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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Pantallas a la hora de dormir: cómo la luz azul y el contenido que elegimos sabotean el descanso

Especialistas en medicina del sueño explican por qué el celular, la tablet y la computadora se convierten en el primer punto de consulta cuando alguien llega al consultorio diciendo que no puede dormir, y comparten estrategias concretas para reducir su impacto sin necesidad de eliminarlos.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 4 min
Pantallas a la hora de dormir: cómo la luz azul y el contenido que elegimos sabotean el descanso

En la consulta con cualquier especialista en sueño, lo primero que aparece sobre la mesa no es un estudio ni un medicamento: es la pregunta sobre qué hace cada paciente con el teléfono, la tablet o la computadora antes de acostarse. Esa respuesta suele confirmar el patrón más frecuente en la práctica clínica, el de personas que se llevan a la cama una pantalla encendida y, con ella, un cerebro que se niega a apagar. La buena noticia, a diferencia de lo que ocurre con un trastorno subyacente, es que se trata de un hábito modificable.

La luz azul y el contenido que mantenemos en la cabeza

La luz que emiten los dispositivos electrónicos, sobre todo la de espectro azul, inhibe la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo de sueño y vigilia. Pero la científica del sueño Carleara Weiss, asesora de la empresa Aeroflow Sleep, aclara que la luz es apenas una parte del problema. El otro factor, muchas veces subestimado, es el tipo de contenido: revisar noticias, responder mensajes, deslizarse por redes sociales o leer correos laborales mantiene al cerebro en un estado de activación justo cuando debería empezar el proceso de descanso.

La especialista en sueño conductual Shelby Harris, integrante del consejo asesor de la organización Project Sleep, pone el acento en ese segundo punto. Para Harris, el aparato en sí importa menos que lo que se hace con él. Actualizar el trabajo o seguir un hilo informativo ocupa la cabeza de un modo en que un video tranquilo o música suave no lo hacen. Las pantallas, además, deforman la percepción del tiempo y facilitan que la hora de dormir se postergue sin que la persona advierta el retraso.

“No es necesario eliminar las pantallas antes de dormir, pero sí ser consciente de lo que se hace en ellas y cuánto estimulan”Shelby Harris, especialista en sueño conductual e integrante del consejo asesor de Project Sleep

Por qué las pantallas son el punto de partida y no la causa última

Rupali Drewek, codirectora del programa de medicina del sueño del hospital pediátrico Phoenix Children's, aclara que las pantallas son la primera pregunta de la consulta, pero no una conclusión anticipada. Otras causas frecuentes que aparecen en el consultorio incluyen el estrés acumulado, los horarios irregulares de descanso, el consumo de cafeína en horas tardías, el alcohol, el sedentarismo, ciertos medicamentos y condiciones como el reflujo, el dolor crónico o los cambios hormonales. También forman parte de la lista los trastornos específicos, como la apnea obstructiva del sueño o el síndrome de piernas inquietas.

Drewek agrega que algunos despertares nocturnos forman parte de un sueño normal y no deberían preocupar. Lo que define si existe un problema real es la frecuencia de esos episodios, la duración, la capacidad de volver a dormirse y el efecto sobre el humor, la atención y el rendimiento durante el día. Cuando ese cóctel empieza a deteriorar la calidad de vida, la consulta profesional deja de ser opcional y pasa a ser necesaria.

Estrategias concretas para reducir el impacto

  • Establecer una franja de al menos treinta a sesenta minutos antes de dormir sin pantallas encendidas, usándola como transición para leer, escuchar música suave o conversar.
  • Activar el modo nocturno o el filtro de luz azul en teléfonos, tablets y computadoras, aunque esa configuración no reemplaza la recomendación de distancia temporal.
  • Reservar la cama para dormir, evitando que se convierta en oficina, sala de noticias o escenario de redes sociales, y dejar el celular cargando fuera del alcance de la mano.
  • Preferir contenidos pasivos y de bajo estímulo, como música relajante o podcasts de tono sereno, en lugar de noticias, correos laborales o hilos de redes que exigen respuesta.
  • Mantener horarios regulares de sueño y vigilia, ya que la previsibilidad del reloj interno ayuda a que la melatonina se libere en el momento adecuado.
  • Si el trabajo exige pantallas hasta tarde, anotar las tareas pendientes antes de apagar y dejar el celular fuera del dormitorio para no regresar a la pantalla ante cada notificación.

Modificar este hábito no requiere grandes inversiones ni decisiones heroicas, sino pequeños acuerdos diarios con uno mismo. Cada noche es, en rigor, una oportunidad para devolverle al cerebro el silencio que las pantallas le vienen negando, y para recordarle al cuerpo que la cama es un lugar de descanso, no una extensión de la jornada laboral.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

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