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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Floridi desde Yale: la inteligencia artificial no comprende, pero ya cambió la historia del pensamiento

El filósofo italiano, referente mundial en ética digital, sostiene que los sistemas actuales no piensan: producen efectos sin tener mente. Advierte que este momento es la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad y que la respuesta correcta no es frenar la tecnología, sino integrarla con criterio, sin ceder el juicio propio.

RM
Rubén MamaniMinería y litio · · lectura 3 min
Floridi desde Yale: la inteligencia artificial no comprende, pero ya cambió la historia del pensamiento

Luciano Floridi, filósofo italiano que dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale, recorre desde hace décadas una idea que lo volvió referencia mundial: internet no fue un canal de comunicación más, sino un entorno nuevo donde la humanidad pasó a vivir. A ese entorno lo llamó infosfera, y para describir al habitante de ese mundo acuñó el término inforg, el organismo informacional: un ser que no solo consume y produce información, sino que está constituido por ella.

Ese marco, nacido en los años noventa cuando la mayoría de las disciplinas usaban la información como herramienta sin estudiarla como objeto, es hoy la base desde la cual Floridi analiza la inteligencia artificial. La idea central de su planteo es que la IA, tal como existe en la actualidad, no piensa ni comprende. Actúa, se comporta y produce efectos, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Lo que hace, dice, es operar por nosotros, en lugar de nosotros y, en muchos casos, mejor que nosotros. A esa capacidad la denomina agencia artificial: sistemas que modifican la realidad sin comprender nada de lo que hacen.

La cuarta revolución intelectual

Floridi ubica el presente como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad. La primera, recuerda, fue la de Copérnico, que corrió a la Tierra del centro del universo. La segunda, la de Darwin, que sacó al ser humano del centro del reino animal. La tercera, la de Freud, que mostró que ni siquiera somos el centro de nuestra propia mente. La cuarta, vinculada a Alan Turing, es la que vivimos ahora, en la que ya no somos el centro de la esfera de la información.

Para el filósofo, esa pérdida de centralidad no equivale a una derrota. La describe, en cambio, como una señal de madurez: una humanidad que se concibe al servicio de su prójimo, del medio ambiente y de las generaciones futuras, y no como protagonista absoluta del universo. La tecnología, aclara, no ocupa ese centro vacante; lo que cambia es la posición del ser humano en el mapa.

De la pregunta por la inteligencia a la pregunta por el uso

La distinción entre inteligencia y agencia artificial, en el razonamiento de Floridi, cambia la pregunta de fondo. Si la IA fuera inteligente en sentido estricto, el debate giraría en torno a si puede superarnos. Como en rigor es agencia, es decir, sistemas que ejecutan tareas sin comprenderlas, el debate pasa a ser cómo se la incorpora sin perder el rumbo. En sus propias palabras: actúa, se comporta, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros.

  • La IA no es inteligencia sino agencia artificial: produce efectos sin comprender lo que hace.
  • La filosofía de la información, fundada por Floridi en los años noventa, es el andamiaje conceptual que propone para integrar la tecnología.
  • La respuesta correcta no es frenar la IA, sino entender qué es, sumarla con criterio y mantener el juicio propio.
  • Este momento es, según Floridi, la cuarta revolución intelectual, tras Copérnico, Darwin y Freud.

La consecuencia práctica del planteo es directa: no tiene sentido reclamar un freno absoluto a la inteligencia artificial. Lo que tiene sentido, a juicio del filósofo, es estudiarla, incorporarla con criterio y utilizarla sin delegar el pensamiento crítico. El campo que él mismo contribuyó a fundar, la filosofía de la información, ofrece las herramientas conceptuales para esa integración. Resta, como en cada cambio de época que describe, confirmar cómo asimilados estos sistemas por sociedades, mercados y Estados sin que el juicio humano quede relegado por la automatización.

RM
Rubén MamaniMinería y litio

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