La sopa de coliflor con trozos que te salva el invierno sin necesidad de crema ni licuadora
Una variante rústica y con cuerpo que conserva los ramilletes enteros, se aromatiza con pimentón dulce y se arma en 15 minutos. Ideal para los que quieren algo calentito sin complicarse la vida.
Acá va una confesión: durante años creí que la sopa de coliflor era, a lo sumo, un trámite culinario. Esa crema blanquecina, lisa como monopatín, que aparece en los menúes light y nunca emociona a nadie. Hasta que apareció esta versión en trozos, que es otra cosa: los ramilletes enteros, el caldo con personalidad y una cuchara que trabaja de verdad. No es la crema hippie que todos conocen. Es su hermana ruda.
Por qué esta sopa es distinta (y por qué conviene)
La diferencia con la crema clásica es bien concreta: acá la verdura no se procesa ni se tritura. Los ramilletes se cortan en porciones generosas y se cocinan así, enteros o casi enteros, dentro de un caldo que los aromatiza sin convertirlos en puré. El resultado es un plato con cuerpo, donde cada cucharada tiene textura propia y el líquido no termina diluyendo todo en un fondo anónimo.
La preparación, paso a paso y sin misterios
- Picar una cebolla en cubos chicos y separar los ramilletes de coliflor después de sacarles las hojas externas.
- Dorar la cebolla en una olla con aceite de oliva, a fuego medio, hasta que quede transparente. Ahí va sal, pimienta y pimentón dulce, que se tuesta unos segundos antes de sumar la coliflor.
- Rehogar un par de minutos y agregar caldo de verduras sin llegar a cubrir la verdura por completo. La cocción a fuego medio dura alrededor de 15 minutos.
- Servir con cuchara grande, porque la textura pide ese tamaño de utensilio.
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