De maestra a mamá de siete: la historia de María Laura y los seis hermanos que la eligieron en un recreo
En el sur del conurbano bonaerense, una docente que conocía a dos de los chicos en el aula inició un proceso de adopción que terminó con una familia de nueve integrantes. Ella lo cuenta en primera persona.
Soy Nadia Cussi, de la sección Sociedad y pueblos originarios, y esta vez la historia no llega desde un paraje mapuche ni desde una comunidad wichí del impenetrable chaqueño, sino desde un aula del conurbano bonaerense, donde una maestra jardinera se cruzó con seis hermanos institucionalizados y decidió postularse para adoptarlos a todos juntos. La mujer se llama María Laura, tenía 38 años cuando arrancó los trámites y hoy, con casi 40, convive con su pareja, con sus seis hijos adoptivos —de entre 13 y 20 años— y con Nahitan, un bebé de poco más de un año que llegó por sorpresa cuando el expediente de guarda ya estaba en marcha. La familia que pasó de dos a nueve integrantes, como adelantó el título del material original, se transformó en uno de esos casos que suelen discutirse cuando se habla de adopción de grupos de hermanos en la Argentina.
María Laura es maestra y conoció a los chicos en el aula: dos de los seis hermanos eran sus alumnos y, además, colaboraba desde hacía cinco años en el hogar donde vivían institucionalizados, así que el vínculo se fue tejiendo de manera cotidiana, entre clases, recreos y visitas al alojamiento. La posibilidad de adoptarlos empezó a tomar forma de a poco, aunque al principio le parecía algo casi inalcanzable: ella vivía en un departamento pequeño, su pareja temía no poder sostener económicamente la responsabilidad de seis chicos a la vez y la relación terminó atravesando una separación temporaria. Cuando se quedó sola, decidió igual iniciar los trámites de adopción en el juzgado de familia que correspondía, y lo hizo con la idea clara de que el grupo debía mantenerse junto.
La ley que ampara a los grupos de hermanos
En la Argentina, la adopción se rige por el Código Civil y Comercial de la Nación, que en su artículo 595 establece que los hermanos deben ser adoptados por la misma persona siempre que sea posible y no resulte contrario a su interés superior. Esa misma lógica es la que María Laura repitió cada vez que le preguntaron si prefería quedarse con uno solo, con los gemelos o con los mellizos: "Quiero estar con los seis", respondió, y esa frase terminó siendo el eje de todo el proceso.
La vinculación no fue inmediata. Los propios chicos tampoco querían ser adoptados al principio y ella tampoco se sentía lista para dar el paso definitivo, así que durante un tiempo la figura que funcionó para todos fue la de referente afectivo, un rol que el registro de adoptantes contempla como paso previo a la guarda con fines de adopción. La mayor del grupo, Daiana, hoy de 20 años, había cumplido durante años un rol de cuidadora dentro del hogar: bañaba a los más chicos, los acostaba, organizaba la rutina. Cederle ese lugar a otra persona le llevó un proceso personal que María Laura describe con mucha claridad: "La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco", recordó la maestra, y agregó que esa cesión fue tan importante como la decisión de adoptarlos.
El recreo en el que todo cambió
El punto de inflexión, según contó la propia María Laura, llegó en un recreo escolar: algunos de los chicos se acercaron y le dijeron "te elegimos para ser nuestra mamá". Desde ese día, los trámites se reorientaron hacia la convivencia efectiva, primero con fines de guarda y, más adelante, con la adopción plena que hoy ya está firme. La pareja que se había separado temporariamente también retomó el vínculo y ocupa hoy el rol de padre en la familia, por lo que la conformación actual es de nueve integrantes en la casa, con los hermanos mayores colaborando activamente en el cuidado de Nahitan, el bebé que llegó después de la adopción.
“Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida.”María Laura, mamá adoptiva de seis hermanos
- Daniel y Milo (13): los gemelos, hoy alumnos de una escuela técnica.
- Maiara y Lionel (16): los mellizos, también estudiantes de la misma escuela técnica.
- Zaira (18): cursa el último año del secundario y se prepara para la etapa superior.
- Daiana (20): la mayor del grupo, estudia Abogacía y dejó el rol de cuidadora principal que tenía en el hogar.
- Nahitan (poco más de 1 año): el bebé que nació después de la adopción; uno de los gemelos le besó la panza antes de que María Laura supiera que estaba embarazada y dijo "hola, bebé", y así fue como se enteró.
María Laura participa además de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, una organización que acompaña a familias que están transitando la adopción de niños y adolescentes en situación de institucionalización prolongada, sobre todo cuando se trata de grupos de hermanos o de chicos que ya superan la primera infancia. Cuando le preguntaron qué quería transmitir a otras familias que están pensando en anotarse en el Registro de Adoptantes, la respuesta fue corta y directa, y la dejo tal cual la pronunció, porque me pareció que resume el espíritu de toda la nota: "Anímense, los chicos necesitan una familia y uno se da cuenta de que tiene muchísimo amor para dar cuando los tiene en casa". Con esa frase me despido, y los invito a seguir acompañándome en este recorrido por las historias que suelen quedar afuera de los grandes titulares.
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