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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Croquetas de calabaza y queso: una variante sin bechamel que se sostiene con doble rebozado

La preparación reemplaza la crema tradicional por un puré de calabaza cocida en sartén con cebolleta, ajo y parmesano, y se rellena con un dado de gouda que se funde al freír.

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Marcela LamasAmbiente y agua · · lectura 2 min
Croquetas de calabaza y queso: una variante sin bechamel que se sostiene con doble rebozado

Una alternativa a las croquetas clásicas de apellido francés aparece en las cocinas de cara al otoño sin recurrir a la bechamel ni a los lácteos en la base. La masa se arma con calabaza cocida en microondas durante aproximadamente diez minutos, hasta lograr una textura tierna, y luego se trabaja en sartén junto a cebolleta y ajo rehogados en aceite, donde la pulpa se aplasta hasta convertirse en un puré homogéneo.

El parmesano como aglutinante

Dos cucharadas de queso parmesano en polvo, sal y pimienta se incorporan de manera directa al puré todavía caliente. De acuerdo con la receta, el parmesano cumple una doble función: aporta sabor y, al mismo tiempo, ayuda a compactar la masa sin restarle cremosidad. Antes de pasar al armado de las piezas, la preparación debe enfriarse por completo, ya que con la masa caliente resulta imposible dar forma a las croquetas.

Armado y doble rebozado

  • Tomar una porción de masa y realizar un hueco en el centro.
  • Colocar un dado de queso gouda y cerrar bien la masa alrededor.
  • Pasar por pan rallado, luego por huevo batido y, por último, volver a cubrir con pan rallado, completando un doble rebozado.
  • Freír en aceite abundante y bien caliente, por tandas, hasta obtener un dorado parejo.
  • Escurrir sobre papel absorbente antes de servir.

El doble rebozado resuelve, según la fuente, el inconveniente central que presenta una masa cremosa y blanda: tiende a desarmarse durante la fritura. Esa cobertura más firme facilita tanto el dorado pareja como el manipuleo en el aceite.

La propuesta admite variantes en el relleno: el queso gouda puede sustituirse por cualquier variedad semidura que funda bien, lo que vuelve la receta flexible según el stock de la heladera. El resultado se sirve como aperitivo o como cena ligera acompañada de ensalada, en una porción que aprovecha la calabaza de estación sin exigir productos difíciles de conseguir ni pasos técnicamente complejos.

ML
Marcela LamasAmbiente y agua

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