Saltar al contenido
Jujuy OnJujuy On ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 648 pb +4,18%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

Caminar por dentro del Malacara: una aventura entre colores volcánicos y la memoria de una geóloga en La Batra

En el paraje La Batra, muy cerca de Malargüe, la familia Quezada administra un campo que permite recorrer el interior del volcán Malacara, atravesar dos de sus tres cárcavas y asomarse a un mirador con vista hacia la laguna de Llancanelo. La propuesta nació a partir de los estudios de la geóloga Corina Risso y hoy es una de las salidas más singulares del sur mendocino.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios · · lectura 4 min
Caminar por dentro del Malacara: una aventura entre colores volcánicos y la memoria de una geóloga en La Batra

Les cuento de entrada que la cita es en el paraje La Batra, un campo de la familia Quezada pegado a Malargüe, en el sur de Mendoza, donde el volcán Malacara deja de ser una mole gris y lejana para abrirse en pasillos ondulados, depósitos negros y paredes amarillas que se pueden caminar de verdad. La familia Quezada es quien administra hoy las visitas al predio, y la actividad turística nació casi de casualidad, empujada por las investigaciones de Corina Risso, geóloga, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, que llegó al lugar en el año 2000 con la ayuda de Alberto, Beto, Quezada, referente de la familia y de la comunidad en el manejo del campo.

Un recorrido que entra al volcán, no lo contempla desde afuera

Lo que propone Malacara no es la típica caminata de ascenso hasta la cima: la idea es meterse adentro. El volcán tiene tres cráteres en su parte alta, pero cuando uno lo recorre desde abajo, por la forma del terreno y la vegetación, esos cráteres quedan prácticamente ocultos. En cambio, la visita atraviesa dos de las tres cárcavas que la erosión fue abriendo con el tiempo y suma una subida final a un mirador, desde donde se distingue, a lo lejos, la laguna de Llancanelo, espejo grande y salado del sur mendocino.

La experiencia se disfruta con los cinco sentidos. Las paredes se ven onduladas, hay sectores de roca amarilla y depósitos negros que contrastan fuerte, la luz entra por las aberturas superiores y el aire frío circula entre las grietas, incluso en días de calor. Todo eso convierte al recorrido en algo más parecido a caminar por los pasillos de un edificio erosionado por el agua y el viento que por una montaña clásica.

Por qué el Malacara tiene esos colores: lo que explica la geóloga

Entender esos colores ayuda a entender qué pasó acá dentro, y la que mejor lo cuenta es Corina Risso. La geóloga sostiene que el Malacara se formó por la interacción del magma con el agua, posiblemente de una antigua laguna que estaba en el lugar. Ese contacto fragmentó la lava y la alteración posterior de los materiales produjo buena parte de las superficies amarillas que hoy se ven en las paredes.

Después, cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se acumularon materiales oscuros sobre los anteriores. Mucho después, la erosión, otra vez el agua y el viento trabajando en equipo, abrió los corredores que se recorren durante la visita. Conviene tener cuidado: esos depósitos son frágiles y pueden desgranarse al tocarlos, así que la recomendación es mirarlos y fotografiarlos, pero no llevárselos en la mano.

Del campo ganadero al turismo: cómo se gestó la apertura

Hay un costado humano que me parece importante remarcar: la apertura turística cambió el uso de un sector del campo donde los Quezada criaban animales. En el 2000, Risso llegó al lugar con la ayuda de Beto Quezada. Dos años más tarde, en 2002, ella presentó sus investigaciones en Malargüe, mientras la familia empezaba a trabajar con guías de la zona para empezar a recibir visitantes.

El acceso también fue mutando. Las primeras salidas se hacían a caballo, por senderos del propio predio. En 2006, una antigua huella petrolera habilitó el ingreso con una camioneta y, más tarde, con maquinaria para acondicionar el camino. De a poco, La Batra dejó de ser solo un puesto de veranada y se transformó en un punto de encuentro entre geología, paisaje yospitalidad criancera.

Qué lleva la propuesta hoy

  • Una caminata por el interior del volcán, atravesando dos de las tres cárcavas del Malacara.
  • Observación de las formaciones volcánicas: paredes onduladas, roca amarilla y depósitos negros, con explicación sobre cómo se formaron.
  • Una subida a un mirador con vista hacia la laguna de Llancanelo, en el horizonte del sur mendocino.
  • Aire frío circulando entre las grietas y luz natural entrando por las aberturas superiores del volcán.
  • El acompañamiento de guías locales de Malargüe, coordinados con la familia Quezada, que administra el predio.

Lo que la comunidad pide textualmente al cierre

Antes de despedirme quiero dejar lo que la propia comunidad transmite como pedido, casi como una norma de convivencia para quien visita el lugar: cuidar las paredes del Malacara, no llevarse fragmentos de roca, no apoyar las manos en los depósitos más frágiles y respetar el trabajo de la familia Quezada, que fue convirtiendo un campo de cría de animales en un paseo único en el sur de Mendoza. La geóloga Corina Risso y los guías locales coinciden en algo que resumo en una frase que me quedó dando vueltas: acá se viene a mirar, a escuchar y a entender cómo se hizo este volcán con agua, fuego y mucho tiempo. Quien vaya a La Batra, cerca de Malargüe, va a volver con la sensación de haber caminado por dentro de la historia geológica de Mendoza, y eso, para mí, no es un dato menor.

NC
Nadia CussiSociedad y pueblos originarios

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo