Saltar al contenido
Jujuy OnJujuy On ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 648 pb +4,18%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

Volver a la chacra del bisabuelo: la historia de una familia que sostiene la tierra con sueldos y a puro pulmón en Centenario

Silvana Aiello y Jorge Stelrrig dejaron la ciudad para vivir como sus abuelos. En tres hectáreas que Silvana heredó de su padre, crían animales, siembran alfalfa y construyen, ladrillo por ladrillo, lo que quieren dejarle a sus hijos.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 5 min
Volver a la chacra del bisabuelo: la historia de una familia que sostiene la tierra con sueldos y a puro pulmón en Centenario

En la comunidad chacarera de Centenario, en el paraje conocido como calle 9, justo en el límite donde el municipio de Centenario se toca con el de Vista Alegre, Silvana Aiello y Jorge Stelrrig se reencontraron con la vida que sus abuelos les habían contado mil veces alrededor de una mesa larga. Se conocieron hace diecinueve años, en la puerta de un colegio, mientras esperaban a sus hijos. Bastó una charla para entender que los dos venían de familias que habían trabajado la tierra en esa misma zona, y que los dos querían volver a eso. Hoy, después de tres años de haberse mudado a las tres hectáreas que el padre de Silvana, Ricardo, le dejó al morir, la pareja sostiene el campo con sus sueldos, con sus manos y con la ayuda de su hijo mayor, Lucas, que ya tiene su propio emprendimiento.

La casa está en un punto simbólico, la calle 9, donde los dos municipios se tocan. Ahí, donde alguna vez hubo manzanos y perales ordenados en filas, creció un monte de olivillo y un humedal que la tierra fue formando sola cuando ya nadie podía trabajarla. Hoy el paisaje volvió a cambiar: la familia fue limpiando el terreno de a poco, sembró alfalfa para alimentar a los animales, y empezó a criar gallinas, conejos y pollos. Un tractor que a veces no arranca espera en un costado, como testigo de los tiempos en los que la chacra se trabajaba a otra velocidad.

El cambio de lógica: antes la chacra sostenía a la familia, ahora es la familia la que sostiene a la chacra

Silvana trabaja desde hace casi veinte años como secretaria en una escuela técnica de la zona, y Jorge es empleado en el área de educación de Centenario. Son sus salarios los que pagan el forraje, los animales y la mano de obra que la chacra necesita para seguir viva. Por eso la propuesta de la familia suena, en sus propias palabras, a un esfuerzo cotidiano: vamos con los animales, juntamos el dinero para comprar alimento, gallinas ponedoras, pollos, y vamos buscándole la vuelta. Lo dijo textualmente Silvana Aiello, secretaria de la escuela técnica y nieta del chacarero que empezó todo en esas mismas tierras.

“Antes no cumplían horario. Ahora uno tiene su trabajo, cumple, y a la tarde y los fines de semana atendemos los animales. Es otro tipo de estrés.”Silvana Aiello, secretaria de escuela técnica y productora

Durante años, antes de mudarse definitivamente, Silvana y Jorge fueron juntando materiales con lo que sobraba de los sueldos. Guardaban bolsas de cemento, hierros, ladrillos, y compraban lo que podían cuando el bolsillo les daba. La mudanza fue hace tres años, pero la construcción de la casa nueva, sobre los cimientos de la vieja, sigue avanzando a ese mismo ritmo: de a poco, con paciencia, sin apuro pero sin pausa. Lo aclararon los tres: lo hacen a pulmón.

Lucas, el hijo que ya tiene su propio microemprendimiento dentro de la chacra

Lucas, el hijo mayor, tiene diecisiete años, cursa el último año en una escuela técnica como mecánico y ya funciona como un productor más dentro del campo. El año pasado crió seiscientos pollos parrilleros, les sumó gallinas ponedoras y conejos, y armó con sus propias manos una incubadora artesanal que hoy es una de las piezas clave del emprendimiento familiar. Cuando termine la secundaria quiere estudiar veterinaria y, según contó a este portal, quedarse definitivamente en la chacra para seguir creciendo junto a sus padres.

  • Seiscientos pollos parrilleros criados durante el último año por Lucas, el hijo mayor de la pareja.
  • Una incubadora artesanal armada por el adolescente con sus propias manos.
  • Gallinas ponedoras, conejos y una superficie sembrada con alfalfa para alimentar a los animales.
  • Plantas de frutales y viñas que proyecta Jorge para producir y vender en el mismo campo.
  • La idea de Lucas de estudiar veterinaria y quedarse a vivir en la chacra familiar.

El proyecto a mediano plazo que tiene la familia en la cabeza combina la experiencia de los mayores con el empuje de los más jóvenes. Jorge Stelrrig, empleado del área de educación de la zona, tiene en mente plantar frutales y viñas para producir y vender en el mismo campo, sin intermediarios, y sumar así un ingreso propio al que ya generan los animales. La idea es que la chacra deje de ser sólo un lugar donde se gasta el sueldo y empiece a devolver, aunque sea una parte chica, algo de lo que la familia le viene poniendo desde hace años.

La historia de esta chacra empieza mucho antes que Silvana y Jorge. El bisabuelo de ella llegó desde Italia con doce años, cerca de 1920, y se instaló en la zona con lo poco que tenía. El abuelo fue el que empezó la chacra propiamente dicha, la que después siguió Ricardo, el padre de Silvana, y la que hoy heredaron los nietos. Son tres generaciones las que llevan las manos en esa misma tierra, y la cuarta ya está aprendiendo a hacer lo mismo, con la diferencia de que los tiempos cambiaron: ahora el campo se atiende a la tarde y los fines de semana, después de cumplir el horario en la escuela o en la oficina.

La comunidad chacarera de Centenario miró siempre al cielo y al mercado para sostenerse. Esta familia, en cambio, decidió sostenerse primero a sí misma para poder sostener después a la chacra. Es una vuelta de tuerca que no sale en los manuales de la producción regional, pero que en la calle 9, en el paraje exacto donde los municipios de Centenario y Vista Alegre se tocan, se vive todos los días, en silencio, mientras crece la alfalfa, cantan las gallinas y la incubadora de Lucas sigue cumpliendo su trabajo.

Lo que la comunidad pidió textualmente a este portal fue algo tan sencillo como contundente: que se cuente cómo se puede volver, y cómo se puede sostener una chacra familiar cuando los ingresos vienen de los sueldos y no de la venta de la cosecha. La familia Aiello Stelrrig lo viene haciendo hace tres años en Centenario, y piensa seguir haciéndolo, ladrillo por ladrillo, hasta dejarles a sus hijos la tierra que ellos mismos recibieron.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo