Argentina se anota como plaza apetecible para los grandes centros de datos, pero el inversor mira primero la macro
Disponibilidad de tierra, clima templado, distancia de conflictos y energía barata en Vaca Muerta figuran en el menú de atractivos que referentes del sector airean para tentar a los capitales. Advierten, eso sí, que la estabilidad económica y jurídica sigue siendo la llave que define cada desembarco.
Hace justo un año, el Gobierno nacional prometía que la transformación digital iba a ser una de las locomotoras de la economía y que Argentina se convertiría en polo regional de infraestructura tecnológica. Doce meses después, el diagnóstico que repiten ejecutivos del sector es otro: el país tiene condiciones naturales difíciles de igualar, pero sigue corriendo de atrás en la carrera por alojar a los centros de datos que demanda la irrupción de la inteligencia artificial. La diferencia entre el anuncio y la realidad se mide en miles de millones de dólares de inversión que todavía no llegan.
Qué tenía Argentina y en qué quedó
La directora de secure power para Argentina, Paraguay y Uruguay de Schneider Electric, Noelia Miranda, describió un punto de partida crudo: el país quedó bastante rezagado en el mercado de los centros de datos. En el mismo reportaje reconoció que existe la posibilidad de posicionarse como uno de los hubs más importantes del mundo, y atribuyó esa chance a la disponibilidad de terrenos, al clima y a la distancia de zonas de conflicto bélico. Nuestro país es tierra fértil para seguir creciendo en el terreno de los centros de datos, afirmó.
El expediente del sector, sin embargo, cuenta otra historia. La mayoría de los grandes nodos de cómputo de América latina se concentraron en Brasil, Chile y Colombia, y los proyectos argentinos relevantes quedaron en carpeta o se demoraron por la volatilidad del tipo de cambio, la dificultad para girar divisas y la falta de señales regulatorias estables.
Qué piden los capitales antes de firmar
- Plazos largos: las plantas exigen maduraciones de varios años, con desembolsos que pueden llegar a los mil millones de dólares por unidad.
- Energía barata y sobrada: el precio del megavatio en Vaca Muerta ronda los 50 dólares contra los 100 dólares de otros mercados, una brecha que en un año completo equivale a 500 millones de dólares menos en la factura de un centro de datos grande, según el director de consultoría en energía e infraestructura de Dreicon, Gerardo Manhard.
- Seguridad jurídica: Miranda insistió en que la misma inestabilidad que espantó inversiones en el pasado es la que, de revertirse, puede volver competitivo al país.
- Refrigeración preparada para IA: el arquitecto de centros de datos de Schneider Electric, Julián Martín Gurgone, proyectó que entre 2025 y 2030 el 60% de los despliegues estará orientado a inteligencia artificial y el 75% de esas cargas demandará refrigeración líquida, un reto de ingeniería que obliga a planificar y no a improvisar.
Qué proyectos ya están en carpeta
El desembarco más concreto lo lleva adelante la firma polaca Green Capital, cuyo representante en Argentina, Jorge Vilariño, confirmó el anuncio de un megacentro de datos en Chubut dedicado a inteligencia artificial y destacó que la baja densidad poblacional facilita los permisos de construcción. El caso se presenta como la prueba piloto de si Argentina puede pasar del PowerPoint a la obra.
“Estamos hablando de 500 millones de dólares de diferencia en el año, poniendo un centro de datos.”Gerardo Manhard, director de consultoría en energía e infraestructura de Dreicon
Manhard lo cruzó con el expediente energético y el contraste es elocuente: la ventaja de Vaca Muerta está documentada en el precio del gas, pero todavía no se traduce en contratos de provisión firmes ni en tarifas industriales competitivas para un cliente hyperscale. Vilariño, en tanto, remató que la baja densidad poblacional ayuda, aunque omitió avanzar en cómo se resolverá el financiamiento en dólares y el acceso al equipamiento importado, dos de los cuellos de botella que las propias cámaras empresarias vienen denunciando.
Mientras tanto, la promesa de convertir al país en hub regional sigue esperando una letra regulatoria precisa, un régimen de incentivos estable y un cronograma de obras de transmisión eléctrica que acompañe la demanda esperada. La ventana de oportunidad existe. Pero sin esas tres patas, el riesgo es que Argentina termine prestando sus ventajas naturales y viendo cómo otros las monetizan.
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