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VIE, 28 AGO 2026
Vida

Poner límites a los hijos no es autoritarismo: especialistas explican por qué la ausencia de normas también hace daño

Psicólogas consultadas coinciden en que la autoridad bien ejercida convive con el diálogo y la escucha, y que la permisividad absoluta deja a los chicos sin herramientas para tolerar la frustración y regular sus emociones.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 3 min

Lo que durante años se discutió en las mesas familiares como un contrapunto entre diálogo y autoridad empieza a encontrar un punto de equilibrio en la voz de las especialistas en crianza. La conversación que muchas familias argentinas abrieron en las últimas décadas —en la que ceder a los pedidos de los hijos se asocia con respetar, y sostener un límite se confunde con autoritarismo— dejó al descubierto un fenómeno que preocupa a los gabinetes de psicología infantojuvenil: chicos que crecen sin herramientas para tolerar la frustración, regular sus emociones o reconocer una figura de referencia. La psicóloga Ivana Raschkovan, autora del libro Infancias respetadas, lo resume en una idea que recorre toda la conversación: conversar no quita autoridad, al contrario, y la pérdida de autoridad aparece cuando el adulto le teme al conflicto y termina moviendo el límite para evitar un berrinche.

La confusión entre autoridad y autoritarismo

Para Raschkovan la diferencia es nítida y se vuelve urgente de explicar en cada consulta. El autoritarismo, señala, es un abuso de poder, y respetar a niños y adolescentes no equivale a dejarlos hacer lo que quieran, porque el respeto está en el buen trato y no en la ausencia de normas. La psicóloga Deborah Bellota coincide en el diagnóstico cuando describe a los padres permisivos como figuras extremadamente afectuosas que evitan poner límites por miedo a que el hijo se enoje con ellos, una dinámica que puede alimentar la autoestima en lo inmediato pero que, a la larga, deja a los chicos con baja tolerancia a la frustración y dificultades para autorregularse.

Los tres estilos de crianza que ordenan la discusión

  • Autoritario: reglas rígidas con poca escucha, asociado a la obediencia sin diálogo.
  • Permisivo: mucho afecto pero escasos límites, con riesgo de chicos que no aprenden a tolerar la frustración.
  • Democrático o autoritativo: normas claras sostenidas con diálogo y contención afectiva, considerado por la mayoría de los especialistas como el punto de equilibrio.

La clasificación, que la psicóloga Diana Baumrind describió en los años sesenta, sigue siendo la referencia para pensar la crianza, y vuelve a aparecer en cada nota con especialistas porque ordena un debate que, de otro modo, se vuelve puramente emocional. Lo que el estilo democrático propone es algo tan sencillo de enunciar como difícil de sostener en el día a día: combinar normas firmes con presencia afectiva, algo que las especialistas describen como ejercer autoridad sin violencia y sostener el no cuando corresponde, incluso cuando el chico protesta.

El límite como forma de cuidado

Para Raschkovan, los límites son una forma de cuidado y resultan indispensables para aprender a vivir en sociedad, porque la vida misma ya presenta dosis diarias de frustración que los chicos atraviesan en casa antes de enfrentar el mundo. Hay que ir a dormir aunque quieran seguir jugando, no se puede almorzar caramelos, hay que dar la mano para cruzar la calle, enumera, y aclara que esas pequeñas frustraciones cotidianas van construyendo la tolerancia a la frustración con el correr de los años, una capacidad que no aparece de forma espontánea sino que se aprende, y que necesita de un no sostenido en un entorno seguro para que el chico pueda después procesar situaciones difíciles fuera de la casa.

Bellota, por su parte, insiste en que el trabajo del adulto no termina cuando dice no y que, después de poner un límite, lo que sigue es acompañar, explicar y contener, porque el límite sin afecto se vuelve un grito más y el afecto sin límite se vuelve un vacío. Las dos especialistas consultadas cierran sus intervenciones con un mensaje que comparten sin ponerse de acuerdo en todo lo demás: poner límites no es autoritarismo, es una de las formas más concretas de cuidar a un hijo, y la sociedad le debe a las infancias la seriedad de discutirlo sin convertirlo en bandera de ninguna cruzada. Lo que la comunidad de especialistas en crianza pidió textualmente, en definitiva, es que se respete a los chicos sin confundir respeto con ausencia de normas, y que se ejerza la autoridad con presencia y sin violencia, porque solo así el diálogo deja de ser una concesión y se convierte en una herramienta de cuidado.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

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