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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Tu selfie, con peluca y hombreras: el truco para viajar a los ochenta sin moverte del sillón

Una foto actual, una indicación bien escrita y un modelo de inteligencia artificial alcanzan para fabricar un retrato con paleta neón, grano analógico y look de discoteca. Claves para que el sistema no te convierta en otro.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · · lectura 3 min
Tu selfie, con peluca y hombreras: el truco para viajar a los ochenta sin moverte del sillón

Te lo digo de arranque, porque me pasó: abrí una foto mía en la compu, le pedí a una herramienta de inteligencia artificial que me vistiera como si estuviera en un boliche de 1986 y, de un momento a otro, aparecí con una pelucha con flequillo, chaqueta con hombreras y un fondo de neón que parecía la marquesina de un video deMTV. Lo que hasta hace poco era un truco de programador, hoy está al alcance de cualquiera que tenga un teléfono y un rato libre, y por eso vale la pena entender cómo funciona el asunto para no terminar convertido en un desconocido con tu propia cara.

La movida explota en redes desde hace meses: gente que sube una foto actual y la reversiona con estética ochentera. La lógica es bastante simple y bastante potente a la vez: la persona carga su imagen y le escribe, en lenguaje cotidiano, qué quiere que la herramienta cambie y qué quiere que conserve. Parece magia, pero no lo es: es un modelo entrenado con millones de fotografías de distintas décadas que va reinterpretando la imagen a partir de la descripción que recibe.

La foto de partida manda

Antes de pensar en el prompt, como se llama en la jerga a la indicación de texto, conviene mirar con honestidad la foto que uno va a subir. Para que el resultado no deforme lo que uno quiere cuidar, la imagen tiene que mostrar el rostro con claridad, tener luz suficiente y una resolución razonable. Las fotos borrosas, oscuras o sacadas desde lejos le complican la vida al sistema, que empieza a inventar rasgos donde no los lee con precisión. Una pose de frente o apenas ladeada ayuda a que la herramienta respete la estructura original mientras transforma todo lo demás.

El texto es el verdadero laboratorio

El punto crítico del proceso no está en la foto, sino en lo que uno le escribe al modelo. Si la indicación es vaga, el sistema toma decisiones por su cuenta y suele cambiar cosas que uno no tenía pensado cambiar, sobre todo el rostro, que es justamente lo que uno quiere preservar. Por eso, cualquier prompt que se escriba tiene que tener una cláusula explícita que le pida al modelo mantener la identidad de la persona: rasgos faciales, estructura del rostro, tono de piel y características físicas deben quedar fuera de los cambios. Lo que sí se le puede pedir que modifique son el vestuario, el peinado, el maquillaje, los accesorios y el entorno.

El delicado equilibrio entre época y persona

La promesa es seductora: verse uno mismo atravesando una década que no le tocó vivir, con la ropa, la luz y el aire de esa época. Pero el riesgo está a la vista. Si el prompt no cuida la identidad, el sistema puede devolver una imagen donde uno aparece rejuvenecido, envejecido o directamente transformado en otra persona, que es exactamente lo contrario de lo que se buscaba. Por eso, antes de empezar a probar, conviene tener claro qué es lo que uno está dispuesto a cambiar y qué es lo que no: ahí se juega el resultado.

Al final, lo que vuelve tan potente a estas herramientas es algo muy viejo disfrazado de muy nuevo: la idea de ponerse en la piel de otro sin perder la propia. Por eso, cuando le pidas a la inteligencia artificial que te lleve a una pista de patinaje de 1985, asegurate de decirle, bien clarito, que la cara que vuelva sea la tuya. Que la magia sea solo de época, no de identidad.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

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