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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

La vuelta de Al Di Meola: dos horas de cuerdas, flamenco y un regreso que suena a renacimiento

El guitarrista estadounidense volvió a Buenos Aires después del infarto que en 2023 le impidió terminar su gira por la región. En La Trastienda, junto a dos músicos españoles, repasó medio siglo de carrera con un repertorio que mezcló jazz, tango, flamenco y un puñado de clásicos que él volvió propios.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · · lectura 4 min
La vuelta de Al Di Meola: dos horas de cuerdas, flamenco y un regreso que suena a renacimiento

Llegué a La Trastienda con esa mezcla rara de expectativa y desconfianza que aparece cuando uno va a ver a un músico que hace poco estuvo al borde de la muerte. Al Di Meola, el guitarrista estadounidense que en 2023 sufrió un infarto en Bucarest que le truncó la gira por Argentina, volvía a pisar un escenario porteño, y la sala estaba llena hasta el último rincón. Dos horas y diez minutos después, cuando las luces se encendieron y el público empezó a guardar los teléfonos, me quedó una sensación que todavía no sé bien dónde guardar: la de haber visto a un tipo de 72 años que toca como si le debiera una explicación a la vida.

Un formato acústico con acento español

El show se armó con una formación mínima y precisa: Di Meola en guitarra, el español Isaac Romagosa como segunda guitarra y el percusionista Sergio Martínez haciendo todo el trabajo del mundo desde un cajón que sonaba como un barrio entero de Cádiz. El formato fue acústico, con apenas algunas distorsiones puntuales para darle filo a ciertos pasajes, y eso le dio a la noche un carácter íntimo, de esos conciertos donde se escucha respirar a los músicos entre tema y tema. Martínez fue el ancla rítmica de principio a fin: sus manos sobre el cajón marcaron el pulso de fandangos, soleás y rítmicas afrolatinas que convivieron con el jazz de fusión más reconocible del guitarrista.

La elección de los acompañantes no fue casual. Di Meola vino a esta gira con músicos de raíz flamenca, y esa decisión le tiñó toda la paleta sonora. Aparecieron evocaciones mediterráneas, rasgueos que sonaban a sur de España y momentos de improvisación colectiva donde las dos guitarras se contestaban como si fueran dos viejos conocidos discutiendo en una mesa de bar. Varios temas se estiraron bastante más que en sus versiones de estudio, a veces para bien, a veces no tanto.

Medio siglo de carrera en una noche

El programa fue un mapa casi completo de cinco décadas. Hubo referencias a su paso por Return to Forever, el proyecto que compartió con Chick Corea en los años setenta; versiones de The Beatles, incluyendo una “In My Life” que él transformó hasta hacerla sonar propia; y un tramo entero dedicado a Astor Piazzolla, con “Café 1930” como punto más alto. También se coló un cover de “The Sound of Silence”, de Simon y Garfunkel, que sonó menos previsible de lo que parece y terminó funcionando.

  • “Ava's Dance in the Moonlight”, dedicada a su hija, fue el momento más emotivo de la noche.
  • Temas propios como “Misterio”, “Infinite Desire” y “Eden” mostraron que el compositor sigue activo.
  • “Café 1930”, de Piazzolla, sonó como un abrazo al público porteño.
  • “In My Life” de The Beatles pasó por el filtro del jazz flamenco y sobrevivió.
  • “The Sound of Silence” apareció en un tramo medio, casi como un suspiro.
“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer.”Al Di Meola, en castellano, sobre el escenario de La Trastienda

Un cierre a todo trapo y algunas asperezas

Hacia el final, Di Meola invitó al público a acercarse al escenario y pasó lista de las canciones que tenía guardadas para el cierre. El broche fue “Mediterranean Sundance”, la pieza asociada a Paco de Lucía, con palmas del público y una cantidad obscena de teléfonos en alto grabando un momento que ya estaba pasando. Antes de eso, hubo un tramo en el que el guitarrista llamó a su ingeniero de sonido al escenario por un problema de audio que se prolongó más de lo razonable, y un par de improvisaciones que se estiraron hasta perder tensión. Son las asperezas lógicas de un show que apuesta a la conversación entre músicos y no al reloj: a veces la charla fluye y a veces se traba.

Sin embargo, esas irregularidades no opacaron el conjunto. Lo que quedó en el aire, cuando la última nota se apagó y la gente empezó a empujar despacio hacia la puerta, fue la imagen de un músico que volvió a Buenos Aires cuando muchos pensaban que no iba a volver, y que se plantó dos horas en un escenario con la misma energía con la que empezó a tocar cuando era un veinteañero flaco que le cambiaba la cara al jazz. Don Isaac, que estaba dos filas adelante y vino con su nieta, me dijo al salir, con esa frase que usan las abuelas cuando quieren resumirlo todo: “Mire, hijo, tocar así a esa edad es un milagro”. Yo no sé si es un milagro o es disciplina, pero sonó parecido. Y eso, en este oficio, ya alcanza.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

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