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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Tres ingredientes, una proporción y cero ciencia: las galletitas 3-2-1 que cualquiera puede hacer en casa

Sin huevo, sin leche y sin polvo de hornear. Harina, manteca y azúcar en partes fijas: la fórmula más sencilla del recetario argentino para cuando aparecen las ganas de hornear sin complicarse la vida.

LS
Leandro SaadeTurismo · · lectura 3 min
Tres ingredientes, una proporción y cero ciencia: las galletitas 3-2-1 que cualquiera puede hacer en casa

Lo bueno de viajar —y de comer— es que siempre aparece alguien que te simplifica la existencia. En este caso no es un guía turístico sino una receta que lleva el mismo nombre que su proporción: 3-2-1. Trescientos gramos de harina, doscientos de manteca y cien de azúcar. Nada más. Ni huevo, ni leche, ni polvo de hornear. Tres ingredientes que probablemente ya tenés en la alacena y una matemática que no requiere calculadora ni secundario completo.

La gracia de esta fórmula es que se escala. Si querés la mitad, vas a 150, 100 y 50 gramos. Si te visitan amigos y necesitás el doble, saltás a 600, 400 y 200. Misma relación, mismo resultado. Para una tanda estándar, la inversión ronda los pocos pesos de harina, un paquete de manteca y el azúcar que ya tenés abierto. Una docena de galletitas sale por menos que un café en cualquier aeropuerto argentino.

La manteca manda, como siempre

Acá aparece el primer secreto no negociable: la manteca tiene que estar en punto pomada. O sea, blanda pero no derretida. Si apretás con el dedo cede, pero conserva la forma. Si la dejaste al sol de un mediodía de enero y se transformó en líquido, la masa va a quedar floja y las galletitas se van a expandir en el horno como si fueran un mapa de Argentina. Si en cambio la sacaste recién de la heladera y está dura como un ladrillo, te va a costar un rato integrarla con el azúcar. Mi consejo práctico: en días de calor, después de trabajarla unos minutos, volvé a meterla en frío antes de empezar.

El trabajo mínimo es la clave

Una vez unidas la manteca y el azúcar hasta lograr una crema pareja, se incorpora la harina de una sola vez o en dos tandas. Espátula, manos frías, lo que tengas a mano. Pero atención: el objetivo no es amasar. Apenas compactar. Cuanto menos se toque la masa, más tierna y quebradiza va a quedar la galletita. Es el tip que repiten todas las abuelas y que uno aprende a los golpes después de haber convertido más de una preparación en una masa de briks.

Frío, estirado y horno caliente

  • Formar un bollo, aplastarlo apenas, taparlo y mandarlo a la heladera al menos 30 minutos. El frío devuelve firmeza a la manteca y hace que las formas no se deformen en el horno.
  • Si vas a usar cortantes, conviene enfriar las piezas ya formadas otros 10 minutos antes de llevarlas al horno. Ese pequeño paso extra marca la diferencia entre un círculo y una mancha amorfa.
  • Estirá la masa entre dos hojas de papel manteca, sin agregar harina extra. Medio centímetro de grosor da una galletita con algo de ternura en el centro; más fina, queda crujiente; más gruesa, suma unos minutos de cocción.
  • Horno bien caliente de antemano. Las galletitas están listas cuando los bordes se doran levemente pero el centro todavía se ve claro. Cuando salen parecen blandas: no las toques. La manteca se solidifica en los primeros minutos de enfriado y la textura se afirma sola.

Mi consejo práctico para el que se anima: arrancar con la mitad de la tanda la primera vez. Cien gramos de manteca no cuestan más de unos pocos pesos en cualquier supermercado del conurbano, y te da margen para equivocarte. Si te salieron bien, duplicás la próxima. Si te salieron mal, también —pero ya sabés qué corregir.

LS

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