La despedida íntima de Jimena: la carta que le escribió al padre al que ya no puede abrazar
Dos días después de la muerte de Fernando Confessore, su hija menor publicó en Instagram un texto crudo, sentido y directo, donde contó cómo vivió las maniobras de reanimación y le prometió a sus hermanas que va a cuidar de la madre.
A veces uno se entera de las despedidas más profundas por una pantalla de teléfono, y se queda con el corazón en la garganta. Me pasó leyendo la carta que Jimena, la hija menor de Fernando Confessore, publicó en su cuenta de Instagram el domingo a la noche, apenas dos días después de que su padre falleciera de un paro cardíaco en su casa, en la madrugada del viernes 16 de octubre. Tenía 58 años, y la noticia cayó como un baldazo de agua fría en el ambiente del meteorólogo de Canal 13 al que tantos argentinos vimos crecer en la pantalla.
La carta arrancó con una confesión que duele: tardó en escribirla porque todavía no podía creer lo que había pasado, no caía en que era real, en que se había ido. Y a partir de ahí, Jimena fue armando, párrafo tras párrafo, un mosaico de recuerdos pequeños y enormes, los que se tejen cuando alguien se va para siempre. El meteorólogo había sufrido un paro cardíaco en su domicilio y, según pudo reconstruir la familia, su esposa Paula Franco llamó al 911. El personal del SAME llegó al lugar e intentó reanimarlo con maniobras de RCP, pero no hubo caso.
El momento en que los médicos intentaban traerlo de vuelta
Hay un fragmento de la carta que me parece el más desgarrador, y también el más honesto. Jimena contó con nombre y apellido lo que se siente cuando un padre no despierta. Mientras los médicos y los policías lo asistían, yo tenía la fe en que ibas a volver, en que todo iba a estar bien, escribió. Pero no despertaste, y fue ahí cuando todo mi mundo se derrumbó. Esa es la frase que describe, sin adornos, lo que es pararse al lado de una camilla esperando un milagro que no llega.
“Mientras los médicos y los policías te asistían, yo tenía la fe en que ibas a volver, en que todo iba a estar bien. Pero no despertaste, y fue ahí cuando todo mi mundo se derrumbó.”Jimena Confessore, en la carta publicada en Instagram
Lo que más me llamó la atención es que la carta no se quedó en el dolor. Jimena hizo un inventario de las cosas de su papá que va a extrañar, y lo enumeró casi como un pedido a memoria: tu humor, tus enojos, tus locuras, tus comidas, tus quejas, tus asados... TODO, y no hay nada que pueda llenar el vacío que dejaste. Esa lista, escrita con mayúsculas y con puntos suspensivos, suena a alguien que todavía está ordenando los recuerdos en una mesa, uno por uno, para no perder ninguno.
La carta también fue un reconocimiento para Paula, la esposa, y para las otras dos hermanas, Julieta y Candela, que completan la familia. Fuiste el mejor que nos pudo tocar, le escribió Jimena a su padre. Diste todo por nosotras, no solo por Juli, Cande y por mí, sino también por mamá, el amor de tu vida. Y hacia el final del texto, la hija menor les dejó a sus hermanas un compromiso que suena a pacto entre tres: quedate tranquilo, pa, que nosotras vamos a cuidar de mamá por vos. Esas palabras, simples y directas, son las que más pesan en toda la carta.
El cierre ya es un lamento que se repite en muchas despedidas: te voy a amar eternamente, pa, gracias por todo lo que nos diste, por todo lo que fuiste y por haber sido mi papá. Ojalá pudiera abrazarte una vez más y decirte cuánto te amo. Y la última línea, dicha como una sentencia, te voy a extrañar toda la vida. Julieta y Candela también dejaron sus palabras en la misma publicación, y entre los miles de comentarios se mezclaron los de colegas del meteorólogo, amigos de toda la vida y gente que lo vio crecer en la pantalla y que, de alguna manera, también se quedó sin su parte.
Uno cierra el teléfono y se queda pensando en algo que decía una abuela del norte cuando se le iba alguien muy querido: que los muertos no se van del todo mientras alguien los nombre. A Confessore lo vamos a nombrar mucho tiempo, en los partes del tiempo, en las anécdotas de los colegas, en la mesa de los domingos. Pero esta vez, el nombre más sentido, el más justo, el que más le va a doler y más le va a gustar al mismo tiempo, se lo dijo su hija Jimena en una carta abierta, con fotos viejas y con la verdad de una nena que todavía no cae en que su papá no va a volver. Hasta que vuelva, en algún lado, cada vez que alguien pronuncie el suyo.
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