Jujuy On  Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 0,00%Dólar MEP $1.539,90 -0,14%Riesgo país 509 pb -1,55%
VIE, 28 AGO 2026
Entretenimiento

El último blues del Rada: Montevideo cantó al cielo para despedir a su negro más luminoso

El Palacio Legislativo abrió sus puertas de par en par y durante siete horas la gente desfiló al ritmo del candombe. Músicos argentinos, el presidente Orsi y miles de fans le dieron el adiós al compositor que murió a los 83 años tras un mes de internación. El viernes, el cortejo partirá desde Palermo hacia el Cementerio del Norte.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 6 min

Todavía no eran las dos de la tarde y ya se notaba ese murmullo espeso que se arma cuando una ciudad se pone de luto, pero sin resignarse del todo. La Avenida del Libertador, esa arteria ancha que corta Montevideo como una cicatriz luminosa, tenía gente apoyada contra las columnas del Palacio Legislativo desde mucho antes de que el reloj marcara las 14.00. Algunos llevaban claveles blancos en el bolsillo, otros en la mano, y todos, sin ponerse de acuerdo, parecían saber que iban a despedir a alguien que les había enseñado a pasarla bien aun cuando la vida les daba la espalda. Rubén Rada, el negro Rada, el que le puso swing al candombe y le puso candombe al rock, se había ido el miércoles 26 de agosto a los 83 años, después de un mes de internación por una neumonía bilateral que nunca lo doblegó del todo, y la capital uruguaya lo acompañaba ahora como quien acompaña a un tío querido, de esos que llegan a las fiestas con un acordeón bajo el brazo y se quedan hasta que se corta la última copa.

El Salón de los Pasos Perdidos se llenó de palmas y de Blumana

Cuando por fin se abrieron las puertas del Salón de los Pasos Perdidos, la fila empezó a moverse despacio, en silencio, con ese respeto que se le tiene a las despedidas que uno sabe que son las últimas. Familiares, colegas, estudiantes, viejas de Barrio Sur con la pañoleta al cuello, pibes con auriculares puestos escuchando El hombre que se enamora de la luna, todos fueron entrando de a poco y fueron dejando, cada uno a su manera, una huella de amor sobre el cajón. Pasada las cuatro de la tarde, cuando la luz de la tarde empezaba a tirarse sobre los mármoles, pasó lo que tenía que pasar: un grupo de músicos argentinos que habían cruzado el charco para estar se juntó alrededor del féretro y armó, casi sin ensayar, un canto que se parecía mucho a un bautismo. León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo, los tres con los ojos húmedos, se arrimaron a los tres hijos del Rada, a Patricia Jodara, la esposa de toda la vida, y al compositor Jorge Nasser, y largaron Blumana, esa canción que es casi un himno secreto de los uruguayos y que suena como una promesa de que la alegría no se gasta nunca.

Después llegó Muriendo de plena, y entonces el salón entero, como si alguien hubiera dado una señal invisible, se puso a cantar y a marcar la clave del candombe con palmas que retumbaban en las bóvedas del Palacio. Era un sonido raro, un poco triste y un poco divertido, como debe haber sonado la música del Rada en los bares del Centro y en los tablados del Carnaval montevideano durante más de seis décadas. La gente se miraba entre sí con los ojos llenos de lágrimas y con una media sonrisa, y entendía, sin necesidad de que nadie se lo explicara, que eso era exactamente lo que el Negro hubiera querido: un velorio con cuerpo presente, con coro presente y con el permiso explícito de pasarla bien aun en el peor de los días.

“Nosotros somos medio apagaditos; él era para arriba. Alegría, alegría.”Yamandú Orsi, presidente de Uruguay

Orsi lo dijo en la rueda de prensa que dio en el propio Palacio Legislativo, y no era una frase de circunstancia ni un lugar común de funcionario. Era, más bien, una descripción ajustada de lo que todos venían sintiendo desde la mañana. El mandatario, que había decretado duelo oficial para el jueves, contó detalles que muchos desconocían: dijo que Rada había tocado en Corea y que había conquistado a un público que no hablaba una palabra de español, y recordó que los militares uruguayos desplegados en el Congo cerraban las jornadas escuchando Mi país, como si esa canción fuera una brújula capaz de acercar a cualquiera a la orilla del Río de la Plata. También contó que el propio Rada, ya cerca del final, había dejado dicho que la despedida tenía que ser con alegría, y que él, Orsi, estaba cumpliendo esa voluntad al pie de la letra. Esto no para, dijo sobre los homenajes, y la verdad es que no paraba: en la puerta seguían llegando coronas, ramos y mensajes en papelitos escritos con birome, esos papelitos que después se amontonan alrededor del cajón y que terminan siendo el documento más fiel del cariño que se le tiene a un músico popular.

El viernes, el cortejo parte desde Palermo

  • El sepelio se realizará el viernes 28 de agosto.
  • El cortejo fúnebre partirá a las 11.00 desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, en el barrio Palermo.
  • La marcha se dirigirá hacia el Cementerio del Norte, donde se le dará cristiana sepultura.
  • Se espera que asistan músicos, figuras de la cultura y público en general que quiera sumarse al último tramo del recorrido.

Matías, uno de los tres hijos del músico, estuvo parado durante horas al lado del féretro, recibiendo abrazos, palmadas en la espalda y condolencias que a veces no hacían falta porque la sola presencia de la gente ya era un consuelo enorme. Lo abrazó un pibe que tenía la edad que él tenía cuando grabó aquel disco con su viejo, lo abrazó una maestra de escuela que les hacía escuchar a sus alumnos las canciones del Rada en el recreo, lo abrazó un viejo murga que se acordaba de haberlo visto tocar en un tablado del ochenta y pico. Era, en definitiva, la prueba de que cuando un artista se muere no se muere del todo, porque queda flotando en cada lugar donde su música fue escuchada con ganas, y eso, en el caso de Rubén Rada, es literalmente todo Montevideo y bastante más allá. El viernes, cuando el cortejo arranque desde Palermo y vaya dejando un tendal de flores por la calle, me imagino que la gente va a ir cantando bajito, casi sin darse cuenta, y que alguien, en algún balcón, va a empezar con el tumbao del candombe y va a armar una Muriendo de plena colectiva que va a sonar como una oración pagana, de esas que se le cantan a los santos del barrio. Y a mí, que confieso que me crié escuchando sus discos en la casa de mi abuela en el conurbano, me queda dando vueltas una pregunta que no es retórica: con qué canción o con qué recuerdo se queda cada uno de ustedes cuando se va un tipo como el Rada, que nos enseñó que la música puede ser, al mismo tiempo, un abrazo, una protesta y una manera de sacarle la lengua a la tristeza. Como dice mi abuela, que en paz descanse, los que cantan así no se mueren nunca del todo: se quedan cantando en alguna parte, y cada vez que alguien los tararea, vuelven a aparecer, sonrisa enorme mediante, como si nada.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo