La noche que Fito se plantó en el Polideportivo y le habló de igual a igual a la seguridad
El cantante rosarino frenó su show en Mar del Plata para defender al público que quería levantarse a bailar. La explicación de la producción, las quejas que llegaron después y la pregunta que queda dando vueltas.
Te lo cuento como lo viví desde la platea, con el runrún del Polideportivo Islas Malvinas todavía zumbando en la cabeza. Fito Páez llevaba un rato regalando canciones en Mar del Plata cuando, de golpe, bajó el clima musical y subió el clima humano. El rosarino frenó la interpretación, se acercó al micrófono con el ceño duro y empezó a hablarle, casi de igual a igual, al personal de seguridad que cuidaba las vallas. Lo que vio no le cerró: gente a la que, según su mirada, estaban obligando a quedarse sentada en vez de dejarla disfrutar el recital como se disfruta un show de Fito, o sea, de pie y con el corazón en la garganta.
La escena fue breve pero contundente. "No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente", tiró Páez desde el escenario, con ese tono que mezcla el fastidio del artista y la preocupación del tipo común. Y remató con un pedido que sonó a consejo de barrio más que a star del pop argentino: le dijo al público que no se dejara "avasallar". Lo dijo él, que sabe lo que es parar un show cuando algo le hierve por dentro, como aquella vez en el Monumental o cuando le cantó a Abuelas de Plaza de Mayo en plena dictadura. Es el Fito que no se calla.
Qué pasó en las filas del Polideportivo
El show tenía localidades numeradas y sectores con precios distintos. La idea, explican desde la producción, era simple: cada uno en el lugar que había comprado, ni más cerca ni más lejos, para que nadie se sintiera avasallado por el de atrás ni se quedara con las ganas de ver bien al artista. El problema fue cómo se aplicó esa idea en la práctica. La consigna del operativo era impedir que los espectadores dejaran sus filas para ocupar lugares más cercanos al escenario, algo lógico en cualquier estadio con butacas asignadas. Pero, al menos en algunos sectores, la orden se tradujo en pedirles a la gente que se quedara sentada, como si fuera un teatro y no un recital de rock.
“La tarea tenía que permitir que cada persona se levantara y bailara en la localidad que había comprado. Algunos lo entendieron al revés.”Producción del recital
Las quejas que llegaron después del show
- Asistentes que se quejaron porque la gente de atrás se les venía encima y no podían ver nada.
- Espectadores molestos con la reacción del músico y con la interrupción del concierto.
- Otros que respaldaron a Páez y pidieron que la seguridad no tocara a nadie.
- Mensajes que llegaron a la producción pidiendo que se respete la butaca comprada.
La palabra de Fito en frío
Pasado el vértigo del show, ya con la adrenalina bajando, Páez volvió a la carga pero esta vez desde sus redes sociales. Aclaró algo importante: el personal de seguridad que cuestionó no había sido contratado por su equipo ni por sus representantes. Y, lejos de desdecirse, redobló la apuesta: "Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre", escribió, dejando en claro que para él lo que vio no se perdona con un comunicado. Mientras tanto, el concierto siguió sin más incidentes vinculados con la seguridad, según contaron los organizadores. Y acá aparece la pregunta del millón, la que sobrevuela cada recital con butacas numeradas de la Argentina: ¿cómo se organiza un público para que todos puedan pararse a bailar sin que el de atrás se sienta robado? Porque, como dice cualquier abuela murguera cuando el corso se desordena, el carnaval se goza de pie, pero se goza mejor si nadie pisa al comparsa del costado.
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