Cortisol bajo la lupa: por qué la ciencia lo considera una hormona aliada y no un villano de moda
Endocrinólogos argentinos y estadounidenses desmienten los cócteles virales y los diagnósticos caseros que circulan en redes, y explican cuándo un valor alterado realmente debe preocupar a los pacientes.
En los consultorios de endocrinología de todo el país hace meses que resuena la misma pregunta, y yo, como cronista de la sección Sociedad y pueblos originarios, quiero acompañar a quienes se sienten abrumados por la catarata de información que llega desde las pantallas: ¿es cierto que el cortisol, esa palabra que aparece en cada video viral, es el gran responsable del cansancio, la grasa abdominal y el insomnio que arrastramos desde la pandemia? La respuesta que dan los especialistas es categórica y, a la vez, muy tranquilizadora: no, el cortisol no es el enemigo que muchos influencers quieren vender, y entenderlo bien puede ahorrarnos dinero, dietas innecesarias y, sobre todo, mucha ansiedad innecesaria.
Qué es el cortisol y por qué el cuerpo lo necesita
El cortisol es una hormona que fabrican las glándulas suprarrenales, dos estructuras pequeñas que se apoyan sobre los riñones como si fueran casquetes, y cumple funciones tan variadas como decisivas: participa en el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; ayuda a mantener la presión arterial en rangos saludables; modula la respuesta inflamatoria y la actividad del sistema inmunitario, y también tiene un papel central en el ciclo de sueño y vigilia. Sus niveles más altos se registran entre la madrugada y la primera hora de la mañana, y van bajando a lo largo de la tarde y la noche en lo que los especialistas denominan ritmo circadiano, un reloj interno que se repite cada veinticuatro horas.
Frente a una situación de tensión, ya sea un examen, una discusión familiar o un semáforo en rojo con un colectivo detrás, el organismo responde con un aumento transitorio de cortisol, y eso, lejos de ser una enfermedad, forma parte de la adaptación fisiológica al estrés. La doctora María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, lo resume con una imagen muy gráfica: si alguien se mide el cortisol justo antes de rendir un parcial, el resultado probablemente será más alto de lo habitual, y eso no indica ninguna patología, sino una reacción esperable del cuerpo. La clave, entonces, no está en eliminar el cortisol, sino en distinguir las variaciones normales de las que sí encienden las alertas médicas.
Cuando sí hay que preocuparse: el síndrome de Cushing
El verdadero problema clínico, coinciden los endocrinólogos consultados, se llama síndrome de Cushing y se origina en una exposición prolongada a niveles excesivos de cortisol, ya sea por un tumor, por el uso crónico de ciertos medicamentos o por enfermedades menos frecuentes. En esos casos, el ritmo circadiano se altera de manera característica: los valores pueden ser tan altos a la tarde o a la noche como a la mañana, y aparecen otros signos como aumento de peso localizado en el abdomen y la cara, estrías violáceas, hipertensión, deterioro muscular y alteraciones emocionales profundas. Se trata, subrayan los especialistas, de una patología concreta que requiere diagnóstico médico, estudios de laboratorio e imágenes, y que nada tiene que ver con las variaciones cotidianas que sufre cualquier persona expuesta al ritmo de vida actual.
Los mitos que inundan las redes
En paralelo al trabajo de los consultorios, las plataformas digitales acumulan millones de visualizaciones bajo etiquetas como niveles de cortisol, cómo reducirlo o cara de cortisol, y prometen desde identificar el rostro de cortisol hasta eliminar la grasa abdominal sin esfuerzo o curar el cansancio crónico con una bebida casera. Sobre ese escenario, la doctora Mallea Gil es tajante: mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico, y la comunidad médica lo repite cada vez que puede en congresos, entrevistas y artículos de divulgación.
- Cortisol cocktail: una preparación a base de jugos naturales, sales y, en algunas versiones, suplementos que se presenta como un regulador hormonal. La endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, lo calificó como una exageración en el mejor de los casos, y los consensos científicos indican que no hay evidencia de que modifique la función de las glándulas suprarrenales ni los niveles reales de la hormona.
- Cortisol detox: rutinas y productos que prometen depurar el organismo y bajar el cortisol en pocos días. Los especialistas recuerdan que las glándulas suprarrenales regulan su producción de manera automática y que no existen alimentos, infusiones ni suplementos que las reprogramen por arte de magia.
- Cara de cortisol: una supuesta hinchazón facial característica que se viraliza en videos de cosmética. Los endocrinólogos aclaran que la retención de líquidos tiene múltiples causas y que no se diagnostican enfermedades hormonales a partir de una selfi.
- Test caseros de cortisol: kits que se venden por internet para medirse la hormona en saliva o sangre sin indicación médica. La interpretación de un valor aislado fuera del contexto clínico puede llevar tanto a falsos diagnósticos como a tratamientos innecesarios.
“Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico.”María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo
En mi recorrida por esta conversación que mezcla ciencia, redes y vida cotidiana, rescato una idea que los especialistas repitieron hasta el cansancio: el cuerpo humano lleva miles de años regulando el cortisol con precisión, y la mejor manera de cuidarlo no es perseguir bebidas mágicas ni dietas exprés, sino sostener hábitos simples, dormir las horas necesarias, moverse a diario y, ante síntomas persistentes, consultar a un profesional matriculado en lugar de confiar en un video de un minuto y medio. Esa, y no otra, es la recomendación que la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo viene difundiendo para terminar con la tormenta de mitos que, según sus propios registros, no deja de crecer.
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