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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Las cinco zonas azules del planeta y las claves que comparten quienes más viven según el cardiólogo Jorge Tartaglione

Fe, movimiento cotidiano, alimentación sin ultraprocesados y un propósito diario son los denominadores comunes que el médico encontró en Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa, donde la expectativa de vida supera ampliamente la media mundial.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 3 min
Las cinco zonas azules del planeta y las claves que comparten quienes más viven según el cardiólogo Jorge Tartaglione

Soy Nadia Cussi y en esta nota de Sociedad y pueblos originarios me propongo compartir lo que dejó al aire el cardiólogo Jorge Tartaglione cuando repasó las cinco comunidades del mundo donde la gente vive más y mejor, y que suelen llamarse zonas azules: Loma Linda, en California; la zona norte de Costa Rica; la isla de Icaria, en Grecia; Cerdeña, en Italia; y Okinawa, en Japón. La pregunta que ordena su análisis es tan simple como incómoda: si la expectativa de vida varía tanto de un lugar a otro, qué hacen distinto quienes más años suman sin que la enfermedad los acompañe.

El punto de partida del cardiólogo es casi una provocación para quienes cargamos el árbol genealógico como excusa: la genética explica apenas el 25 por ciento de cuánto vivimos. El 75 por ciento restante lo definimos nosotros, con decisiones cotidianas que se repiten durante décadas. Y aunque a los 55 o 56 años muchos sienten que ya es tarde para cambiar, el especialista sostuvo que en esa franja etaria la probabilidad de sumar entre 20 y 25 años más de vida sin enfermedad sigue siendo alta, siempre que se adopten ciertos hábitos. Definimos nosotros el 75, insistió Tartaglione, y esa frase ordena todo lo que vino después.

Los cinco parajes donde la gente vive más y qué hace cada comunidad

  • Loma Linda, California: comunidad predominantemente religiosa; la fe marcaría una diferencia de hasta diez años en la expectativa de vida respecto de la media.
  • Zona norte de Costa Rica: consumo habitual de frutas tropicales y un ritmo de vida tranquilo, con habitantes que superan los 80 años.
  • Icaria, Grecia: la geografía de la isla, con subidas y bajadas pronunciadas, obliga a caminar de manera constante a lo largo del día.
  • Cerdeña, Italia: dieta basada en lo que la tierra produce de forma natural, sin conservantes ni aditivos.
  • Okinawa, Japón: concepto de propósito diario que estructura la vida de sus habitantes, incluso pasados los 90 años.
“Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre. Con esa expresión apuntó a los alimentos frescos, sin conservantes ni aditivos, en contraposición a los ultraprocesados.”Jorge Tartaglione, cardiólogo

Sobre Okinawa el médico fue especialmente gráfico al describir lo que él llamó propósito diario, y que conviene aclarar porque suele malinterpretarse: no significa que haya que encarar algo enorme, sino algo tan chico como tomarse un mate con una amiga, salir a caminar o sacar a pasar al perro. Todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo, resumió Tartaglione, y mencionó personas de 90 años que se levantan a bailar, cantar o tocar música como ejemplo de que esa motivación no se jubila con el cuerpo.

Cuando se cruzan las cinco experiencias aparece un patrón que me parece valioso poner en negro sobre blanco, porque ninguno de esos hábitos pide recursos extraordinarios ni condiciones excepcionales: movimiento físico integrado al día y no concentrado en una hora de gimnasio; alimentación lo más natural posible y alejada de los ultraprocesados; vínculos sociales activos, incluso dentro de una fe compartida; y algún tipo de motivación, religiosa o cotidiana, que organice la jornada. La comunidad de Loma Linda lo resume en la oración, los vecinos de Icaria lo resumen en la pendiente de la calle, los sardos lo resumen en lo que cosechan, y los okinawenses lo resumen en tener algo por qué levantarse.

Me quedo pensando, mientras escribo, que la gran noticia de este recorrido es que la longevidad no es un premio reservado a unos pocos afortunados con buenos genes, sino una construcción diaria y bastante modesta. Y esa es, quizá, la clave más potente de las cinco que Tartaglione puso sobre la mesa: que sumar años con buena salud no requiere mudarse a una isla griega ni convertirse en monje en California, sino animarse a replicar, en cualquier rincón, los pequeños acuerdos que esas comunidades firmaron hace generaciones con su propia vida.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

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