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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Patricio Abadi se sube al escenario con las VHS, la risa y el dolor de haber perdido a su madre

Lenguajes del adiós se presenta todos los domingos a las 18 en El Camarín de las Musas y propone un biodrama austero, sin golpes bajos, donde el dramaturgo reconstruye la enfermedad y la muerte de su mamá, profesora de letras, a partir de videos caseros y recuerdos familiares.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · · lectura 4 min
Patricio Abadi se sube al escenario con las VHS, la risa y el dolor de haber perdido a su madre

Me pasó algo raro la otra vez, sentada en una butaca chiquita del Abasto, viendo cómo un tipo solo, con un escritorio y una silla, se animaba a contar delante de un montón de desconocidos la peor cosa que le pasó en la vida. La sala estaba en silencio, de ese silencio que no es incomodidad sino atención, y yo me di cuenta de que estaba llorando sin drama, casi sin darme cuenta. Así me encontró Lenguajes del adiós, el unipersonal que Patricio Abadi escribió, dirige y protagoniza para hablar de su madre, una profesora de letras que se murió de cáncer de páncreas y que durante años fue la espectadora más fiel de su hijo dramaturgo.

El Camarín de las Musas, en Mario Bravo 960, se llena los domingos a las 18 de un público que va a ver algo que no es una obra de teatro al uso, sino un biodrama: Abadi no construye un personaje, no se disfraza de nadie, no inventa una ficción para escudarse. Está él, con su voz, su cuerpo y sus recuerdos, y a la vez está ella, la madre, reconstruida a partir de cintas VHS filmadas por el propio Abadi y por su hermano en los últimos meses de vida de ella. Esas imágenes, caseras, movidas, a veces borrosas, funcionan como columna vertebral del relato y le sacan al espectador cualquier sospecha de montaje edulcorado: acá no hay nada actuado, lo que se ve pasó de verdad.

Un escritorio, una silla y mucho humor para no caer en la sensiblería

La puesta es deliberadamente austera. No hay luces teatrales elaboradas ni efectos de video producidos: el escenario es apenas un escritorio pequeño, una silla, algunos objetos y una pantalla donde se proyectan los registros en VHS. Esa sencillez, lejos de restarle, le suma: la atención se va directo a lo que se cuenta y a cómo se cuenta, y lo que se cuenta es una historia familiar con sus momentos luminosos y sus momentos durísimos, sin que la mano del dramaturgo apriete donde duele.

Porque uno de los hallazgos más lindos de Lenguajes del adiós es el modo en que Abadi alterna el dolor con el humor. Hay un tramo, por ejemplo, en el que recuerda la primera presentación de su pieza Ya no pienso en el matambre ni le temo al vacío en un festival teatral, y la reacción de su madre en esa ocasión, una reacción que lo define como autor y como hijo, y que funciona como una de esas carcajadas que se dan en medio del velorio, cuando el cuerpo todavía no termina de irse y la familia ya necesita reírse para no quebrarse.

“El cáncer de páncreas está asociado a la falta de dulzura. Y yo pienso en mamá. En todas las caricias que le fueron sustraídas a mi mamá desde la infancia. No nacer del deseo sino de la atrocidad.”Susan Sontag, citada por Patricio Abadi en escena

Una profesora de letras, una madre, y el duelo que se hace obra

  • Quién la escribe y la actúa: Patricio Abadi, autor de más de cuarenta obras teatrales y uno de los dramaturgos con mayor recorrido del teatro argentino actual.
  • Qué se cuenta: el proceso de enfermedad y muerte de su madre, profesora de letras, fallecida de cáncer de páncreas, a través de recuerdos familiares y registros en VHS filmados por él y su hermano.
  • Cómo está puesta: una escenografía austera, con un escritorio pequeño, una silla, algunos objetos y una pantalla para las proyecciones de video casero.
  • Qué tiene de singular: es un biodrama íntimo en el que Abadi no interpreta un personaje sino que se muestra como hijo y como autor, en un equilibrio poco habitual entre emoción y humor.
  • Cuándo y dónde se la puede ver: los domingos a las 18 en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960, con una duración aproximada de 60 minutos. La obra viene del Teatro Nacional Cervantes, donde tuvo su estreno.

Hacia el final, la pieza cambia el foco: aparecen imágenes en video del hijo pequeño de Abadi junto a su exesposa, como contrapunto de todo lo anterior. Después de tanto VHS de despedida, esos minutos funcionan casi como un suspiro, como la prueba de que la vida sigue aunque alguien se haya ido, y dejan al espectador con la sensación de que el duelo no termina cuando se baja el telón, sino que se vuelve a abrir cada vez que un hijo mira a su propio hijo. Antes de salir del Camarín, una señora grande me dijo al oído, con esa voz de abuela de barrio que se ahorra las palabras: 'Yo vine a ver a mi nuera, y terminé llorando por la mía'. Y eso, creo, es lo que mejor define a Lenguajes del adiós: una obra que le pasa a cada uno lo que tiene que pasarle, sin pedir permiso.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

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