con el corazón en la mano

Toto no maneja redes sociales, eso quedó claro desde el primer momento. Son sus padres quienes administran las cuentas que se abrieron a partir de su participación en el reality. Sin embargo, como cualquier pibe de nueve años, tenía ganas de saber qué se decía de su debut. Quería ver mensajes lindos, aliento, el cariño de la gente que lo había visto cocinar por primera vez en la pantalla grande. Lo que encontró fue otra cosa, y el golpe lo decidió a grabar un video que se viralizó en cuestión de horas. "Me están heateando y la verdad que me está afectando mucho", arrancó diciendo, con una madurez que a mí, como adulta, me dejó pensando. "Yo ya le pedí disculpas a Ámbar, pero si no se hizo público, me gustaría pedirle disculpas ahora. Acá detrás hay una persona", sumó, mientras hacía un gesto con sus deditos para señalar que él era mucho más que la versión editada que circulaba por las redes.

“Yo ya le pedí disculpas a Ámbar, pero si no se hizo público, me gustaría pedirle disculpas ahora. Acá detrás hay una persona.”Toto, participante de MasterChef Junior

La palabra de la mamá, el abrazo que no salió al aire

Después del video del nene, habló su mamá en la misma cuenta. Con una calma que se notaba trabajada, explicó que Toto había querido ver la repercusión de su paso por el programa "muy alegre, esperando ver mensajes lindos", y que cuando se topó con la mala onda le pidió permiso para mandar ese mensaje. La mujer, además, agregó un dato que cambió la lectura de varios: Toto tiene Altas Capacidades Intelectuales (AACC), y esa condición, sumada a los nervios lógicos de un debut televisivo, había influido en cómo manejó el momento frente a las cámaras. "Se acercó a darle un abrazo a Ámbar mientras lloraba y también le dijo palabras lindas, pero eso no lo mostraron", señaló la madre, con una frase que a mí me dolió en el pecho, porque conozco esa lógica de los realities: se eligen los cortes que funcionan, no los abrazos que también son parte de la historia.

Y acá me parece que aparece la pregunta de fondo, la que no tiene que ver con Toto ni con Ámbar ni con la hamburguesa que les salió mal, sino con nosotros como espectadores. ¿Dónde está el límite entre opinar sobre un programa de televisión y atacar a un nene que acaba de dar sus primeros pasos frente a una cámara? Porque una cosa es sentarse en casa, mirar el programa y decir "esto estuvo bien o estuvo mal", y otra muy distinta es abrir Instagram, ver a un pibe de nueve años y descargar sobre él una bronca que no tiene destinatario lógico. Toto cocinó, se equivocó, pidió disculpas en privado, abrazó a su compañera y después volvió a pedir disculpas en público cuando sintió que lo necesitaba. A mí, como adulta y como alguien que mira la tele con el diario del lunes, me parece que ese nene hizo más en una semana que muchos de los que le escriben desde un usuario anónimo.

Me quedo con una idea que me parece importante y que la madre de Toto dejó caer al pasar, casi como al voleo, en su descargo: el abrazo existió, las disculpas existieron, el gesto lindo existió, pero la tele no lo mostró. Esa es, para mí, la clave de todo el debate. La televisión elige qué vemos, las redes eligen qué replicamos, y entre ese ida y vuelta queda un nene de nueve años aprendiendo, en tiempo real, que cuando uno se expone también queda expuesto a lo peor. Ojalá la próxima vez que alguien vea a Toto en la pantalla, se acuerde de eso. Mientras tanto, a mí me queda dando vueltas una frase que él mismo dijo y que me parece que deberíamos tener tatuada: acá detrás hay una persona. Aunque esa persona tenga nueve años, aunque cocine hamburguesas en la tele, aunque le tiemble la voz frente a una cámara, acá detrás, siempre, hay una persona.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

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