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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Raccoon City, de vuelta en el cine: el regreso de Resident Evil con Bryan como nuevo protagonista

La nueva película dirigida por Zach Cregger recupera la atmósfera de los videojuegos con un guion original: criaturas mutadas, linternas en pasillos oscuros y la búsqueda interminable de municiones que ya es marca registrada de la saga de Capcom.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · · lectura 5 min
Raccoon City, de vuelta en el cine: el regreso de Resident Evil con Bryan como nuevo protagonista

Tengo que confesar algo antes de arrancar: la primera vez que agarré un control y me metí en Raccoon City fue en el segundo juego de la saga, ese de 1998 en el que Claire Redfield y Leon S. Kennedy aparecían en la ciudad buscando a Chris, el hermano de ella. Pasaron los años, jugué otros títulos, vi las películas con Milla Jovovich y, sin embargo, cada vez que escucho el sonido de una puerta abriendose con esa música de tensíon, se me acelera el pulso. Por eso, cuando me confirmaron que estaba volviendo Resident Evil al cine con una historia original y un director nuevo, lo primero que hice fue anotarme para escribir esta nota y tratar de explicarles, a los que peinan canas como yo y a los más jóvenes, qué es lo que trae esta entrega que acaba de presentarse en sociedad.

La película se llama, simplemente, Resident Evil, y la dirige Zach Cregger. No es una secuela directa de las anteriores que llegaron a la pantalla grande, ni una remake de los videojuegos. Es, como subraya la propia producción, una historia original e independiente, pensada para funcionar en una trama propia pero con el ADN puesto a rodar. El protagonista se llama Bryan, y lo que hace a lo largo del metraje es algo muy familiar para cualquiera que haya tenido un joystick en la mano: caminar por pasillos oscuros, juntar llaves, destrabar cerraduras, buscar cartuchos, y, en el medio, tratar de que no lo maten las criaturas que Umbrella, la farmacéutica dueña de todos los males, dejó sueltas por ahí.

Raccoon City, la alcantarilla, la granja y el hospital

La acción se reparte por cuatro escenarios que cualquier fanático de la saga reconoce al cierre de los ojos. Primero, las calles de Raccoon City, que en el universo Resident Evil no es solo una ciudad sino el epicentro del desastre: allí funciona el laboratorio desde el que Umbrella propagó el brote biológico que convirtió a la gente en zombis y a los perros, en pesadillas con tentáculos. De ahí la historia se muda a una alcantarilla, después a una granja y, finalmente, a un hospital, donde se cierran varias de las situaciones más tensas del filme. En esa recorrida aparecen dos personajes secundarios clave: dos científicos de Umbrella encarnados por Paul Walter Hauser y Zach Cherry, que pasan buena parte de la película tratando de tapar el desastre que, en última instancia, ellos mismos desataron. Es un clásico del género: los villanos intentando controlar el monstruo que crearon.

  • Puertas cerradas con llave: Bryan se topa con accesos bloqueados que tiene que destrabar, un recurso clásico de los juegos para condicionar el avance.
  • Búsqueda de cartuchos en una granja: tener un arma no alcanza, también hay que conseguir la munición correcta, en este caso los cartuchos para una escopeta.
  • Ampliación de armamento en el recorrido: durante la película Bryan consigue una pistola, una escopeta y un rifle de asalto.
  • Linterna en la oscuridad: el personaje lleva una para moverse por la nieve, las alcantarillas y las calles, igual que en los juegos, donde además puede delatar la posición del jugador ante ciertos enemigos.
  • Criaturas reconocibles: un perro cuya cabeza se abre en tentáculos dentro de un granero, una criatura que ataca con vómito ácido en el ascensor del hospital y un monstruo hecho de fragmentos de cuerpos que crece a medida que suma restos con sus tentáculos.

Hay un detalle que los más veteranos van a notar enseguida, y que a mí, personalmente, me devolvió a tardes enteras frente a la pantalla, y es que el personaje principal no solo tiene que encontrar armas sino también recargas para esas armas. En una escena dentro de la granja, por ejemplo, Bryan se cruza con la escopeta pero no tiene con qué dispararla. Entonces, mientras afuera la nieve cae y adentro el ruido se vuelve sospechoso, lo vemos abrir cajones, revisar estanterías y juntar cartuchos uno por uno. Es un momento que puede sonar menor, casi doméstico, pero es puro Resident Evil: la tensión no está solo en el monstruo que aparece de golpe, está también en la espera, en la posibilidad de quedarse sin balas justo cuando el pasillo se vuelve a oscurecer.

Una saga que arrancó en 1996 y sigue latiendo

Para los que llegaron tarde, vale la pena repasar el punto de partida. La franquicia nació en 1996 con el primer Resident Evil para la consola que en Argentina llamábamos, con cariño, laPlayStation gris. En aquella entrega, Chris Redfield y Jill Valentine quedaban atrapados en una mansión llena de zombis. La segunda llegó en 1998, sumó a Claire Redfield y a Leon S. Kennedy y trasladó el conflicto a Raccoon City. Desde entonces, la ciudad quedó instalada en el imaginario de varias generaciones de jugadores. Lo que hace Cregger con esta nueva película es retomar ese universo a través de escenarios, criaturas y reglas de supervivencia que ya son marca registrada: un protagonista solo, una linterna, una mochila, pocas balas y muchos pasillos donde algo puede estar esperándote del otro lado de la puerta.

Mi vieja, que es de las que todavía se asombra con cada avance del cine, me preguntó el otro día por qué esta vez había que ir a ver Resident Evil al cine si ya estaban los juegos y las películas viejas. Le dije que la respuesta más honesta, la que le doy ahora a ustedes, es que estas sagas vuelven cada tanto porque algo de su atmósfera sigue funcionando: esa mezcla de miedo, de ingenio para resolver puzzles y de soledad en pasillos vacíos que nos gusta atravesar, aunque sea en la butaca. Como me dijo una vez Tito, un amigo percusionista de la comparsa Los Eternos, mientras practicábamos un tema nuevo: hay músicas que uno escucha una sola vez y ya forman parte de la casa. Con Resident Evil pasa parecido: te alcanza con cerrar la puerta de la sala y prender la tele para que el ruido de los zombis se vuelva, otra vez, parte de la familia.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

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