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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Rubén Rada se fue rodeado de los suyos y deja una mochila llena de discos sin publicar

Su hija Lucila contó cómo fueron los últimos instantes junto al músico, el velatorio en el Palacio Legislativo y la caravana que lo acompañó hasta el Cementerio del Norte. Adelantó que la familia piensa hacer llegar al público más de diez discos que quedaron en el tintero.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · · lectura 5 min
Rubén Rada se fue rodeado de los suyos y deja una mochila llena de discos sin publicar

A veces uno se entera de las despedidas más importantes por la voz de alguien que las vivió desde adentro, y lo que cuenta le queda a uno dando vueltas en la cabeza durante días. Eso me pasó cuando leí el mensaje que Lucila Rada, la hija mayor de Rubén Rada, escribió para describir lo que ocurrió en aquel miércoles 26 de agosto, el día en que la familia se juntó alrededor de la cama y entendió, sin que hiciera falta que nadie lo dijera en voz alta, que se había terminado el tiempo de esperar.

Ella lo llamó el instante 0, y por la manera en que lo puso en palabras uno entiende que fue un momento de esos que cortan la respiración y después te la devuelven cambiada. Antes de que ese reloj empezara a correr, los Rada le hablaron al viejo como se le habla a alguien al que todavía se le puede decir todo: le dijeron lo que iban a sentir cuando él no estuviera, le pasaron en limpio cada cosa buena que les había dejado, y según contó Lucila, al músico se lo vio con una cara que ella describió como apacible y conforme, como si hubiera hecho los deberes con la vida y ya no le quedara nada pendiente.

Cuando salieron de la sala y agarraron los teléfonos, se encontraron con un aluvión. Mensajes, audios, llamados, de todos lados. Y ahí, en la compu de tantos mensajes juntos, la familia entendió otra cosa: que el dolor no era de ellos solos. Lo que les pasaba adentro de la casa le estaba pasando a todo un país al mismo tiempo, y eso, en lugar de alivianarlos, les terminó de confirmar el tamaño del agujero que se abría.

Del Palacio Legislativo al Cementerio del Norte, con candombe y parlantes

El velatorio se hizo en el Palacio Legislativo, y por lo que cuenta Lucila, fue mucho más que una fila de gente pasando de a uno. Pasaron generaciones enteras, pasaron músicos, pasaron vecinos, pasaron fans de toda la vida, y la familia registró algo que a mí me parece clave: caras con una tristeza que no se volvía rencor, abrazos largos, llanto, pero también risas, y hasta baile, con la voz de Rada sonando de fondo en el salón. La propia Lucila agradeció a las autoridades del Palacio por haber entendido la dimensión del homenaje y haber cedido el espacio como lo que era, que es algo mucho más grande que un trámite administrativo.

“Nos dimos cuenta de que el dolor era generalizado, que nos acompañaban, que se había generado un campo magnético de afecto que extendía ese instante 0 hacia lo que empezamos a llamar el km 0, un punto de partida común.”Lucila Rada

Después vino el cortejo, y ahí la escena se llenó de montevideano por los cuatro costados. La columna fue desde Isla de Flores hasta el Cementerio del Norte, con candombe, con música, con una marea de gente que caminó como caminando se va a un funeral que es al mismo tiempo un festejo. Lucila destacó, entre todas las imágenes, tres que a mí me parece que vale la pena guardar: dos pibes que siguieron la caravana arriba de un monopatín con un parlante que iba escupiendo temas del Rada, varias personas que se acercaron vestidas con prendas rojas como llamando la atención sobre la causa que el músico siempre defendió, y un círculo de tambores que no paró de sonar durante todo el recorrido, como un pulso enorme que le iba marcando el paso a la multitud.

  • El cuerpo fue despedido en el Palacio Legislativo, donde hubo abrazos, llanto, baile y la voz de Rada sonando en el salón.
  • El cortejo fue de Isla de Flores al Cementerio del Norte, con candombe, música y una multitud que caminó durante todo el trayecto.
  • Se destacó la imagen de dos jóvenes que siguieron la caravana en monopatín con un parlante, de personas con prendas rojas y de un círculo de tambores que sonó durante el recorrido.

Más de diez discos inéditos, el legado que todavía no sonó

Pero lo que a mí más me agarró del mensaje de Lucila, y supongo que también le va a agarrar a cualquiera que siga de cerca la música del Rada, fue el final. Porque resulta que Rubén Rada se fue, pero se fue con una mochila llena de música que todavía no había salido a la calle. Más de diez discos, dijo la hija, que están guardados y que la familia tiene toda la intención de ir sacando de a poco, con cuidado, sin apurarse, para que el público pueda escucharlos. Lo dijo casi como quien abre una puerta y deja ver que adentro hay un montón de cuartos todavía sin recorrer.

Yo me quedo pensando en lo que significa eso. Un músico que ya era enorme mientras estaba en pie, y que igual tenía material para rato, esperando el momento de salir. Es como cuando una abuela se va y uno descubre, revisando los cajones, que tenía cartas que nunca mandó, fotos que nunca mostró, dibujos que nunca terminó de pintar. Pero en este caso lo que hay en los cajones son discos enteros, y la familia ya avisó que piensa ir dándolos a conocer de manera gradual, que es una manera elegante y respetuosa de decir que esto va a seguir vivo y va a seguir sonando durante mucho tiempo más.

Y uno cierra la lectura del mensaje de Lucila con una sensación rara, de esas que mezclan el golpe con algo parecido a la gratitud. Golpe, porque se fue un tipo irreemplazable. Gratitud, porque se fue como quiso irse, rodeado, escuchado, entendido, y porque todavía nos debe más de diez discos. A mí, que lo escuché toda la vida, se me ocurre que el Rada se fue como se van los grandes: dejando la música lista para sonar y a la gente con ganas de seguir bailando, aunque sea con un nudo en la garganta.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

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