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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Puchero, el perro que eligió ser policía en Neuquén y cumple más de una década patrullando las calles junto a los bicipolicías

Duerme en un colchón en la Comisaría Primera de Ministro González y Mendoza, lleva un chaleco impermeable cosido por voluntarias y se convirtió en un símbolo popular de la fuerza neuquina. Esta es la historia del perro que nadie trajo, que todos alimentan y que nadie pudo adoptar.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 3 min
Puchero, el perro que eligió ser policía en Neuquén y cumple más de una década patrullando las calles junto a los bicipolicías

En la Comisaría Primera de la ciudad de Neuquén, en la esquina de Ministro González y Mendoza, hay un agente muy particular que todos los días se presenta en la puerta antes de que arranque el turno: se llama Puchero, tiene unos doce años, duerme en su propio colchón dentro del destacamento y hace más de una década que sale a recorrer las calles de la ciudad acompañando a los bicipolicías, sin que nadie lo haya traído ni nadie lo haya podido adoptar. Esta es, créanme, una de esas historias que uno cuenta y la gente no termina de creer, pero cada detalle está confirmado por quienes conviven con él.

Un chaleco con mensaje y una base de operaciones bien definida

Sobre el torso, Puchero lleva un chaleco impermeable con la leyenda "No me lo robes... yo también tengo frío", que fue cosido por integrantes de la agrupación Patas Unidas Neuquén, una organización local de proteccionistas que trabaja junto a voluntarios en distintas ciudades de la provincia. Cada vez que camina por la vereda junto a los efectivos en bicicleta, muchos vecinos asumen que se trata de un perro callejero en busca de hogar, pero nada más lejos de la realidad: tiene cama fija en la seccional, vacunas al día y una rutina de patrullaje que conoce de memoria.

Su base oficial es la Comisaría Primera, pero su radio de movimiento es bastante más amplio y abarca la zona del hipermercado Jumbo, el corredor este-oeste de la ciudad y la Comisaría Segunda. Hay días, incluso, en los que aparece por su cuenta en la División de Policía Motorizada, sobre la calle Petróleo y el cruce con Intendente Carro, y nadie se extraña: como toda la fuerza lo conoce, siempre tiene dónde descansar y recibir su ración.

Los bicipolicías, su otra familia

Los bicipolicías son quienes más tiempo comparten con él, y vale la pena detenerse un momento en esta modalidad de patrullaje que existe en Neuquén. La modalidad nació en el año 2000 por iniciativa del entonces comisario Mario Barros, junto a un grupo de agentes de Cutral Co que empezaron a cubrir el territorio en bicicleta. Puchero llegó varios años después, ya con la rutina instalada, y la adoptó como propia: cuando arranca el turno, ya está listo en la puerta, como me lo describieron los propios efectivos.

“Aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención. Cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado.”Nemesio Lagos, agente bicipolicía con nueve años en la fuerza

Cómo se comporta en la calle y por qué nadie pudo adoptarlo

En la calle, Puchero combina una calma sorprendente con una atención permanente. Lo describen como indiferente frente a otros perros: si alguno lo provoca, lo ignora sin más. En cambio, ante una situación tensa, como puede ser un procedimiento policial, reacciona ladrando para alertar, pero siempre se queda ahí, sin escalar nunca la situación. "Se da cuenta enseguida. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso", resume la agente Aldana Campos, que lleva tres años en la seccional y conoce al perro desde su ingreso.

Hubo intentos concretos de adoptarlo. Vecinos interesados se acercaron a la Comisaría Primera con la mejor intención y más de un agente lo consideró también, pero el perro nunca aceptó irse. "Lo quisieron adoptar, pero no pasó nada. Se quedó en la jefatura. Ya es de acá", cuenta Campos con una mezcla de resignación y cariño que, según me confiaron, es la misma sensación que se repite entre todos los que trabajan en el lugar. Su alimentación, vale aclararlo, se sostiene con los aportes del propio personal de los destacamentos por los que pasa, y los controles veterinarios están al día a pesar de los años. Por eso, cada vez que lo ven aparecer con su chaleco impermeable por las calles del centro neuquino, los vecinos se detienen a fotografiarlo: saben que ese perro no se perdió, sino que, de alguna manera, eligió quedarse.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

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