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VIE, 16 OCT 2026
Vida

NutreAR: el consenso que pone el foco en cómo y con quién se come, y no solo en qué se come

Especialistas en nutrición pediátrica presentaron un documento que recorre la infancia y la adolescencia con una idea central: la comensalidad, es decir, todo lo que rodea el acto de comer, puede ser tan determinante como la calidad de los alimentos en el plato.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 4 min
NutreAR: el consenso que pone el foco en cómo y con quién se come, y no solo en qué se come

Soy Nadia Cussi, de Sociedad y pueblos originarios, y esta nota arranca en el 9° Congreso Argentino de Nutrición Pediátrica, organizado por la Sociedad Argentina de Pediatría, donde se presentó el consenso NutreAR, desarrollado por PROFENI, la agrupación que reúne a Profesionales Expertos en Nutrición Infantil. La propuesta recorre la franja etaria que va de los dos a los diecisiete años y pone en primer plano una idea que, a primera vista, puede sonar simple pero que cambia la manera de pensar la alimentación de los chicos: no alcanza con elegir bien qué se come, porque también pesa, y mucho, el modo en que se come.

Comensalidad: el concepto que ordena toda la discusión

El término que articula el documento es comensalidad, y conviene explicarlo porque es la llave de entrada al resto del consenso. La comensalidad agrupa todo lo que rodea al acto de comer: con quién se comparte la mesa, en qué momento del día, en qué lugar, con qué grado de distracción y con qué rutina. Para los especialistas que firmaron el documento, este concepto es tan relevante como el listado de nutrientes que necesita un niño según su edad, porque la comensalidad condiciona la manera en que los chicos construyen, desde temprana edad, sus preferencias y rechazos.

El documento pone especial acento en un mecanismo que los profesionales de la nutrición pediátrica conocen bien: el aprendizaje por imitación. Cuando un chico ve a sus padres, a sus hermanos, a un tío o a un amigo de la escuela comer de manera variada, está incorporando, casi sin darse cuenta, un repertorio amplio de alimentos. Lo inverso también es cierto, y ahí aparece uno de los puntos que el consenso busca visibilizar: la selectividad alimentaria, es decir, la tendencia de algunos chicos a aceptar siempre el mismo grupo reducido de comidas, se vuelve mucho más difícil de revertir cuando en el entorno cotidiano no hay referencias que muestren otras opciones.

  • Ofrecer de manera habitual algún alimento nuevo, aunque el chico lo rechace en los primeros intentos, porque la exposición repetida es la que termina abriendo el paladar.
  • Evitar consolidar menús demasiado restringidos, ya que cuanto más acotado es el repertorio, más cuesta sumar luego nuevas preparaciones.
  • Sostener al menos una comida compartida por día, preferentemente la cena, porque en la práctica es el momento donde más fácil coincide la familia.
  • Tener presente que la mesa puede ser familiar o no: cenar con amigos cumple la misma función de construir vínculos alrededor de la comida.
  • Prestar atención al uso de pantallas durante las comidas, ya que comer solos en el cuarto y frente a un dispositivo reduce las oportunidades de aprendizaje por imitación.

Uno de los tramos del documento está dedicado a la adolescencia, que es la etapa en la que, según los autores del consenso, más crece la tendencia a comer solos, generalmente en el cuarto y frente a una pantalla. Los especialistas advierten que, después de los catorce o quince años, ese patrón se profundiza y va recortando las oportunidades de seguir construyendo hábitos alrededor de la mesa. La recomendación operativa es directa: al menos una comida compartida por día, que en la mayoría de los hogares termina siendo la cena, porque es el momento donde las exigencias del trabajo, la escuela y las actividades deportivas suelen dejar menos resquicios para coincidir. Los especialistas aclaran que la mesa no tiene que ser familiar en sentido estricto, porque cenar con amigos cumple la misma función de encuentro.

La comensalidad también se extiende a la escuela

El documento no se cierra en el ámbito del hogar y, de hecho, una de sus observaciones tiene que ver con los comedores de las escuelas, en la medida en que funcionen con menús planificados bajo criterios nutricionales, y con las viandas que las familias preparan en casa. Para los especialistas que presentaron el consenso, esos espacios amplían la variedad de alimentos a los que los chicos están expuestos y funcionan como una extensión natural de la mesa hogareña. El mensaje de fondo, que atraviesa toda la propuesta, es que los chicos aprenden a comer, en buena medida, por imitación, y que ese aprendizaje se robustece cuando el entorno —la casa, la escuela, la mesa compartida— acompaña con coherencia lo que se les ofrece en el plato.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

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