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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Una boda chica en San Isidro: Prandi y Ortega se dijeron que sí con Palito mirando desde el banco de adelante

La conductora y el músico se casaron este martes en el Registro Civil de San Isidro, en una ceremonia con 36 invitados. Hablaron del significado simbólico del trámite, del anillo que él eligió y de los pendientes que les quedaron para los próximos meses.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · · lectura 3 min
Una boda chica en San Isidro: Prandi y Ortega se dijeron que sí con Palito mirando desde el banco de adelante

Me quedé pensando, mientras leía los partes, en lo distinto que se vuelve todo cuando una pareja decide casarse a los tropezones, casi de un día para el otro, y elige como escenario un Registro Civil de cualquier ciudad de provincia. Eso mismo fue lo que pasó este martes 15 de septiembre en San Isidro, cuando Julieta Prandi y Emanuel Ortega firmaron el acta y se convirtieron, formalmente, en marido y mujer. La foto que se viralizó los muestra a los dos sonriendo bajo el sol tibio del conurbano norte, y detrás, en el banco de los testigos, dos figuras que cualquier argentino reconoce al toque: Palito Ortega y Evangelina Salazar, los padres del novio, que dijeron presente como si estuvieran en un cumpleaños familiar y no en una boda.

Lo que más me llamó la atención, y se lo quiero compartir a quien lea esta nota, es el tono con el que los dos contaron lo vivido al salir del trámite. Prandi fue clara cuando le preguntaron por qué habían apurado los tiempos: dijo, con esa manera de hablar que tiene ella, que la boda era más un símbolo que una revolución, porque ya convivían y ya habían decidido estar juntos hacía rato. Emanuel, por su parte, se tomó unos segundos para agradecer el cariño de la gente y confirmó lo que muchos sospechaban: que la propuesta de casamiento la había hecho él, con un anillo que eligió él y con la convicción de que ese paso, aunque tarde para los estándares de las revistas, les faltaba para completar la foto.

Una lista chica, una familia grande

  • 36 personas, entre familiares y amigos íntimos, fueron convocadas con poca anticipación.
  • Palito Ortega y Evangelina Salazar acompañaron al novio desde el banco de testigos.
  • Martín Ortega, hermano de Emanuel, también estuvo presente en el Registro Civil.
  • La pareja convivía desde hacía tiempo y tenía en común una familia ensamblada.
  • No hubo despedida de soltera ni fiesta posterior; sí habrá luna de miel, todavía sin destino confirmado.
“Si se quiere, yo soy más romántica y era mi sueño casarme.”Julieta Prandi

El principio de todo se remonta a mediados de 2020, en plena cuarentena estricta, cuando los mensajes por Instagram empezaron a sustituir las salidas que nadie podía hacer. Después vinieron las llamadas, las videollamadas y, finalmente, aquel primer encuentro cara a cara el 13 de agosto de ese año, una fecha que ellos dos suelen repetir en las notas porque los marcó. Desde entonces construyeron una convivencia que, según contaron, se fue acomodando sola, sin grandes anuncios, hasta que un día Emanuel decidió dar el paso que Julieta, por su propio carácter, venía esperando hace rato.

La ropa, el ramo y los aros de la amiga

Hay un detalle que me pareció entrañable y que vale la pena rescatar: la conductora contó que no mandó a hacer el vestido con ningún diseñador, sino que apareció con un traje de seda blanco compuesto por un blazer amplio y un top del mismo color, una decisión tan práctica como emotiva. Lo que sí preparó con tiempo fue el ramo, y en las orejas se colgó unos aros azules que le había regalado una amiga, un gesto pequeño pero cargado de afecto. Emanuel, en tanto, reconoció entre risas que definió su look recién mirando el pronóstico del tiempo y revisando qué tenía colgado en el placard, una confesión que desarma cualquier imagen de boda producida y devuelve todo a la escala humana que tuvo realmente la jornada.

Lo que me queda dando vueltas, y se lo dejo como pregunta a quien haya llegado hasta acá, es por qué nos siguen conmoviendo estas bodas mínimas. Será porque, en tiempos de fiestas enormes y de cenas con cientos de invitados, ver a una pareja elegir un Registro Civil, un traje sastre, un ramo discreto y apenas 36 testigos se parece bastante a lo que muchos entendemos por un casamiento de verdad. Como le dijo una vez una abuela del barrio de San Isidro, a la que siempre recuerdo cuando se habla de amores largos: al final, hijo, lo que sobra es la fiesta; lo que falta, el sí.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

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