Rubén Rada se fue dejando una hoja de ruta para los que vienen
El músico uruguayo murió y sus últimas reflexiones sobre Tini, Trueno, Wos y Catriel quedaron como un manual para entender el recambio generacional en la música popular. Un repaso por su mirada sobre el presente, su autocrítica y la advertencia que les dejó a los más jóvenes.
Lo imagino todavía sentado en un sillón, con esa voz ronca que sonaba a tablado del puerto, y me cuesta hacerme la idea de que Rubén Rada se fue. Me lo crucé alguna vez en una comparsa del Barrio Sur, en carnaval, cuando los negros y lubolos todavía terminaban la madrugada con un murga que se metía en el alma, y ahí andaba él, mezclado entre todos, como si fuera uno más. Por eso hoy, mientras la noticia recorre los portales, me quedo pensando en las palabras que dejó en sus últimas entrevistas, esas que hablaban de los pibes que están sonando ahora y que, sin querer, terminaron siendo su legado más fresco.
Los nombres propios que eligió
En los últimos meses, Rada había trazado un mapa de afinidades con figuras de la escena nueva que llamó la atención. Mencionó a Tini, a Trueno, a Wos, a Conociendo Rusia, a Nafta y a Catriel con un entusiasmo que no era protocolo: "Hay un montón de pibes nuevos que son maravillosos, a los cuales quiero mucho", llegó a decir. También tuvo palabras para Ricardo Mollo y para El Plan de la Mariposa, con quienes se juntaba cada vez que iba a Montevideo, y hasta mencionó a otros músicos de la región con los que mantenía un trato cotidiano.
“Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos.”Rubén Rada
La autocrítica y el lugar que se reconocía
Hubo algo que me quedó dando vueltas y que tiene que ver con la franqueza con la que se miró a sí mismo. Rada reconoció que no había alcanzado la masividad de otros colegas de la región y describió su sitio en la música con una mezcla de humor y resignación: "Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público." Esa frase, lejos de ser un lamento, sonaba a una forma de entender el oficio: sabía que su nombre circulaba más en los camarines y en los escenarios ajenos que en las encuestas de fin de año.
- Una celebración explícita de Tini, Trueno, Wos, Conociendo Rusia, Nafta y Catriel como la nueva generación que "está rompiendo".
- Un rechazo frontal a la nostalgia: para él, cada época tiene su propia música y su propio público.
- La experiencia de grabar con un artista de rap y sumar quince millones de reproducciones, según contó, con la aprobación de sus propios nietos.
- Una advertencia dirigida a los que están empezando: "Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree."
- Una autocrítica sobre la falta de masividad y la certeza de que su nombre vivía más entre colegas que entre el público general.
Cuando me pongo a pensar en todo junto, me parece que lo más valioso que dejó no fue un tema puntual sino una manera de pararse frente al cambio. Rubén Rada, el mismo que en los sesenta le cantó a Montevideo con la Mony Reyes, fue el que en el final de sus días se sentó frente a un micrófono y les dijo a los pibes que están rompiendo que el escenario les pertenece, pero que la única manera de sostener una carrera es evolucionar. Y uno, que lo escuchó de chico en la radio y lo vio pasar con su candombe por la calle Ituzaingó, no puede menos que sentir que se fue un maestro sin título, de esos que te marcan el rumbo sin que te des cuenta. Que en la próxima comparsa, cuando suenen los tambores, lo sigan llevando los más jóvenes, que es justo lo que él hubiera querido.
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