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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Leuco y Sofi Martínez frente a frente: ocho años después, entre silencios en redes y mensajes borrados a último momento

La expareja de periodistas se sometió a un cuestionario cruzado en vivo y dejó frases que ya están dando vueltas en la conversación de redes: la extrañanza confesada, el silenciamiento del mismo día de la ruptura y la decisión de borrar mensajes antes de mandarlos.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · · lectura 5 min
Leuco y Sofi Martínez frente a frente: ocho años después, entre silencios en redes y mensajes borrados a último momento

Me quedé mirando la pantalla con esa mezcla de incomodidad y ternura que producen los reencuentros televisivos entre ex parejas. Es que uno sabe que lo que está viendo es, en buena medida, una puesta en escena, pero también intuye que algo de verdad se cuela entre las risas nerviosas y las respuestas medidas. Eso me pasó con el cruce que protagonizaron Diego Leuco y Sofi Martínez en un programa de entretenimiento, los dos sentados, uno frente al otro, contestando preguntas que cualquier madre, cualquier abuelo, cualquier amiga del barrio se animaría a hacer después de tomar unos mates. La diferencia es que la respuesta la dieron ellos dos, en público, y sin redactor de discurso.

Hay que ubicarse: los dos son periodistas, ambos pasaron por la misma señal, compartieron pantalla en proyectos comunes y formaron una de las parejas más comentadas del mundo de los medios argentinos durante casi una década. El vínculo se rompió en 2024, después de ocho años que ellos mismos reconocen como intensos y, por lo que se vio en el aire, atravesados por rutinas muy fuertes. El segmento al que me refiero fue, en esencia, un interrogatorio amigable: un conductor mediador les acercó preguntas específicas y ellos tuvieron que contestarse mutuamente sin demasiado margen para el desvío.

El mismo día de la ruptura, silenciado

Lo primero que llamó mi atención fue la cuestión de las redes sociales, porque a mí, como a muchos lectores y lectoras de entre cuarenta y sesenta años, eso me parece el termómetro más fiable del estado emocional de cualquiera. Martínez fue terminante: el día que se separaron lo silenció, y hasta hoy no volvió a habilitarlo en su cuenta. Lo dijo casi como si fuera un dato técnico, pero con una precisión que duele. "Era mejor silenciarte que eliminarte", soltó, como quien describe la diferencia entre archivar una caja y tirarla a la calle. Es una frase chica que dice mucho: hay un lugar donde él sigue existiendo, solo que apartado del feed, como un mueble que no se tira ni se usa.

Leuco, por su parte, asumió la incomodidad de seguir bloqueado y sumó una confesión que es de las más reveladoras de la noche: contó que escribió mensajes para ella cientos de veces y los borró antes de enviarlos. "Millones de veces le escribí y después los borré. Yo soy de escribir largo", dijo, y ella, lejos de indignarse, respondió entre risas que efectivamente tiene talento para la redacción de mensajes extensos. Hay algo muy humano en esa imagen: el periodista profesional, acostumbrado a hablar y a publicar, tipeando en el teléfono, dudando, borrando, volviendo a empezar. Es el reverso exacto del personaje público: el hombre que no se anima a mandar lo que siente.

“Muchas veces, sí. Más veces sí que no.”Diego Leuco, al ser consultado sobre si todavía la extraña en el plano sentimental

Una solución intermedia con las fotos y la elección del día para borrar

  • Redes: Martínez silenció a Leuco el mismo día de la ruptura y mantiene esa configuración hasta hoy, en lugar de eliminarlo.
  • Mensajes: él reconoció haber escrito y borrado cientos de mensajes antes de enviarlos, y describió un estilo de escritura largo.
  • Recuerdos: ella no borró las fotos compartidas, pero configuró su teléfono de modo que la cara de él no aparezca en los recuerdos automáticos.
  • Rutina: él extrañó específicamente la energía que ella tiene los fines de semana, una diferencia cotidiana que, según dijo, ahora nota más.
  • Cierre: Leuco eligió como día para eliminar el de la separación y sostuvo que "no hubo días tristes en nuestra relación" fuera de ese.

Otro punto que me pareció honesto fue el de los recuerdos materiales. Martínez contó que no eliminó las fotografías compartidas, pero apeló a una solución intermedia que a esta altura suena muy de época: ajustar la configuración del teléfono para que el sistema no le devuelva la cara del ex en los recuerdos automáticos. Es un gesto pequeño, casi doméstico, que revela una manera de querer y de soltar al mismo tiempo. No se borra nada, pero se organiza la intimidad para que no duela cada vez que la pantalla se enciende.

Cuando el conductor le preguntó qué día eliminaría si pudiera, Leuco no dudó demasiado: eligió el de la separación. Y lo justificó con una frase que, si uno la desarma, dice bastante: "No hubo días tristes en nuestra relación, pero eliminaría ese." Es decir, asume que el vínculo fue, en su mayoría, un buen viaje, y al mismo tiempo reconoce que el último paso dejó una marca que prefiere no repasar. Es una manera de cuidar lo vivido sin dejarse devorar por el final.

Reencuentros en pantalla: cierre o nuevo capítulo

Me pregunto, como seguramente se preguntará más de una abuela mirando el living mientras se toma el té de las cinco, si este tipo de cruces hacen bien o hacen ruido. Hay una lectura edulcorada, que dice que son una forma madura de cerrar etapas, demostrar que no quedó rencor y hasta celebrar lo bueno. Y hay otra, más desconfiada, que entiende que exponer ocho años de intimidad delante de cámaras es, en el fondo, una manera de seguir hablando del otro sin tener que llamarlo. Las dos tienen su cuota de razón. Lo que no se puede negar es que, en este caso, Leuco y Martínez contestaron con un nivel de franqueza poco habitual: él dijo que la extraña "más veces sí que no", ella explicó por qué eligió silenciarlo en lugar de bloquearlo del todo, los dos hablaron de mensajes borrados y de fotos archivadas.

A mí, personalmente, lo que más me quedó dando vueltas es la imagen de los mensajes escritos y borrados. Es la postal más humana de toda la noche: alguien que sabe escribir, que vive de las palabras, que escribe largo, que se sienta frente al teclado y no se anima a mandar lo que siente. Es una escena que se repite en miles de casas argentinas sin cámaras y sin público, y por eso, justamente, fue la más verdadera. Si esto fue un cierre o una nueva manera de mantener abierto el diálogo, no lo sé. Pero lo que vi fue a dos personas grandes hablando de un amor que todavía pesa, con la prudencia de quien sabe que cada palabra dicha en vivo después se vuelve título de portal. Y en ese equilibrio raro entre lo público y lo íntimo, se les notó, al menos, que se trataban con cuidado. Que en estos temas, a veces, es la mejor manera de quererse.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

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