La última pieza del universo villano de Spider-Man encontró refugio en el streaming
La película de Aaron Taylor-Johnson, que en cines no alcanzó a cubrir su presupuesto, trepó al primer puesto del ranking de Netflix España y reabrió el debate sobre el destino de los superproducciones pensadas para las salas.
Te confieso algo: me pasé años esquivando las películas de villanos de Spider-Man que Sony fue encadenando una tras otra, y cuando por fin le di play a Kraven the Hunter un domingo a la tarde, lo hice con la sensación de estar cerrando un ciclo que muchos cinéfilos ya daban por terminado. Era como volver a entrar al patio de la casa de la abuela después de una tormenta, con los árboles todavía goteando: la historia estaba ordenada, pero el aire había cambiado. Esa película, que en su momento se pensó como un blockbuster de verano con todas las luces, hoy vive una segunda vida mucho más silenciosa, desde el sillón y con el control remoto, y eso me parece un dato que vale la pena mirar con detenimiento.
La aventura protagonizada por Aaron Taylor-Johnson acaba de ubicarse en lo más alto del ranking de películas de Netflix España, según el relevamiento del catálogo de la plataforma para ese país. Es un movimiento curioso, porque la misma producción que en las salas de cine había quedado lejos de cubrir su inversión termina encontrando una masa enorme de espectadores del otro lado de la pantalla. Para dimensionar el contraste alcanza con recordar que Kraven the Hunter se hizo con un presupuesto de 110 millones de dólares y apenas reunió 62 millones en la taquilla mundial. La diferencia entre lo que costó y lo que recaudó es, de hecho, la más pronunciada entre todas las cintas del Universo de Villanos de Spider-Man que Sony armó en los últimos años.
La última ficha de un proyecto que Sony ya dio por cerrado
Para ubicarnos, vale repasar de qué hablamos cuando hablamos de esta película. Kraven the Hunter fue la entrega que cerró la saga derivada de Spider-Man que Sony construyó alrededor de los enemigos del hombre araña, una línea que también incluyó a Morbius, con Jared Leto, y a Madame Web, con Dakota Johnson. La idea original era armar un entramado propio, sin necesidad de atar todo a Tom Holland, y durante un tiempo pareció que el plan iba a funcionar. La recaudación global terminó por desinflar esa apuesta, y hoy la cinta de Taylor-Johnson oficia de pieza final de un rompecabezas que el estudio ya archivó. Que ahora reviva en streaming, al menos en España, no cambia ese diagnóstico, pero sí le da a la película un lugar en la conversación que en las salas no había conseguido.
- Presupuesto de producción: 110 millones de dólares.
- Recaudación mundial en cines: 62 millones de dólares.
- Posición en Netflix España: número uno del ranking de películas al momento del relevamiento.
- Rol dentro de la franquicia: cierre del Universo de Villanos de Spider-Man que Sony desarrolló en paralelo a las cintas de Tom Holland.
- Protagonista: Aaron Taylor-Johnson, en el papel de Sergei Kravinoff, el cazador con poderes sobrehumanos.
A mí lo que más me interesa de esta noticia no es el número uno en sí, sino la radiografía que deja. Una superproducción de acción, pensada para verse en pantalla grande, con escenas pensadas para explotar el sonido envolvente y el 3D, termina su recorrido compitiendo con series y documentales en un menú al que se accede con la suscripción ya paga. Es el camino inverso al de los grandes eventos cinematográficos, y a la vez una señal de cómo se redefine la frontera entre cine y plataforma. Para los lectores de entre 40 y 60 años que crecieron eligiendo película en el videoclub del barrio o haciendo fila en la platea del centro, ver que un estreno de estas características se reencuentra con su público en el living de cada casa es, en el fondo, una manera más de entender cómo nos contamos las historias hoy.
Dos ventanas, dos públicos, una misma película
Conviene separar las dos lecturas para no mezclar peras con manzanas. La cifra de 62 millones de dólares corresponde a la taquilla global en salas, donde Kraven the Hunter compitió contra otros estrenos y contra el propio desgaste de un público que ya había visto Morbius y Madame Web sin mayor entusiasmo. El primer puesto en Netflix España, en cambio, habla de un ranking interno, dentro de un catálogo acotado y para suscriptores que ya pagan el servicio. Son arenas distintas, con reglas distintas, y compararlas como si fueran lo mismo sería injusto tanto con la película como con la plataforma. Lo que sí es legítimo es preguntarse por qué un título que no logró conectar en cines aparece ahora encabezando la lista en uno de los mercados más activos del mundo hispanohablante.
Mientras leía el reporte no pude evitar pensar en lo que decía mi vecina Marta cada vez que le recomendaba una película de superhéroes: Yo no voy al cine a gastarme una fortuna, si sale buena la veo después en la tele. Marta tiene 58 años, dos nietas que la entretienen y una suscripción a Netflix a la que le saca el jugo todas las noches. Para ella, una historia como la de Kraven no es un fracaso, sino una promesa cumplida: tarde, más barata, pero finalmente vista. Y cuando una producción tan cara y tan pensada para el espectáculo encuentra a esa Marta, a su nieto adolescente y al abuelo que se duerme en el sillón, algo del dinero invertido termina justificándose, aunque las hojas de cálculo digan otra cosa.
La pregunta que me queda dando vueltas es si este tipo de revivals en streaming cambiará la forma en que los grandes estudios encaran sus apuestas. Por ahora, Kraven the Hunter sigue siendo la última ficha de un proyecto que Sony ya dio por terminado, y su paso por Netflix España parece más un consuelo póstumo que un comienzo. Pero también es cierto que las películas, como las canciones de la comparsa del pueblo, terminan encontrando la comparsa que las quiere bailar, aunque sea a varios meses del carnaval. Y a veces, esa segunda vuelta es la que termina dejando la huella más honda en la memoria de los que miran.
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