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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Después del entrenamiento, el cuerpo no solo está cansado: qué procesos se ponen en juego y cómo acelerar la recuperación

La fatiga que aparece tras una sesión de ejercicio involucra músculos, sistema nervioso y reservas de energía. Una especialista en rendimiento deportivo de la Universidad de Nottingham Trent explicó los mecanismos y las claves para recuperarse mejor.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 4 min
Después del entrenamiento, el cuerpo no solo está cansado: qué procesos se ponen en juego y cómo acelerar la recuperación

La comunidad científica lleva años estudiando por qué, después de una rutina exigente, el cuerpo no responde igual y la sensación de piernas pesadas parece instalarse durante horas. Para entenderlo, consulté el trabajo de Athalie Redwood-Brown, profesora de análisis del rendimiento deportivo en la Universidad de Nottingham Trent, que describió con claridad cuáles son los procesos que se activan en simultáneo cuando terminamos una sesión de entrenamiento y qué se puede hacer para atravesarlos con menos molestias.

Tres frentes que se abren al mismo tiempo

Lo primero que conviene aclarar es que la fatiga posterior al ejercicio no es un fenómeno único ni lineal, sino la suma de al menos tres procesos que ocurren en paralelo: cambios dentro del propio tejido muscular, alteraciones en el sistema nervioso y variaciones en las reservas de energía disponibles. Esa combinación explica por qué a veces no alcanza con comer algo y sentarse a descansar para volver a sentirse bien.

Dentro del músculo, el movimiento depende de partículas con carga eléctrica que activan la contracción. El ejercicio altera ese equilibrio iónico, lo que puede reducir la capacidad del tejido para responder con la misma eficacia. De ahí la sensación de que los músculos "quedaron vacíos" tras una rutina intensa, como si el motor hubiera perdido potencia de un momento a otro.

A eso se suma lo que la especialista denominó fatiga central. El cerebro y la médula espinal son los encargados de enviar las señales que ordenan la contracción muscular, y ante esfuerzos elevados esa activación puede disminuir de forma transitoria. El problema, en esos casos, no está solo en el músculo sino en la dificultad temporal para reclutarlo con la misma intensidad, como si el interruptor que manda la orden estuviera funcionando a media máquina.

El combustible también juega su partido. Los músculos utilizan carbohidratos almacenados como fuente principal de energía, y después de una sesión prolongada esas reservas bajan de manera considerable. La transpiración, por su parte, genera pérdida de agua y electrolitos como el sodio, que son claves para el funcionamiento normal de músculos y nervios. Si esa pérdida no se repone con la bebida y la comida adecuadas, el rendimiento empeora y el esfuerzo se percibe como más difícil de lo que realmente fue.

La fatiga y el dolor muscular: dos cosas distintas

Redwood-Brown también distinguió esta fatiga general del dolor muscular de aparición tardía, conocido por sus siglas en inglés como DOMS. Ese malestar específico suele aparecer después de movimientos poco habituales o al retomar la actividad tras un período de inactividad, y se asocia en particular con el trabajo excéntrico, es decir, cuando el músculo genera fuerza mientras se alarga, como al bajar lentamente una pesa o al bajar una cuesta pronunciada trotando.

La fatiga, además, no afecta solo a quienes se inician. Un corredor con experiencia que hace por primera vez una sesión intensa de fuerza puede quedar tan resentido como un principiante, porque el cuerpo no reconoce ese tipo de estímulo. La diferencia es que el organismo, con el tiempo, tiende a adaptarse mejor y a recuperarse con mayor velocidad, aunque para eso haya que sostener los entrenamientos y respetar los tiempos de descanso.

  • Reponer líquidos y electrolitos durante y después del entrenamiento, especialmente tras sesiones largas o con mucha transpiración.
  • Incorporar fuentes de carbohidratos después de la actividad para recuperar las reservas de glucógeno que utiliza el músculo como combustible.
  • Distinguir entre la fatiga general, que aparece aun en deportistas entrenados, y el dolor muscular tardío, que se relaciona con movimientos nuevos o excéntricos.
  • Respetar los tiempos de descanso entre sesiones, ya que el cuerpo necesita horas para restablecer el equilibrio iónico dentro del músculo.
  • Considerar que la fatiga central, vinculada al sistema nervioso, también es real y transitoria, y forma parte del proceso de adaptación al esfuerzo.

Como me quedó dicho tras leer a Redwood-Brown, entender que el cansancio después de entrenar no es un capricho del cuerpo sino una respuesta fisiológica concreta ayuda a tomárselo en serio. Reponer líquidos, reponer energía y darle tiempo al sistema nervioso para volver a su punto de equilibrio es, por ahora, la manera más sólida de recuperar rendimiento y de seguir entrenando sin acumular molestias que, a la larga, terminan pasando factura.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

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