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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Manzana o pera: el debate que importa menos de lo que parece y las claves que sí mueven el aguja del azúcar en sangre

La comparación entre las dos frutas más populares del otoño arranca de una premisa incompleta. Especialistas, la OMS y la Asociación Americana de la Diabetes coinciden en que la fibra, la piel y el acompañamiento con proteínas pesan más que elegir una ganadora.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 4 min
Manzana o pera: el debate que importa menos de lo que parece y las claves que sí mueven el aguja del azúcar en sangre

Soy Nadia Cussi, y lo confieso: durante años escuché en casas de familia, en ferias barriales y en mesas de redacción el mismo duelo, manzana versus pera, como si una de las dos fuera la llave secreta para domar el azúcar en sangre después de un almuerzo largo. Esa forma de plantearlo, con una fruta como heroína y la otra como villana, parte de una premisa incompleta que la Organización Mundial de la Salud se encarga de desarmar cada vez que recuerda que los azúcares naturalmente presentes en frutas enteras no se comportan igual que los que se agregan a los alimentos procesados, y que la estructura del alimento, con su fibra, su agua y su matriz vegetal, modifica de manera concreta la velocidad con la que la glucosa pasa a la sangre.

Un perfil parejo, con una diferencia que no cambia el partido

La manzana y la pera comparten un escenario nutricional muy parecido, y eso es lo primero que conviene subrayar: las dos tienen índice glucémico bajo, las dos aportan fibra soluble, agua y un surtido interesante de micronutrientes y compuestos vegetales, y las dos pueden formar parte de una alimentación cotidiana sin grandes sobresaltos metabólicos. En la manzana, el componente estrella es la pectina, una fibra que enlentece la absorción de glucosa en el intestino, acompañada por polifenoles que distintos estudios vincularon con el metabolismo de los hidratos de carbono; la Asociación Americana de la Diabetes, de hecho, señala que los alimentos ricos en fibra pueden favorecer un manejo más estable de la glucemia dentro de un plan equilibrado, una observación que vale tanto para la manzana como para la pera y para casi cualquier fruta entera.

La diferencia concreta, que es real pero chica, aparece cuando uno pone los números sobre la mesa: una pera mediana aporta alrededor de seis gramos de fibra, una cifra levemente superior a la de una manzana de tamaño equivalente, y buena parte de esa fibra se concentra en la piel y en la zona inmediata debajo de ella. La dietista registrada Whitney Stuart suele remarcar que la pera se cuenta entre las frutas con mayor densidad de fibra que pueden incorporarse con facilidad a la alimentación diaria, un dato que los lectores memorizan rápido pero que conviene leer en contexto, porque una diferencia de un gramo o dos no cambia la película si el resto de la dieta está bien armada.

Por qué obsesionarse con la fruta elegida puede ser un error

El nutricionista Toby Amidor, consultado por medios especializados, advirtió que dedicar demasiada energía a jerarquizar frutas individuales puede desviar la atención de lo que realmente pesa en el manejo del azúcar en sangre, que es la variedad y la regularidad. En la misma dirección apuntan la FAO y la OMS, que promueven dietas diversas con presencia regular de frutas y verduras, sin señalar a ninguna como superior a las demás, y remarcan que la suma de alimentos, colores y texturas a lo largo de la semana termina protegiendo más que cualquier elección aislada.

Las tres prácticas concretas que las guías recomiendan

  • Cuando la piel es comestible, conviene lavarla bien y conservarla, porque allí se concentra una parte importante de la fibra y de los compuestos vegetales que enlentecen la absorción de glucosa.
  • Combinar la fruta con una fuente de proteína o grasa, como yogur natural, queso fresco o un puñado de frutos secos, ayuda a frenar la digestión de los carbohidratos y suaviza la curva de azúcar en sangre.
  • Incluirla dentro de un patrón alimentario regular, sin reemplazar otros alimentos ricos en fibra, porque la magia está en la suma de fuentes y no en una fruta convertida en superheroína.

Si me permiten cerrar con una imagen que se repite en mi propia cocina, la manzana y la pera no compiten por un podio, sino que se suman a una mesa donde también están las verduras de hoja, las legumbres, los cereales integrales y las proteínas magras; es esa mesa, y no una fruta elegida con ansiedad, la que sostiene un azúcar en sangre más estable a lo largo de los días, y la que la OMS, la Asociación Americana de la Diabetes y los especialistas consultados insisten en defender cada vez que el debate vuelve a instalarse.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

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