Date versus el mundo: cuando Naruto le dijo que no a la presión de Hollywood
El director del anime habló sin vueltas en la India sobre la decisión de ignorar a los mercados extranjeros para preservar la identidad de la obra de Masashi Kishimoto, incluso cuando llegaron quejas desde Estados Unidos por las armas de filo.
Te lo imagino de otra forma, pero así me lo contaron y así te lo cuento: en una sala llena de periodistas, Hayato Date, el hombre que estuvo al frente de la adaptación animada de Naruto durante más de cuatrocientos episodios, se paró delante del público de Anime India y dijo, casi como pidiendo disculpas por no tener una respuesta más diplomática, que cuando arrancó el proyecto ya había una presión enorme por hacer que la serie vendiera bien afuera de Japón. Lo dijo mirándolos a la cara, sin el tono triunfal con el que muchas veces se cuentan estas historias de la industria, y enseguida soltó la frase que a mí, te soy honesta, me dejó pensando un rato largo: "Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera". Ahí estaba condensada, en una sola oración, toda una manera de entender el oficio.
La pregunta que se hizo el equipo antes de animar el primer capítulo
Porque la decisión de Date no fue un arrebato ni una postura de orgullo mal entendido. Fue, según él mismo lo reconstruyó en aquella charla, una decisión de producción de las más concretas que se hayan tomado en la historia reciente del anime. El equipo, antes de mover una sola imagen, se hizo una sola pregunta y dejó todo lo demás para después: qué era lo que hacía falta para que Naruto funcionara en Japón. Punto. El resto, el mercado de Estados Unidos, las expectativas de los compradores internacionales que ya habían sentado a Masashi Kishimoto en la conferencia de presentación, las modas de la animación global, quedaba en un segundo plano explícito. Y acá viene lo que a mí me parece lo más valioso de todo el asunto: cuando vos elegís un eje así, también estás eligiendo qué disgustos te vas a ganar.
Y los disgustos llegaron, claro que llegaron, y desde el lugar que más dólares movía. Del mercado estadounidense, que era por lejos el más jugoso afuera de Japón, empezaron a llover quejas por un detalle que a primera vista parece menor pero que define al personaje de cabecera: los kunai, esas armas de filo corto que los ninjas de Konoha llevan colgadas en la bandana como si fueran un apretón de manos, y las espadas que aparecen a lo largo de toda la saga. La serie, recordemos, es la historia de un chico que vive en un pueblo escondido entre árboles donde los habitantes son, literalmente, soldados con autorización de tirar estrellas metálicas. Sacarle las armas, como señaló Date con una lógica que parece de abuela pero que termina siendo inapelable, es sacarle el corazón al cuento. "Si quitas los kunai, ya no es Naruto", dijo, y la frase cerró cualquier discusión interna que pudiera quedar abierta.
“Si quitas los kunai, ya no es Naruto.”Hayato Date, director del anime de Naruto, en Anime India
Lo que esa terquedad le terminó dando a la serie
Mirá, yo no te voy a decir que Date tuvo una visión profética, porque sería injusto con un tipo que simplemente hizo su trabajo con la cabeza puesta en un solo lado. Pero lo que sí te puedo decir, porque los números y las pantallas repletas de merchandising lo testimonian, es que la apuesta le salió bien. Naruto creció hasta convertirse, junto a Dragon Ball y One Piece, en uno de los animes más vistos del planeta, con audiencias Measured en decenas de países y generaciones enteras que aprendieron a hacer el sello de la mano en el recreo del colegio. Esa masividad no fue a pesar de haber ignorado las presiones internacionales, sino en buena medida gracias a ellas: el público de afuera percibía, casi sin darse cuenta, que estaba viendo algo genuino, no un producto reformateado para gustarle.
Y acá es donde la nota se pone interesante para lo que se viene, porque esta semana se confirmó que la película live action de Naruto, que viene cocinándose hace rato, quedó finalmente en manos del director estadounidense Destin Daniel Cretton, el mismo de Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos. Es decir, Hollywood vuelve a sentarse frente al material de Kishimoto con la decisión enorme, y ahora políticamente cargada, de cuánto se respeta y cuánto se adapta. Date construyó la serie desde la autenticidad de la fuente, ignorando los pedidos que llegaban de afuera para preservar el alma de la obra; el equipo que ahora tiene la cámara y la libreta de casting tendrá que decidir si sigue ese surco o si toma otro, y te confieso que a esta altura del partido ya hay demasiados casos de adaptaciones occidentales de anime que se quedaron a mitad de camino por no animarse a sostener el dibujo original. Te lo dejo picando, porque esta nota, más que cerrarse, se está abriendo como una comparsa a la que todavía le faltan varios barrios por pasar.
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