Cuando el café de los chicos se vuelve un problema: lo que dicen los especialistas de Yale sobre la cafeína en la adolescencia
Dificultades para dormir, temblores, palpitaciones y caída en el rendimiento escolar pueden ser señales de un consumo excesivo que a veces se esconde en chicles, sobres saborizados y bebidas energéticas. Especialistas consultados recomiendan cortar el hábito antes de los 18 años y prestar atención a los horarios.
Cuando un adolescente empieza a dar vueltas en la cama, no puede con los nervios o le tiemblan las manos, vale la pena detenerse un momento y mirar, antes que nada, qué viene tomando durante el día. Esas tres señales, sumadas a una caída inesperada en el rendimiento de la escuela, suelen ser el primer indicio de que el cuerpo está acusando un consumo de cafeína que los más chicos no siempre dimensionan, y por eso mismo yo creo que conviene abrir el tema en la mesa familiar mucho antes de que termine transformándose en un problema serio, porque detrás de un mate cocido con unas gotas de café o de un sobre saborizado que parece inofensivo puede estar escondiéndose una cantidad de estimulante que, en cuerpos todavía en formación, pega mucho más fuerte de lo que uno imagina.
Así lo planteó en una reciente advertencia la neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, del sistema de salud de la Universidad de Yale, quien explicó que un exceso de cafeína en la adolescencia no solamente arruina la noche, sino que también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, una inquietud generalizada y, en los casos más marcados, ataques de ansiedad que los propios chicos no saben identificar, y es justamente ahí donde la mirada de los adultos tiene que estar más atenta.
Dónde se esconde la cafeína que los padres no siempre ven
Porque una de las trampas más frecuentes, según la especialista, está en creer que con controlar las tazas de café alcanza. La realidad, según detallaron desde el equipo de Yale, es que la cafeína aparece también en bebidas energéticas, en algunas gaseosas, en el chocolate, en chicles e incluso en esos sobrecitos saborizados que se disuelven en agua y que muchos chicos llevan al colegio como si fueran una golosina. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría en la misma universidad, describió que los sabores dulces y frutales que se usan para disfrazar el amargor terminan funcionando como una puerta de entrada, porque hacen que los adolescentes prueben sin dimensionar lo que están ingiriendo, y en ese punto los números son elocuentes: cada uno de esos sobres puede aportar entre 50 y 200 miligramos de cafeína por unidad, una cifra que no es nada despreciable si se la compara con lo que se considera seguro para un adulto.
“Los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden favorecer que los jóvenes los prueben sin dimensionar lo que están tomando.”Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale
El horario pesa tanto como la cantidad
Ahora bien, el problema no se agota en qué se consume ni en cuánto, porque también cuenta en qué momento del día entra la cafeína al organismo. Agrawal, que viene investigando el impacto del sueño en los más jóvenes, fue muy clara al explicar que la cafeína empieza a hacer efecto entre 30 y 45 minutos después de haberla ingerido y que, cinco o seis horas más tarde, todavía queda en el cuerpo aproximadamente la mitad de lo que se tomó, de modo que un café o una bebida energética consumida a media tarde perfectamente puede estar saboteando la noche. La recomendación concreta que dejó la especialista fue evitar la cafeína después de las 13 o las 14, siempre tomando como referencia el horario habitual en que el chico se acuesta, y a mí esa simple indicación me parece de las más valiosas, porque a veces uno le quita el café de la mañana pero le deja la merienda con un sobre saborizado sin reparar en que, para el reloj interno del adolescente, las cinco de la tarde ya es tarde.
Y hay un dato que suma complejidad y que los propios especialistas remarcan: la adolescencia trae consigo un corrimiento natural del reloj biológico, que empuja el sueño hacia horarios más tardíos y vuelve más difícil levantarse temprano para ir a la escuela. Cuando el cansancio se acumula, muchos chicos recurren a un estimulante para sostenerse en clase, pero ese alivio pasajero lo único que hace es retrasar otra vez el descanso nocturno y agrandar el agotamiento del día siguiente, formando un círculo vicioso del que cuesta salir sin un acompañamiento adulto.
- Evitar la cafeína antes de los 18 años y retirar las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes, según recomendó Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale.
- Prestar atención a las señales de alarma: dificultades para dormir, temblores, palpitaciones, nerviosismo, caídas en el rendimiento escolar y ansiedad sin causa aparente, que pueden indicar un consumo excesivo.
- Tener en cuenta que la cafeína no solo está en el café: también aparece en gaseosas, chocolate, chicles, bebidas energéticas y sobres saborizados que pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad.
- Cuidar el horario de ingesta y no consumir cafeína después de las 13 o las 14, ya que pasadas entre cinco y seis horas todavía queda en el organismo cerca de la mitad de lo ingerido.
- Revisar las rutinas nocturnas, especialmente durante los videojuegos, donde el consumo muchas veces responde tanto al deseo de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores, agregó Park.
Las reglas de los adultos no sirven para los chicos
Otra de las advertencias que dejaron las investigadoras de Yale y que a mí me parece clave para dimensionar de qué estamos hablando es que las recomendaciones de consumo que valen para un adulto no se pueden trasladar a un adolescente, porque los chicos pueden experimentar molestias con cantidades sensiblemente menores. Park fue terminante al pedir que se saque la cafeína de la dieta antes de los 18 años y que las bebidas energéticas queden directamente fuera del alcance de niños y adolescentes, una postura firme que, en un contexto donde estos productos se publicitan con avales de deportistas famosos y colores estridentes, suena casi como una contracultura, pero que tiene todo el respaldo de la evidencia médica que viene acumulando Yale en los últimos años. Lo que la comunidad científica en general y estas especialistas en particular están pidiendo, en definitiva, es que se deje de mirar para otro lado y que se abra en cada familia la conversación sobre qué están tomando los chicos durante el día, porque detrás de cada sobre saborizado, de cada lata energética o de cada vaso de café con leche cargado puede haber un problema de sueño que todavía no se manifestó del todo.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Jujuy On