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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Dejar los zapatos en la puerta: una costumbre chica que puede cuidar la salud de toda la familia

La Cleveland Clinic recuerda que las suelas arrastran polvo con metales, residuos de pesticidas y bacterias desde la calle hasta el interior del hogar, y propone un punto de entrada ordenado y limpieza húmeda para limitar ese ingreso, sobre todo donde hay bebés y niños pequeños.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 3 min
Dejar los zapatos en la puerta: una costumbre chica que puede cuidar la salud de toda la familia

Acomodo los apuntes en el escritorio y vuelvo una vez más sobre una recomendación que, a primera vista, parece de orden doméstico y no de salud pública, aunque la Cleveland Clinic se empeña en demostrar que es las dos cosas a la vez: la decisión de dejar los zapatos en la entrada de la casa puede convertirse en una barrera eficaz contra los contaminantes que viajan adheridos a las suelas desde la vereda, los baños públicos, el transporte o el jardín hasta las superficies donde la familia come, duerme y, sobre todo, donde los más chicos gatean y juegan.

Un sector para el calzado y un par reservado para usar adentro

La propuesta concreta de la clínica estadounidense pasa por habilitar un espacio físico junto al ingreso del hogar, colocar allí una alfombra y mantener a mano un segundo par de zapatillas destinado exclusivamente a moverse dentro de la vivienda, una alternativa que el médico internista Daniel Sullivan, de la Cleveland Clinic, recomienda con especial énfasis para quienes necesitan apoyo al caminar, soporte o tracción extra por alguna condición de salud.

La medida, aclaran los especialistas, no elimina por completo el ingreso de partículas, pero sí reduce una de las vías más directas por las que la calle se mete en el living, y por eso cobra una relevancia particular en los hogares donde hay bebés y niños pequeños, porque suelen jugar sobre el suelo y llevarse las manos a la boca con una frecuencia que multiplica la exposición.

Qué pueden arrastrar las suelas sin que se vea a simple vista

  • Polvo con plomo, que puede desprenderse de pinturas antiguas deterioradas y dañar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos, según advierte Sullivan.
  • Sustancias perfluoroalquiladas y fluoropoliméricos, conocidos como PFAS por su sigla en inglés, caracterizados por su persistencia en el ambiente y en el organismo.
  • Residuos de fertilizantes, insecticidas y pesticidas, incluso cuando no se aplican en el jardín propio, porque las partículas pueden provenir de veredas y espacios verdes cercanos.
  • Polen, que al ingresar al interior puede agravar los cuadros alérgicos de los miembros de la familia.
  • Bacterias y restos orgánicos, cuya presencia no implica por sí misma una infección, pero sí una vía de ingreso que conviene acotar.

Un estudio internacional que analizó datos del programa DustSafe, recopilados en 35 países, encontró arsénico, cromo y níquel en polvo doméstico y observó una asociación entre las viviendas más antiguas y concentraciones superiores de plomo y arsénico, mientras que el acceso a jardines se relacionó con niveles más altos de esos dos elementos, un dato que ayuda a dimensionar por qué la suela del calzado termina funcionando como un vehículo silencioso de contaminantes hacia el interior del hogar.

La limpieza húmeda como complemento indispensable

La Cleveland Clinic también sugiere incorporar a la rutina la limpieza de los pisos con métodos húmedos, un punto que los especialistas consideran clave porque arrastra y retiene partículas que el barrido en seco suele levantar al aire en lugar de retirar, y de esa manera completa el trabajo que empieza en la puerta con la alfombra y termina en el piso con el trapo o el mop húmedo.

Lo que la comunidad médica pide, en definitiva, es bien concreto: que las familias vuelvan a mirarse los pies antes de cruzar el umbral, que entiendan que la calle entra con cada paso y que adopten el hábito de dejar el calzado junto al ingreso, sumar un par de zapatillas para usar adentro y limpiar los pisos con trapo húmedo, tres gestos chicos que, repetidos a diario, pueden hacer una diferencia grande en la calidad del aire que se respira dentro de casa.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

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