Esteban Fontana, el abogado que construyó palabra por palabra su lugar en la Justicia patagónica
Nació con sordera profunda en Neuquén, soportó bullying desde los cinco años y se recibió de abogado con calificación sobresaliente; la Legislatura reconoció su logro como un hecho histórico para la región.
En la ciudad de Neuquén, a casi mil kilómetros de Buenos Aires, un hombre de 41 años acaba de escribir una página inédita en la historia de los profesionales del Derecho de la Patagonia. Esteban Fontana recibió el título de abogado en la Universidad Siglo 21 luego de seis años de carrera, con una tesis sobre maternidad en el servicio penitenciario que mereció calificación sobresaliente, y se convirtió así en el primer letrado con hipoacusia profunda en obtener esa titulación en toda la región, un reconocimiento que la Legislatura neuquina declaró de interés legislativo por entender que su caso expone, con nombre y apellido, las barreras que todavía debe sortear una persona con discapacidad para acceder a la formación superior en Argentina.
Una infancia atravesada por la violencia y por un fonoaudiólogo que no se rindió
Yo quiero contar la historia tal como él mismo la reconstruyó ante los legisladores, porque entiendo que la dimensión de lo conseguido se entiende mejor cuando se sabe desde dónde partió. Fontana nació con sordera profunda y recibió el diagnóstico siendo apenas un bebé; en su familia no había antecedentes de discapacidad auditiva, así que sus padres tuvieron que abrirse camino a fuerza de consultas y de búsqueda, hasta encontrar a un fonoaudiólogo que trabajó con él durante casi veinte años. Con ese profesional aprendió a leer, a modular, a pronunciar cada palabra y a leer los labios, una habilidad que después se volvió central para desenvolverse en un mundo organizado en torno a la oralidad.
A los cinco años empezaron los golpes, los empujones, las burlas y el aislamiento en la escuela del barrio Copol, la primera etapa de una escolaridad fragmentada que después completó en dos instituciones secundarias distintas, porque cada cambio de aula le exigía reaprender a comunicarse en un entorno que no estaba pensado para él. Cuando llegó a la universidad, la mecánica se repitió: en muchas materias no podía seguir el ritmo de los docentes y tuvo que apoyarse en el estudio autodidacta y en la ayuda de sus compañeros para cubrir lo que no llegaba a captar, un esfuerzo que la Legislatura neuquina recogió en los fundamentos del reconocimiento al señalar que el mérito académico de una persona con discapacidad no debería depender de su capacidad para compensar por sí misma las barreras institucionales.
“Gracias a ese esfuerzo, aprendí a leer, a modular, a hablar, a construir palabra por palabra un puente hacia el mundo.”Esteban Fontana
La frase de la hermana, la promesa de los ocho años y la defensa de la tesis
Hubo un punto de quiebre que él mismo identifica con nombre y apellido, y yo lo rescato porque me parece el corazón de esta historia. A los ocho años, cuando la bullying se volvió insoportable, intervino su hermana Noelia, que lo miró a los ojos y le dijo una frase que Fontana recuerda con exactitud, como quien guarda un salvavidas en el bolsillo: Esperá, porque en el futuro te esperan cosas muy lindas. A partir de ese momento, según contó, se hizo una promesa que lo sostuvo durante décadas, y que reprodujo casi textual: Me prometí que no importara cuánto sufriera, iba a superar las barreras y demostrar que podía ser alguien valioso, una decisión íntima que, a la luz del título obtenido, parece haberse cumplido con creces.
- Diagnóstico de sordera profunda recibido en la primera infancia, sin antecedentes familiares.
- Acompañamiento fonoaudiológico durante cerca de veinte años para aprender a leer, modular, hablar y leer los labios.
- Bullying desde los cinco años: burlas, empujones, golpes y aislamiento en la escuela del barrio Copol.
- Promesa personal a los ocho años, tras una intervención de su hermana Noelia, de superar las barreras y demostrar su valor.
- Paso por la Universidad Siglo 21, donde cursó seis años la carrera de Derecho con apoyo de estudio autodidacta y de sus compañeros.
- Tesis final sobre maternidad en el servicio penitenciario, defendida pidiendo a los profesores que hablaran despacio, con calificación sobresaliente.
La Legislatura neuquina, al declarar el hecho de interés legislativo, dejó por escrito que el caso de Fontana interpela al conjunto del sistema universitario y de los poderes públicos, y que reconocer su título no es solo un homenaje a un estudiante, sino un llamado a eliminar las barreras que aún hoy obligan a las personas con discapacidad a demostrar el doble o el triple para conseguir el mismo reconocimiento. La norma rescata, en definitiva, la idea de que nadie debería tener que compensar individualmente las fallas de una estructura que no fue diseñada para incluirlos, y pone el acento en que el verdadero mérito no es solo recibirse, sino que la sociedad deje de exigir heroicidades cotidianas para hacerlo posible. Lo que la comunidad sorda de la región pidió, y que la propia declaración legislativa hace suyo, es que este caso sea el primero de muchos, y que el próximo profesional hipoacúsico de la Patagonia encuentre un camino institucional que ya no dependa de veinte años de fonoaudiología, de una hermana que diga la frase justa a tiempo ni de la voluntad inquebrantable de un estudiante que aprendió a hablar palabra por palabra para hacerse escuchar.
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