Cupos estrictos y controles en la ruta 237: cómo se puede pescar antes de que abra la temporada en la Patagonia neuquina
Los embalses Piedra del Águila y Alicurá mantienen habilitada una zona con un máximo de cinco truchas arcoíris por permiso hasta el 31 de octubre. La Dirección Provincial de Fauna intensificó los patrullajes sobre la ruta que une Neuquén capital con la cordillera y reportó una fuerte caída en las infracciones detectadas, mientras un pescador quedó sumariado esta semana por transportar 42 ejemplares en el baúl de un auto.
Les cuento lo que vengo siguiendo desde hace varias temporadas y que vuelve a repetirse en cada primavera patagónica: la tentación de agarrar la caña antes de tiempo, cuando los ríos todavía están bajando y la mayoría de los espejos de agua siguen cerrados al público, pero hay dos embalses neuquinos que todavía ofrecen una ventana corta y reglamentada para que los pescadores se adelanten a la apertura general. Hablo de los embalses Piedra del Águila y Alicurá, dos gigantes de agua que pertenecen al sistema de los ríos Limay y Collón Curá, y que hasta el 31 de octubre mantienen habilitada su llamada Zona 2, con un cupo que la provincia repite hasta el hartazgo en cada comunicado: cinco truchas arcoíris por permiso, como máximo, y nada de actividad después del horario diurno. Ni una pieza más, ni un minuto fuera de la franja permitida, porque lo que viene después es un sumario directo bajo la Ley Provincial de Fauna Silvestre Nº 2539.
Lo aclaro porque todavía hay quienes creen que octubre es un mes libre mientras el calendario oficial muestre la palabra "cerrado" en la mayoría de los cursos de agua: la temporada 2026-2027 recién abre el 1 de noviembre en la mayor parte de ríos y lagos de Neuquén, y esa fecha, no otra, es la que marca el ingreso formal al calendario de pesca con todo lo que eso implica, incluida la pesca liberada y un menú mucho más amplio de lugares habilitados. Por eso lo que ofrecen hoy Piedra del Águila y Alicurá es, en la práctica, la última oportunidad legal para quienes ya tienen la caña armada y la caña lista en el baúl.
Qué se puede y qué no en estos dos embalses
- Captura máxima: cinco truchas arcoíris por permiso, sin excepciones ni tolerancias por arriba.
- Vigencia: la habilitación corre hasta el 31 de octubre inclusive; a partir del 1 de noviembre rige el calendario general.
- Horario: la actividad está permitida únicamente en horario diurno; durante la noche no se puede pescar ni permanecer con equipos listos en la costa.
- Modalidad: pesca con devolución obligatoria para los ejemplares que superen el cupo o que no se quieran llevar, según la reglamentación vigente.
- Documentación: se exige el permiso provincial al día y, cuando corresponda, la credencial de turismo de pesca que emite la Dirección Provincial de Fauna.
Ahora bien, y acá viene el punto que más me importa destacar como periodista que cubre estos temas hace años: los controles no aflojan en la previa de la temporada, al contrario, se endurecen. La Ruta 237, que es la columna vertebral que une Neuquén capital con la cordillera y bordea buena parte de los embalses más concurridos, se transformó en un corredor de patrullaje permanente. Personal de la Dirección Provincial de Fauna, junto con efectivos de la División Brigada Rural y Montada del Limay, realiza operativos conjuntos a lo largo de distintos kilómetros de esa traza, con paradas aleatorias, verificación de vehículos y lectura de capturas en el lugar.
Los números que dio a conocer la Dirección Provincial de Fauna son elocuentes: la cantidad de infracciones detectadas cayó alrededor de un 60 por ciento respecto de la temporada anterior, desde que se intensificaron los patrullajes sobre la 237. En criollo, eso significa que hoy es mucho más probable terminar en un acta que hace un par de años, y que la presión de los controles ya está modificando el comportamiento de los pescadores que solían pasarse de cupo o circular con truchas de más por la ruta.
Un caso reciente que terminó en sumario
El episodio que confirma esta tendencia ocurrió esta misma semana, a la altura del kilómetro 1304 de la ruta 237, cuando los agentes detuvieron un Chevrolet Prisma y encontraron en el baúl 42 truchas arcoíris, varias ya sin cabeza y preparadas para freezer. Esa cifra multiplica por más de ocho el cupo legal vigente para los embalses habilitados en este momento del año, así que no había manera de salvar la situación con un descuido: se labró un acta de infracción bajo la Ley Provincial de Fauna Silvestre Nº 2539, y el responsable quedó sumariado, con la posibilidad cierta de perder el permiso de pesca por un tiempo prolongado y de enfrentar sanciones económicas adicionales.
Lo que más me preocupa, si me permiten la reflexión personal, es que no se trata de un caso aislado: en mayo pasado, sobre el kilómetro 1353 de la misma ruta, se secuestraron 31 truchas; en marzo, tres vehículos fueron incautados junto a truchas faenadas y carne de ciervo. La secuencia dibuja un patrón, y la ruta 237 aparece como el escenario donde chocan, una y otra vez, la avivada del pescador que cree que nadie controla y el Estado provincial que, esta temporada al menos, decidió poner el pie sobre el acelerador de los controles.
A dos semanas del 1 de noviembre, lo razonable es simple y se lo repito a quien me quiera escuchar: hay que verificar el permiso provincial vigente antes de salir, confirmar las condiciones específicas del embalse al que se va a ir, respetar los cupos aunque el pique esté imposible, y tener en cuenta que cualquier atajo tiene nombre y apellido en un acta. La temporada se abre en días, y a nadie le sobra quedarse afuera del agua por un papel firmado a destiempo.
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