La Sociedad Argentina de Pediatría advierte que el acoso escolar ya no se detiene al salir del aula: cuando el celular se convierte en una extensión del patio del colegio
Un documento elaborado por ocho comités y subcomisiones de la entidad describe cómo el bullying y el ciberbullying se fusionaron en una misma agresión sostenida en el tiempo, con consecuencias que van desde dolores físicos hasta ansiedad y depresión. El texto apela a familias, escuelas y equipos de salud para construir respuestas colectivas.
Soy Nadia Cussi, de la sección Sociedad, y esta vez la noticia nace en un documento reciente que la Sociedad Argentina de Pediatría acaba de poner sobre la mesa para que nadie se haga el distraído: el acoso escolar que durante años conocimos como un fenómeno circunscripto al aula y al patio del colegio se transformó en algo mucho más invasivo, porque ahora viaja en el bolsillo de cada chico y de cada chica en forma de celular encendido las veinticuatro horas del día. La pediatra Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP, lo explica con una imagen que vale la pena repetir: antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones; hoy, con el acceso casi permanente al dispositivo, ese límite se vuelve cada vez más difuso y los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender el daño más allá de la escuela.
El texto, que fue elaborado por ocho comités y subcomisiones especializadas de la SAP, sostiene que una misma agresión puede empezar en el recreo, continuar esa misma tarde en un grupo de WhatsApp, escalar en redes sociales durante la noche y volver al aula a la mañana siguiente con la misma viralidad con la que se fue. Esa continuidad entre el espacio físico y el espacio digital es, según la entidad, lo que vuelve al fenómeno más grave: ya no hay momento del día en el que el chico pueda cortar, mirar para otro lado y respirar. Por eso la SAP insiste en que el abordaje tampoco puede ser individual ni quedar librado a la voluntad del propio afectado.
Qué formas toma el ciberbullying según la SAP
- Mensajes de odio y burlas enviadas por chat o redes sociales.
- Acecho o seguimiento digital de la víctima dentro y fuera de la escuela.
- Votaciones para humillar a un compañero o una compañera en plataformas online.
- Creación de perfiles falsos y suplantación de identidad.
- Difusión no consentida de información privada, fotos o videos.
- Exclusión deliberada de grupos de chat o de aplicaciones.
- Manipulación de imágenes y confección de memes con fines agraviantes.
- Uso de herramientas de inteligencia artificial para editar y difundir contenidos alterados, con audiencias mucho mayores que las del aula y dificultades serias para borrarlos.
La SAP aclara, además, un punto que muchas veces se confunde en las conversaciones de familia y en los propios medios: no toda pelea entre compañeros es bullying. Para que un episodio sea considerado acoso escolar tiene que reunir tres condiciones que el documento repite hasta volverlas una convicción: intención de causar daño, repetición sistemática en el tiempo y un desequilibrio de poder que impide a quien lo sufre defenderse o ponerle fin. Esas tres patas pueden sostenerse sobre formas físicas, verbales o simplemente relacionales, como aislar a alguien del grupo o dejarlo afuera de manera sostenida.
“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en la víctima. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”Sociedad Argentina de Pediatría, en su documento sobre bullying y ciberbullying
Las consecuencias que enumera la entidad no son menores y conviene leerlas con atención porque a veces los adultos tardamos en advertirlas: dolores físicos reiterados sin causa clínica clara, alteraciones del sueño, irritabilidad, descenso en el rendimiento escolar, ansiedad y, en los cuadros más graves, depresión e ideas de hacerse daño. Lo que la SAP pone en el centro del debate es que, si antes estas señales aparecían sobre todo en el horario escolar, ahora pueden aparecer a la noche, un domingo o en cualquier momento en que el celular se encienda. Por eso la entidad llama a familias, escuelas y equipos de salud a construir respuestas coordinadas que entiendan que el acoso ya no termina cuando suena la campanita del colegio.
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