La mora de las familias se mantiene en niveles críticos y casi duplica la marca de hace un año
El incumplimiento en el pago de créditos al consumidor llegó a 12,81% en agosto y se posiciona entre los registros más altos de los últimos veinte años. Un relevamiento privado advierte que más de la cuarta parte de quienes tomaron un préstamo lo destinó a comprar alimentos.
El índice de mora de las familias en el sistema financiero cerró agosto en 12,81%, apenas 0,13 puntos porcentuales por debajo de la marca de julio, que había alcanzado 12,94%. En la comparación interanual, el indicador prácticamente se duplicó: un año antes se ubicaba en 6,6%, lo que representa un salto de 6,21 puntos en doce meses. Se trata de uno de los niveles más elevados de las últimas dos décadas para el crédito al consumo.
Vamos a los números: cómo se reparte la irregularidad
El comportamiento de la mora mostró trayectorias distintas según el tipo de deudor. En el segmento de empresas, la irregularidad se ubicó en 3,8% en agosto, con un aumento de 0,18 puntos respecto de julio. El ratio total de irregularidad del crédito al sector privado (familias más compañías) quedó en 7,75%, prácticamente sin cambios frente al 7,73% del mes previo. La comparación con agosto del año pasado, cuando ese indicador global era considerablemente menor, muestra que el deterioro se concentró en las carteras de consumo y no en las comerciales.
“Se tocó el pico de la mora y nosotros la vemos bajando. Este año no va a bajar sustancialmente. Va a bajar muy de a poco, y va a terminar en un número más alto del que empezó.”Fabián Kon, CEO del Grupo Galicia
Los destinos del préstamo: consumo básico antes que inversión
- El 26% de quienes tomaron un crédito lo usó principalmente para comprar alimentos.
- El 21% lo destinó a gastos cotidianos del hogar.
- El 15% lo aplicó al pago de servicios, impuestos u otras obligaciones.
- El 14% recurrió al financiamiento para cancelar otras deudas.
La fotografía del uso del crédito muestra un cuadro de emergencia: el endeudamiento se convirtió, en buena parte, en un mecanismo para sostener la subsistencia. El relevamiento de la Fundación Pensar revela que en los sectores de menores ingresos el atraso en los pagos alcanza al 72% de los deudores, mientras que en la franja de mayores ingresos el indicador se reduce al 30%. La brecha entre ambos extremos quintuplica la distancia que existía antes del proceso inflacionario.
En el canal minorista, el cuadro se vuelve todavía más agudo. Según un análisis de la consultora EcoGo sobre la Central de Deudores del BCRA y estadísticas del INDEC, en agosto el 44,8% de los créditos otorgados por supermercados y cadenas de electrodomésticos estaba en situación irregular, casi el doble del 23,3% que registraba en el mismo mes del año pasado. La duplicación del ratio en doce meses refleja que la mora dejó de ser un fenómeno concentrado en las entidades bancarias tradicionales y se extendió con fuerza al financiamiento que otorgan directamente los comercios.
En ese contexto, la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires llevará adelante el próximo martes un operativo gratuito de asesoramiento en clubes y centros barriales. Los especialistas atenderán consultas sobre endeudamiento, morosidad y finanzas personales en el Club Giuffra, ubicado en Perú 1243, en el barrio porteño de San Telmo. La iniciativa se enmarca en una serie de jornadas que la casa de estudios viene realizando en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires, con el objetivo de acercar herramientas concretas a familias que atraviesan dificultades para cumplir con sus compromisos mensuales.
A pesar de que las entidades del sistema financiero coinciden en que el pico del ciclo de mora ya quedó atrás, los datos disponibles describen un piso elevado, con una proporción significativa de hogares que destinan sus ingresos a refinanciar deudas previas en lugar de construir ahorro. La pregunta que deja picando este cuadro es si la baja gradual que anticipan los operadores alcanzará, en los próximos meses, a las familias que hoy financian su comida con tarjeta. ¿Hasta cuándo podrá sostenerse un esquema en el que el alimento se paga con deuda?
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