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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Hot Wheels Infinite Rush: la maqueta se rompe y los autitos salen a correr el mundo

Milestone lanzó un arcade de mundo abierto con más de 150 vehículos, cuatro islas temáticas y un entorno casi completamente destructible. Un juego sin campaña argumental que apuesta a la exploración libre y a la velocidad pura, con luces y sombras.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval · · lectura 4 min
Hot Wheels Infinite Rush: la maqueta se rompe y los autitos salen a correr el mundo

Te confieso algo antes de arrancar: yo jugaba con los autitos de la caja roja en el piso de la cocina de mi abuela, armando circuitos con libros de la primaria y haciendo choques que dejaban las rampas torcidas para siempre. Por eso, cuando me senté a probar el nuevo Hot Wheels Infinite Rush de Milestone, volví a sentir ese vértigo de infancia pero con la pantalla abierta. Esta vez no hay una pista cerrada que empieza y termina: hay un mundo entero por romper, recorrer y coleccionar, con la promesa de que cada choclo de luz, cada árbol y cada auto de tránsito pueden volar por el aire si uno se lo propone con ganas.

La propuesta abandona el esquema clásico de circuitos cerrados que había dominado a la franquicia durante años y se anima a un mapa de mundo abierto dividido en cuatro islas grandes, cada una con su propia personalidad y sus atajos escondidos. Wheelswood es la zona urbana, con rascacielos de mentira y calles donde el tránsito se cruza en el momento menos pensado; Tentacle Bay es el bioma costero, con arena, agua y ecosistemas que cambian el ritmo de la carrera; Gearville mezcla naves industriales con dunas de desierto, como si a alguien se le hubiera mezclado la ruta con un depósito; y Drifty Temples lleva todo a un paisaje de inspiración oriental, con pasos de montaña que parecen inventados para que el derrape se luzca como corresponde. El catálogo total supera los 150 vehículos y hay licencias de la propia marca y de fabricantes reales.

Cuatro formas de acelerar

  • Bólidos: privilegian la velocidad punta y recargan turbo mientras uno los deja correr en aceleración sostenida.
  • Derrapadores: juntan nitro en cada curva cerrada tomada a la manera de los derrapes largos, esa que cualquiera que miró una serie de autos de los ochenta conoce bien.
  • Equilibrados: generan energía con casi cualquier maniobra, lo que los vuelve la opción cómoda para los que no quieren pensar demasiado qué categoría les conviene.
  • Todoterreno o Titanes: pensados para el terreno irregular, con recarga automática de turbo que ayuda cuando el piso se pone complicado.

Lo que no hay es una campaña argumental que ate toda la experiencia con un hilo conductor, y eso se nota. Las primeras horas el juego te atrapa porque la libertad de exploración es enorme y el entorno, que es casi completamente destructible, te invita a probar cosas: árboles que se parten, luminarias que saltan, autos civiles que reaccionan al menor impacto y terminan en cualquier lado. Esa sensación de estar moviendo una maqueta interactiva a escala es uno de los grandes aciertos. El cambio entre categorías de vehículo es inmediato y no interrumpe la marcha, así que uno puede ir mutando de bólido a derrapador sobre la misma corrida sin perder impulso.

Para los que coleccionan, el título viene servido con fichas históricas de cada modelo, un editor de pintura, rines e interiores y modos multijugador que van desde lo competitivo con ranking hasta lo cooperativo o directamente casual. También hay un editor de pistas personalizadas, que le devuelve a uno la posibilidad de armar el circuito propio, como en la cocina de la abuela pero esta vez en la pantalla y sin tener que barrer pedazos de rampas después de cada prueba.

Lo técnico: un arcade parejo, con sus marcas

El juego se mantiene estable en 60 fotogramas por segundo, algo clave en un arcade de velocidad donde cada milésima se siente. Hay asperezas menores que conviene nombrar igual: algunas texturas del entorno cargan con cierto retraso y los tiempos de espera al reaparecer en la isla tras completar un evento rondan el minuto, lo que corta un poco el ritmo cuando uno viene embalado. El sonido, en cambio, es un punto alto: el impacto metálico y plástico de los choques está muy bien resuelto y devuelve justo la nostalgia de un golpe de autito contra la pared, esa que te queda sonando en la cabeza un rato largo.

¿A quién le conviene esta vuelta de tuerca? A los fanáticos de la marca que quieran ver a sus autos favoritos corriendo por un mapa entero y a los que buscan acción arcade sin complicaciones, sin cinemáticas eternas ni tutoriales que te expliquen la vida. Milestone no inventó la rueda con la narrativa porque directamente decidió no contar una historia, pero sí construyó una maqueta enorme y la dejó a merced del acelerador. Y a veces, cuando uno viene de una semana larga, lo que necesita no es un cuento: es un autito, una isla abierta y el permiso de romper todo lo que se cruce en el camino. Como me dijo una vez doña Ramona, vecina del barrio que me vio crecer entre los Hot Wheels desparramados: lo importante no es la pista, es no aburrirse nunca. Y este juego, te lo aseguro, no aburre.

MC
Micaela ChoqueCultura y Carnaval

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