La hidroterapia gana terreno como complemento de la rehabilitación: qué la distingue y en qué casos se receta
La terapia acuática se aplica en pileta bajo guía profesional y aprovecha la flotabilidad, la resistencia y la temperatura del agua para trabajar fuerza, equilibrio y marcha sin la exigencia de la gravedad. Especialistas detallan para qué cuadros clínicos se indica y qué aporta cada propiedad del medio líquido.
En las piletas de los centros de rehabilitación se repite una escena que hace unos años era poco habitual: personas con dolor de rodilla, adultos mayores con artrosis o pacientes que se están recuperando de una cirugía caminando, ejercitándose o estirando dentro del agua, siempre con un profesional al lado. Esa práctica tiene base clínica y un nombre concreto: terapia acuática o hidroterapia, una modalidad que utiliza las propiedades del agua como aliada del tratamiento médico y que cada vez se incluye con más frecuencia en las indicaciones de kinesiólogos, fisiatras y traumatólogos.
Cuatro propiedades del agua que cambian la rehabilitación
La terapia acuática se desarrolla en piletas de poca profundidad bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales. No exige saber nadar ni reemplaza a la rutina deportiva convencional: cada sesión se arma a partir de una evaluación individual y se ajusta al estado de salud, a la condición física y a los objetivos de cada paciente. Lo que la distingue es el medio en el que se trabaja, porque el agua modifica la forma en que el cuerpo ejecuta el movimiento a partir de cuatro propiedades físicas concretas.
- Flotabilidad: reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones. Con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal, lo que permite hacer ejercicios que resultarían dolorosos o directamente imposibles sobre una superficie firme.
- Resistencia del agua: el líquido ofrece hasta 700 veces más resistencia que el aire, de modo que permite trabajar la musculatura sin necesidad de pesas ni de otros equipos externos.
- Presión hidrostática: la presión que ejerce el agua sobre el cuerpo puede contribuir a reducir la hinchazón de los tejidos blandos.
- Temperatura: el agua tibia favorece la relajación muscular y prepara los tejidos para el movimiento.
Una sesión típica puede combinar movimientos de movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio y práctica de marcha. La fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, describió la modalidad como una fisioterapia con el aporte de la ingravidez: señaló que el trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia los ejercicios en tierra, lo que permite llegar a esa instancia con mayor seguridad y con menos dolor.
Los cuadros clínicos para los que se indica
La hidroterapia no es una práctica aislada ni un sustituto del tratamiento médico: siempre se aplica como complemento, sobre indicación profesional y dentro de un plan de rehabilitación más amplio. Entre los cuadros para los que se receta con más frecuencia aparecen la artritis, el dolor crónico, las lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar, y las etapas previas y posteriores a cirugías ortopédicas. También se la utiliza en fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y osteoartritis, donde el sostén del agua suele aliviar la carga que soportan las estructuras dañadas.
En condiciones neurológicas como la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y el accidente cerebrovascular, el medio acuático ofrece un marco más seguro para practicar coordinación y marcha con menor riesgo de caídas, algo clave para pacientes en los que una caída en tierra puede tener consecuencias serias. Los programas suelen organizarse en ciclos de dos a ocho sesiones, con el objetivo de que el paciente progress en tolerancia, en confianza y en autonomía, antes de evaluar el paso a una fase de mayor exigencia o el regreso a los ejercicios convencionales fuera del agua.
“El trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.”Jenea Smith, fisioterapeuta de la Universidad de Missouri
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