Bethany en Varsovia: la duda de Charli XCX entre el vértigo y la mesa servida
La cantante británica se pone al frente de "Erupcja", una película indie de apenas 71 minutos que se filmó en Polonia con cuatro actores acreditados como coguionistas y la distribución de A24. La historia de una mujer a punto de recibir un anillo que no sabe si quiere es, también, un retrato de lo que pasa cuando una elige siempre la intensidad.
Me acomodé en la butaca con la expectativa de quien va a ver a una estrella del pop probando suerte en una pantalla, y terminé saliendo con la sensación de haber visto algo distinto: un objeto chico, de apenas 71 minutos, filmado en Varsovia con la austeridad como bandera y con Charli XCX cargando sobre los hombros una pregunta que a los cuarenta y tantos años nos suele sacudir en silencio. ¿Vale la pena resignar intensidad para construir algo más estable, o la rutina es siempre sinónimo de renuncia? Esa es, ni más ni menos, la pulseada que propone Erupcja, la película dirigida por Pete Ohs que A24 acaba de sumar a su catálogo y que llega a las salas argentinas como una rareza deliberada en tiempos de blockbusters de tres horas.
Una producción que se hizo en colectivo
La película se rodó en Varsovia, Polonia, con un presupuesto que los realizadores describen como mínimo y un método de trabajo que dejó la puerta abierta de par en par a la improvisación. El experimento funcionó tan bien que los cuatro actores principales figuran acreditados como coguionistas junto al propio Ohs, algo que no es un detalle de marketing sino el corazón del proyecto: todo se construyó charlando, ensayando sobre la marcha y dejándose llevar por lo que aparecía en el momento. En una época donde cada plano parece calculado al milímetro, esa libertad se nota, para bien y para mal, en cada secuencia.
Bethany, Nel y Rob: el triángulo que no se resuelve
- Bethany (Charli XCX): una mujer a punto de recibir una propuesta de matrimonio que entra en cortocircuito con su rechazo visceral a la rutina y su costumbre de huir hacia la intensidad.
- Nel: el personaje que representa el descontrol, la noche larga, la descarga emocional sin red. Funciona como imán para todo lo que Bethany cree necesitar.
- Rob: la estabilidad sin sobresaltos, la mesa servida, el vínculo sereno. También, el blanco favorito de los reproches de quien no puede quedarse quieto.
La trama no toma partido por ninguno de los dos mundos y ahí, justamente, está uno de sus mayores aciertos. En lugar de decretar que el vértigo es cool y la estabilidad es aburrida, o al revés, la película se toma su tiempo para mostrar el daño real que el comportamiento de Bethany genera en quienes la rodean. Esa mirada algo incómoda es la que la separa del drama romántico convencional y la que le da un tono propio, con un humor seco que aparece cuando menos se lo espera y que ayuda a digerir algunas escenas de pretensión casi poética, firmadas por un director que no esconde sus referencias al cine independiente norteamericano: narradores en off, imágenes con tratamientos cromáticos distintos, diálogos construidos desde la imperfección.
Varsovia como espejo
Que la historia se cuente en Varsovia no es un capricho de producción ni una postal turística. La ciudad, con sus contrastes entre edificios grises y zonas en plena transformación, funciona como comentario implícito de las contradicciones de la protagonista: lo viejo y lo nuevo conviviendo a los empujones, la tradición pesando y lamodernidad avanzando sin pedir permiso. Esa elección de locación termina operando como un personaje más, algo que se nota incluso para quien nunca pisó Polonia, porque el marco urbano respira al ritmo de Bethany.
Charli XCX, entre el escenario y el set
Para la cantante británica, Erupcja no es un capricho ni una bajada de línea artística desde el podio del pop: es un paso más dentro de una trayectoria cinematográfica que viene construyendo hace rato, en proyectos alejados del circuito de grandes presupuestos. Entre sus antecedentes figura un trabajo con el director japonés Takashi Miike, un nombre que ya marca un camino estético bien definido. La película llega además después del fenómeno mundial de su disco Brat, y confirma una movida que muchos de sus fans sospechaban: a Charli XCX le interesa lo que pasa afuera del formato comercial tanto como lo que pasa arriba de un escenario. El personaje de Bethany le calza como anillo al dedo, justamente, porque pone en escena esa misma tensión entre el deseo de intensidad permanente y el costo emocional de no poder apagarse nunca.
Ahora bien, también hay que decirlo con honestidad: 71 minutos no alcanza para desarrollar todos los matices que el guion propone. Algunas aristas del triángulo quedan más esbozadas que profundizadas, y la sensación de estar frente a un boceto cinematográfico más que ante una obra terminada es real. Aun así, la película sostiene un tono propio, no pide disculpas por su naturaleza indie y deja flotando una pregunta que, como buen copla del fin de semana, se sigue cantando en la cabeza mucho después de que se apagó la pantalla: a veces lo más revolucionario no es prenderse fuego, sino aprender a sentarse a la mesa sin mirar la puerta.
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