La vez que Sylvester Stallone estuvo a punto de colgarse la capa de Batman en un galpón sin dinero
Un director fanático, treinta mil dólares en el bolsillo y dos estrellas enormes que terminaron bajándose del proyecto antes del primer grito de acción.
Me acuerdo de la primera vez que vi Batman: Dead End en una computadora prestada, con auriculares puestos, y me quedó grabada la imagen del Caballero Oscuro enfrentando a un xenomorfo en un callejón cualquiera. Lo que no sabía entonces, y supongo que muchos tampoco, era que detrás de ese corto casero había una historia de locos: Sylvester Stallone había aceptado ponerse el traje del Hombre Murciélago. Y lo había hecho a la luz de una vela, casi sin que nadie se enterara.
Sandy Collora, un director obsesionado con el personaje, se juntó con treinta mil dólares, sin un mango de Warner Bros. en el bolsillo, y armó un cortometraje que mostraba a Batman persiguiendo al Joker tras una fuga del manicomio Arkham, con la mala suerte de que un alienígena y un depredador se metían en la persecusión. La peli se vio en la Comic-Con de 2003 y después dio vueltas por internet como un fantasma simpático. Pero antes de que existiera, hubo una versión que nunca llegó a filmarse y que tenía cara de Rocky Balboa.
Una llamada, una pausa y el sí de Stallone
La conversación está registrada en el documental Behind the Mask: The Batman Dead End Story. Collora le comenta que estaba preparando una pequeña película de Batman, Stallone pregunta si los estudios podrían meter la cuchara y, después de una pausa larga, acepta sumarse. Con ese nombre flotando en el aire, el director se anima a llamar a Mark Hamill, el actor que ya le había puesto la voz al Joker en la serie animada de los años noventa y que muchos recordamos con cariño desde la tele de la abuela. Hamill dice que sí.
Los dos sabían que Collora no tenía los derechos oficiales y el director les pidió que se mantuvieran callados para que Warner no les tirara el proyecto abajo. Todo venía marchando hasta que el equipo fue a la casa de Stallone para una prueba de vestuario. Ahí, en esa reunión, el actor confesó que había puesto al tanto a su gente de confianza. Casi de inmediato confirmó que se bajaba, y Hamill tomó la misma decisión poco después. Del sueño al portazo hubo menos distancia que de Gotham a Blüdhaven.
- Sandy Collora dirigió Batman: Dead End con un presupuesto de 30.000 dólares y sin acuerdo con Warner Bros.
- Stallone había aceptado encarnar a Batman y Hamill iba a ser el Joker, ambos como un favor de palabra.
- El corto se filmó igual con otros actores y se estrenó en la Comic-Con de 2003.
- Años después, Frank Miller propuso a Stallone para una versión madura de El regreso del caballero oscuro y el actor mostró buena predisposición, aunque no pasó de la charla.
La puerta que nunca terminó de cerrarse
Lo más curioso es que Stallone no cerró del todo la puerta al personaje. Años más tarde, cuando el guionista Frank Miller salió a decir públicamente que lo veía justo para una Batman veterano basado en El regreso del caballero oscuro, el actor respondió que se identificaba con la situación del hombre que ya pasó los sesenta y sigue peleando, y que si la energía seguía ahí, podía ser una revelación. No pasó de esas palabras, pero quedó flotando la idea de un Batman con la cara curtida de alguien que ya conoce el sabor de la derrota.
Queda la pregunta del millón que abre cualquier nota de este tipo: ¿habría cambiado algo en la historia del cine de superhéroes si Stallone se hubiera quedado con el traje? Me inclino a pensar que no, porque la historia del género se escribe con grandes presupuestos y no con galpones prestados, pero también me gusta imaginar a ese Batman maduro discutiendo con un xenomorfo en un callejón de provincia, con la voz de Hamill como Joker de fondo. A veces los caminos que no se toman son los que más nos quedan dando vueltas en la cabeza, como una copla que se aprende de memoria sin querer.
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