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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando el nombre se escapa: claves para entender la punta de la lengua y saber cuándo consultar a un especialista

La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas detalla por qué a veces sabemos qué queremos decir y, aun así, la palabra no aparece; distingue entre una pausa ocasional y un cuadro que merece evaluación clínica, y repasó recursos simples para retomar el hilo de una charla sin que el silencio se vuelva una preocupación.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 3 min
Cuando el nombre se escapa: claves para entender la punta de la lengua y saber cuándo consultar a un especialista

A mí me pasa, y creo que a casi todos los que tenemos alrededor de cuarenta, cincuenta o sesenta años también: uno está contando algo en la mesa familiar, tiene la idea perfectamente armada en la cabeza y, de pronto, el término justo se niega a salir. Se sabe qué es, se lo puede describir, hasta se lo puede dibujar con gestos, pero el nombre no aparece. La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica, se refiere a ese fenómeno como la punta de la lengua, y me explicó que se trata de una experiencia más común de lo que uno imagina, atravesada por el cansancio, las distracciones y, en muchos casos, por el paso de los años sin que eso implique, necesariamente, algo patológico.

Recursos para salir del atolladero

  • Buscar un sinónimo o describir aquello que se quiere nombrar para seguir adelante con la conversación.
  • Pensar en la letra inicial de la palabra, en su utilidad o en sus características físicas como pistas para recuperarla.
  • Conversar sobre temas de interés y contar información con palabras propias, una práctica que estimula la fluidez verbal porque obliga a recuperar conocimientos, ordenar ideas y sostener la atención en el intercambio.
  • Disminuir las distracciones del entorno para concentrarse y no perder el hilo de lo que se estaba diciendo.

Como me señaló Sánchez Salinas, esos recursos funcionan porque atacan el problema desde distintos ángulos: mientras algunos apelan a la forma del término, otros activan su significado o directamente esquivan la búsqueda y permiten continuar. Son pequeñas herramientas cotidianas que, según insistió la especialista, sirven sobre todo cuando el episodio es aislado y no responde a un cuadro que se repite.

Una pausa ocasional o una dificultad que merece consulta

La distinción que la neuropsicóloga considera clave es la que separa un olvido momentáneo de una dificultad que empieza a interferir en la vida diaria. En sus propios términos, hay que prestar atención cuando encontrar las palabras se vuelve un problema frecuente, cuando aparecen confusiones al nombrar objetos de uso habitual o cuando cuesta seguir una conversación que antes se sostenía sin esfuerzo. También merecen consulta, agregó, los cambios notorios en el habla que la propia persona percibe o que quienes la rodean notan y comentan, porque suelen ser señales de que algo cambió respecto de cómo esa persona se comunicaba antes.

“Una evaluación clínica y neuropsicológica puede contribuir a comprender esos síntomas y orientar el diagnóstico y el tratamiento. El criterio incluye observar si las dificultades representan un cambio respecto de cómo se comunicaba la persona y si interfieren en su vida cotidiana.”Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica

Cuando le pregunté por qué ocurre esa pausa en la que el concepto parece clarísimo pero su nombre no llega, Sánchez Salinas fue precisa: acceder a una palabra requiere activar primero su significado y, después, recuperar los sonidos que permiten pronunciarla. En el fenómeno conocido como punta de la lengua, ese segundo acceso puede demorarse o interrumpirse momentáneamente, lo que explica la sensación tan particular de tenerlo todo en la cabeza y, sin embargo, no poder decirlo. Puede pasar a cualquier edad, sobre todo cuando hay cansancio, distracción o presión, y con los años suele hacerse más frecuente, aunque eso no implique necesariamente haber perdido la palabra: a veces, como me insistió la especialista, el término surge minutos después, cuando uno deja de forzarlo y la búsqueda se afloja.

Me quedo, entonces, con una idea que la propia Sánchez Salinas repitió para que no se perdiera: el envejecimiento no modifica todas las capacidades del lenguaje por igual, y aunque llevar más tiempo en recuperar ciertos términos puede ser parte de un proceso esperable, la comprensión cotidiana suele conservarse, de modo que la calma, los recursos que repasamos y la consulta profesional cuando hace falta siguen siendo, a mi entender, la mejor combinación para que una palabra ausente no se convierta en un problema mayor ni en un motivo de aislamiento para nadie.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

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