Adiós al Negro Rada: el caudillo del candombe que nos enseñó a bailar la tristeza
El músico uruguayo Rubén Rada murió a los 83 años tras pasar casi un mes internado por una neumonía. Artistas argentinos y uruguayos lo despidieron con palabras que dan cuenta de una amistad y un legado que cruza el Río de la Plata.
Lo imagino todavía en el escenario, con esa sonrisa enorme y esa vozarrón que parecía salirle desde el fondo del Riachuelo. Por eso, cuando me enteré de que Rubén El Negro Rada se fue este miércoles a los 83 años, después de pasar casi un mes internado por una neumonía, sentí que se nos caía un pedazo del alma rioplatense. El tipo que le cantó a Gardel con un tambor en la mano, el que hizo del candombe una conversación de café, el que nos enseñó que se puede bailar la tristeza con una sonrisa enorme en la cara. Chau, Negro. Gracias por todo.
El velatorio abierto al pueblo
El Palacio Legislativo de Montevideo, ese edificio imponente que mira al río, va a abrir sus puertas para que la gente pueda despedirlo como se despide a los grandes: con entrada libre, con flores, con un canto a voz en cuello. No es un detalle menor: Rada fue siempre un músico del pueblo, un tipo que se codeó con Fito Páez y con Charly García pero que nunca perdió la humildad del barrio, la sonrisa cómplice y el abrazo largo.
Las canciones que quedan sonando
Porque si algo dejó Rada, además de su humanidad enorme, fue un cancionero que ya es parte de la banda sonora de toda la región. Tengo un candombe para Gardel sigue siendo ese himno imposible que une al tango con el tambor. Cha-cha, muchacha nos hizo mover las caderas a varias generaciones. Ayer, te vi nos quebró el corazón en silencio. Y Botija de mi país, esa joyita que escribió junto a Eduardo Mateo, se convirtió con el tiempo en una de esas canciones que uno tararea sin darse cuenta, como si siempre hubieran estado ahí, flotando en el aire montevideano.
Los amigos lo despiden
Las reacciones no tardaron en llegar y todas coincidieron en lo mismo: Rada era un tipazo. Fito Páez, que lo conoció de pibe en un local porteño cerca de Corrientes y Callao y que tanto lo quiso, escribió con el alma en la mano: La familia Rada es la familia Páez. Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría. La actriz Natalia Oreiro, compatriota y amiga del Negro, le dedicó la letra de Botija de mi país y lo despachó con una definición que lo resume entero: lo más grande del Uruguay como artista, como persona, como amigo.
“Tu voz y tu bella persona quedan para siempre con nosotros.”Gustavo Santaolalla
El argentino Gustavo Santaolalla, productor y músico de estirpe rioplatense, lo definió como artista extraordinario, de múltiples talentos. Valeria Lynch, Los Auténticos Decadentes, Charly García y Nito Mestre también se acordaron de él con palabras cargadas de cariño, resaltando su música, su calidez y el lugar único que ocupó en la escena regional durante más de seis décadas. Todos, sin excepción, resaltaron lo mismo: que el Negro era un tipazo.
La pregunta que nos queda
- ¿Cuál es el recuerdo que tenés de Rubén Rada?
- ¿Qué canción suya te marcó más?
- ¿En qué momento de tu vida la escuchaste por primera vez?
- ¿Lo viste alguna vez en vivo? ¿Dónde?
- ¿Qué te enseñó su música sobre ser rioplatense?
Porque eso es lo que quiero saber antes de cerrar esta nota: cuál es la canción del Negro que te suena en la cabeza ahora mismo, esa que te transporta a una cocina, a un boliche, a un verano en la rambla montevideana o a un asado dominguero en Buenos Aires. Yo, mientras escribo esto, no puedo sacarme de la cabeza Cha-cha, muchacha, esa melodía que me acompaña desde que tengo uso de razón y que cada vez que suena me hace sonreír como si el Negro estuviera todavía en el escenario, mirándonos con picardía. Y en el fondo, de alguna manera, lo está: en cada candombe que suena en una comparsa, en cada murga que se arma en un barrio, en cada garganta que canta Botija de mi país con los ojos cerrados. El Negro Rada no se va: se queda hecho canción, hecho baile, hecho río. Y como dicen los viejos del candombe cuando el tambor deja de sonar: hasta siempre, caudillo. Hasta siempre, Negro.
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