Una distribuidora de Ezeiza recibió más de diez cuadras de postulantes para cubrir cuarenta vacantes
La convocatoria de Cabaña Santa Marta desbordó todas las previsiones y reflejó, en una mañana, el escenario laboral que describen las estadísticas oficiales: casi la mitad de los ocupados en el país carece de registro formal.
La escena se repitió durante la madrugada en Reconquista 654, Ezeiza. Antes de las ocho de la mañana, la fila de personas que buscaba una oportunidad en la distribuidora alimenticia Cabaña Santa Marta ya superaba las diez cuadras, según relataron los propios postulantes al portal de noticias. La empresa había anunciado en sus redes sociales la búsqueda de alrededor de cuarenta puestos y la convocatoria terminó por desbordar cualquier estimación interna.
Vamos a los números. La convocatoria partía de un objetivo concreto: cubrir alrededor de 40 vacantes. El resultado, a juzgar por la cantidad de personas que hicieron cola durante horas bajo el frío del sur del conurbano bonaerense, fue varias veces superior. La empresa había dispuesto la entrega de currículum impreso, documento de identidad y un formulario disponible en línea. Para quienes no podían completar el trámite digital, la compañía facilitó copias en papel durante la espera, con el propósito declarado de garantizar igualdad de condiciones entre los aspirantes.
Un perfil heterogéneo detrás de la fila
Entre los presentes había jóvenes de 18, 19 y 20 años en busca de su primer empleo formal, personas con experiencia previa en atención al cliente, cocina, construcción y comercio, y trabajadoresinformales que intentaban abandonar la precariedad. Una joven que cursa la carrera de enfermería explicó que necesitaba un ingreso para sostener sus estudios, mientras que un joven de 18 años, con pasos previos por la construcción, la cocina y la mecánica, manifestó que esperaba conseguir la primera oportunidad en blanco, en especial si no se cuenta con el secundario completo o se lo está cursando.
“Más que nada si no tenés el secundario completo o estás cursando.”Postulante de 18 años
También se acercaron personas que ya contaban con un empleo, aunque sin estabilidad. Un hombre de 41 años señaló que buscaba algo más estable. Una mujer con más de seis años de trabajo sin registro explicó que percibe alrededor de 600.000 pesos mensuales, paga la cobertura médica de su propio bolsillo y que el ingreso apenas le alcanza. Su aspiración, según declaró, era acceder a un puesto formal que le permitiera cubrir los servicios, los alimentos y los gastos del hogar. La procedencia geográfica fue amplia: Tristán Suárez, El Jagüel, Luis Guillón, Carlos Spegazzini y Esteban Echeverría, entre otras localidades, aportaron asistentes que llegaron, en muchos casos, acompañados por amigos o familiares.
- Un joven de 18 años calculó que necesitaba cerca de 1.200.000 pesos mensuales para mayor autonomía.
- Otros aspirantesron como referencia el salario mínimo vital y móvil.
- Un tercer grupo señaló que aspiraba a un monto que les permitiera cubrir el costo de vida sin recurrir a la ayuda familiar.
El telón de fondo: informalidad que se acerca al cincuenta por ciento
El episodio, de acuerdo con la información disponible, se produjo en un contexto que las cifras oficiales contribuyen a dimensionar. Según los datos del INDEC correspondientes al segundo trimestre de 2026, casi la mitad de los puestos de trabajo del país se desarrollan sin registro formal. Esa estadística, de carácter estructural, ofrece un marco para interpretar por qué una convocatoria para cubrir cuarenta vacantes logró concitar la atención de miles de personas en una mañana, y por qué la difusión a través de Instagram y Facebook fue suficiente para activar una movilización de ese volumen.
Comparado con el mes anterior, no se registran elementos públicos que permitan afirmar una variación en la dinámica de las convocatorias masivas; en tanto, frente al año anterior, la persistencia de niveles elevados de informalidad sugiere que escenas de este tipo tienden a repetirse en distintas puntas del conurbano bonaerense. La pregunta que deja picando la jornada de Ezeiza es hasta qué punto el mercado laboral formal logrará, en el corto plazo, absorber la demanda acumulada de quienes todavía esperan por su primera oportunidad en blanco.
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