Poner el cuerpo en las islas: la búsqueda de Pablo Aparo entre los kelpers y la herencia viva de 1982
El director viajó tres veces a Malvinas entre 2020 y 2024, convivió con un terrateniente que rechaza a la Argentina y registró ceremonias, silencios y memorias que rara vez cruzan el Atlántico. Su documental "Los vencedores" pasó por el BAFICI y por el Malba, y todavía se proyecta en salas de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba.
Yo vengo siguiendo de cerca lo que se filma y se escribe sobre Malvinas desde hace años, y pocas veces un trabajo me había obligado a mirarme como argentina frente a la guerra desde el otro lado del mostrador. Por eso me detuve en "Los vencedores", el documental de Pablo Aparo que acaba de pasar por el BAFICI con dos premios bajo el brazo y que estos días sigue en cartel en salas de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba, una gira pequeña pero sostenida que conviene acompañar revisando la programación de cada cine porque las funciones se mueven semana a semana.
Tres viajes, una misma pregunta
Aparo, cineasta de cuarenta años, partió de una inquietud que a mí también me parece incómoda y por eso valiosa: en las islas viven alrededor de 3.500 habitantes civiles, una cifra comparable a la cantidad de militares que permanecen de manera permanente en la base aérea británica de Monte Agradable, y sin embargo esa vida cotidiana casi no aparece en el cine argentino. Para empezar a llenar ese vacío, el director armó tres estadías: la primera en 2020, de apenas diez días, y luego dos viajes largos en 2023 y 2024 que juntos suman cinco meses. Tuvo que gestionar los permisos de filmación ante la Administración de Malvinas, la autoridad local, y se topó con un recibimiento desparejo: algunos vecinos lo dejaron entrar con la cámara al hombro, otros le pidieron que la guardara y un tercer grupo directamente le cerró las puertas de ciertos lugares.
Yo subrayo ese dato porque a veces hablamos de Malvinas como si fuera un solo bloque y la película recuerda que no: hay una comunidad de personas con opiniones, recelos y heridas distintas, y filmarlas no es unaaventura exótica sino un trabajo delicado de negociación cotidiana.
Matt, el único que dijo que sí
El corazón del documental es la relación entre Aparo y Matt, un terrateniente de las islas dueño de una estancia extensa en medio de las montañas y conocido por expresar en público su rechazo hacia la Argentina. Matt fue el único que aceptó la solicitud de filmación y esa misma tarde el director ya estaba durmiendo en su granja, una manera de empezar que a mí me parece casi brutal por lo directa: nadie garantiza nada, la cámara se gana estancia a estancia.
La Sala del Ganso y el peso de la memoria
Uno de los momentos más fuertes de la película, y lo cuento con cuidado porque me costó procesarlo, es la visita de ambos al Salón de la Pradera del Ganso, conocido en Argentina como la Sala del Ganso, el recinto donde el Ejército Argentino mantuvo encerrados a los isleños durante varias semanas en mayo de 1982, entre ellos al propio Matt y a su familia. La presencia de un cineasta argentino provocó que varios asistentes se levantaran y abandonaran el lugar, una reacción que la película no esconde y que muestra sin subrayados moralistas. Yo leí esa escena como una advertencia: el pasado no se entrevista en abstracto, se entrevista con el cuerpo presente, y ese cuerpo carga con una bandera que para algunos todavía significa ocupación.
“Isleños que abrieron galpones después del cese del fuego encontraron donaciones de ropa de invierno y alimentos enviados desde el continente para los soldados argentinos, que habían estado expuestos al frío sin recibirlas. También aparecen cartas que soldados escribieron a los propios kelpers, redactadas en inglés elemental, pidiendo comida o abrigo.”Fragmentos del documental "Los vencedores", de Pablo Aparo
Esa postal, la de un soldado pidiendo abrigo en un inglés básico a los propios isleños, me parece una de las imágenes más honesta que dejó la guerra y casi nunca circula en nuestro país: la de un continente que mandaba ropas y comida que no llegaron a sus propios soldados. La película deja que esos testimonios hablen, sin pedirles que se ajusten a ningún relato.
"Los vencedores" también registra ceremonias y vida diaria de los kelpers, su relación con el campo, con el viento y con el mar, y va armando una postal de las islas que se aleja tanto del manual militar como del folleto turístico. Pasó por el BAFICI con dos premios y tuvo funciones en el Malba, lo que le dio visibilidad en el circuito de cine de arte, y ahora está recorriendo salas comerciales de cuatro ciudades argentinas. Si les interesa, vale la pena chequear la cartelera antes de ir, porque la programación cambia semana a semana y varias funciones son limitadas.
A mí me queda una pregunta que el propio material dejó flotando, y que me animo a compartirles: ¿cambiaría algo en nuestra imagen de las islas ver la historia desde la perspectiva de quienes viven allí, con sus nombres y sus rencores, sin la cómoda traducción que solemos hacer desde Buenos Aires? La respuesta, sospecho, no la tiene una sola película, pero "Los vencedores" se atreve a poner el cuerpo donde casi nadie lo pone, y eso ya es muchísimo.
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