Doce ficciones para no perder el rumbo: del colapso de veinte minutos a las cuatro estaciones de una familia en Corfú
Un repaso por series que van del suspenso más cerrado a la comedia más entrañable, con Stephen Graham, Helena Bonham Carter y Alex Lawther como algunas de las caras visibles de una selección pensada para lectores que eligen por el tiempo disponible y el ánimo del momento.
Tengo que confesar algo antes de arrancar a escribir esta nota: soy de las que elige serie según la cantidad de horas que le quedan antes de dormir. A veces necesito algo corto, de esos capítulos que se ven de un saque y te dejan pensando en silencio mientras te lavás los dientes. Otras veces, en cambio, lo que pido es compañía larga, una de esas ficciones que te acompañan durante meses y a las que terminás saludando cuando las encendés, como si vivieran en tu living. Por eso me pareció tan interesante la selección de doce ficciones que armó el portal: hay lugar para los dos antojos, y también para todos los estados de ánimo que uno atraviesa entre semana.
El colapso es de las que mirás en una sentada. Son ocho episodios de unos veinte minutos cada uno, rodados como si fueran una sola toma, y cada uno cuenta una historia distinta sobre personas que intentan sobrevivir cuando todo lo conocido se viene abajo. No hay un personaje que lleve la voz cantante de principio a fin, sino un mosaico de reacciones humanas frente al derrumbe. Si el tiempo es justo, esta es la puerta de entrada ideal: se empieza después de cenar y se termina antes de que suene la alarma del día siguiente.
Para quienes tengan el cuero más largo, Los Durrell propone cuatro temporadas completas basadas en los recuerdos que el naturalista Gerald Durrell escribió sobre su infancia en Corfú. La historia empieza cuando una familia inglesa decide dejar su país y empezar de nuevo en una isla griega, y a partir de ahí lo que se despliega es un retrato de personajes entrañables, paisajes de manual y ese tipo de humor británico que se cocina a fuego lento. Es de esas series a las que una vuelve cuando necesita sentirse acompañada.
Tres formas distintas de sostener el suspenso
El suspenso aparece por varios lados y con texturas bien diferentes. La ruta del dinero es una producción danesa que arranca con el hallazgo de un trabajador muerto en un parque eólico y, desde ahí, va tirando de un hilo que lleva hasta las entrañas de una empresa. Glue, creada por Jack Thorne, se mueve en un pueblo rural inglés donde el descubrimiento de un cuerpo debajo de un tractor empieza a desenterrar los secretos de un grupo de adolescentes. Y Utopia, con guión de Dennis Kelly, corre hacia el terreno de las conspiraciones: un grupo de usuarios de un foro se topa con el manuscrito de una novela gráfica que parece anticipar tragedias, y una organización poderosa no está dispuesta a dejar que ese papel siga circulando. Tres maneras distintas de hacer crujir la tensión, según te guste el thriller corporativo, el misterio pueblerino o la paranoia global.
Las historias que se te quedan pegadas al cuerpo
Hay ficciones que se miden por lo que sacuden por dentro, y en esa camada entran dos bien distintas. En The Virtues, Stephen Graham interpreta a Joseph, un hombre que vuelve a Irlanda después de muchos años para hacer frente a un trauma de la infancia y reencontrarse con su hermana. La serie camina despacio, como quien entra a una casa que no visita desde chico. Big Boys, en cambio, corre por otros andariveles: cuenta cómo Jack, después de pasar un año entero en su casa tras la muerte de su padre, llega a la universidad y conoce a Danny, su compañero de habitación. Son tres temporadas que mezclan el duelo con los primeros amores y con ese descubrimiento de uno mismo que llega cuando uno se va de la casa materna.
También hay sitio para las amistades grandes, las de la vida adulta. Leonard y Hungry Paul, con Alex Lawther y Laurie Kynaston como protagonistas, pone el foco en dos amigos cuyas rutinas se ven alteradas por una muerte, una boda y un romance. Es de esas series que parecen no pasar nada y, sin embargo, cuando uno levanta la vista del sillón, se da cuenta de que le movieron algo adentro. Todas las criaturas grandes y pequeñas, que ya lleva seis temporadas, recorre el trabajo del joven veterinario James Herriot en los campos de Yorkshire, con esa mezcla de paisaje inglés y animales difíciles que engancha a cualquier desprevenido.
Cierran la selección tres ficciones con marca propia. Russell T. Davies firma dos: Queer As Folk, que sigue a tres hombres gays en Manchester, y Nolly, donde Helena Bonham Carter se mete en la piel de la estrella televisiva Noele Gordon. Such Brave Girls, por su parte, se asoma a la vida de las hermanas Josie y Billy y de su madre soltera, con un humor filoso que no le hace asco a nada. Son doce propuestas, doce maneras de sentarse frente a la pantalla y, como me dijo una vez la abuela de una comparsa chaqueña mientras esperábamos que saliera la primera pasada de baile, "uno elige lo que mira igual que elige con quién se sienta a la mesa: por hambre, por compañía o por las dos cosas a la vez".
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