Adiós a Marcos Farías, el hombre que le bajó el colectivo a Ulises Bueno y le cambió la vida al género
Lo imagino todavía bajando a alguien de un colectivo en la ruta, con esa mezcla de intuición y de ciega confianza que solo tienen los que ven futuro donde el resto ve un pasajero con valija. Esa escena, que me la pintó como si la hubiera vivido de chico el periodista César Tapia, de Radio Máxima, resume mejor que cualquier currículum quién fue Marcos Farías: un tipo que apostó por artistas que nadie quería y construyó, en esas apuestas, la columna vertebral del cuarteto cordobés de las últimas dos décadas. Farías murió a los 58 años, después de pelear contra un cáncer de hígado y de páncreas que se había complicado en los últimos meses. Quienes lo rodeaban cuentan que los días previos al desenlace habían traído señales de mejoría, pero el cuadro se deterioró de forma definitiva y se llevó a un empresario, productor y mánager que dejó una huella enorme en la música popular de Córdoba y en la vida cotidiana de su comunidad.
El productor que bajaba artistas del micro
Farías fue durante veinte años una de las figuras con mayor peso en el cuarteto. No solo administraba carreras: las moldeaba desde cero, con la paciencia del que sabe que el éxito popular se cocina a fuego lento. César Tapia, periodista de Radio Máxima —la emisora que el propio Farías dirigía—, lo describió con una frase que me quedó dando vueltas: él veía potencial donde otros no se animaban. Y lo demostró con nombres que hoy son sinónimo de fiesta en cualquier bailanta del país.
“Él descubrió a Damián Córdoba. Él descubrió a Ulises Bueno cuando se estaba yendo a vender pantalones de jean a Tucumán.”César Tapia, periodista de Radio Máxima
La historia con Ulises, me la imagino como una película en blanco y sepia de los tempranos dos mil, quedó grabada en la memoria de quienes conocieron esa etapa. Ulises estaba a punto de bajar los brazos y subir a un micro con destino a Tucumán para probar suerte con los jeans. Farías fue hasta la parada, lo bajó del colectivo y le dijo, casi textual: «No, yo te voy a hacer una orquesta nueva. Bajate, bajate». Y después, según recordó Tapia, completó la promesa con una frase que sonaba a pronóstico: «Ya vas a ver lo que voy a lograr con Ulises Bueno».
- Damián Córdoba, a quien descubrió antes de que se consagrara en los escenarios grandes.
- Ulises Bueno, al que rescató cuando ya se iba a vender pantalones a Tucumán.
- Q'Lokura, ex Chipote, a la que sostuvo siete años, en silencio, hasta que el grupo se transformó en éxito nacional.
- La Banda de Carlitos, otro de los proyectos que acompañó de cerca.
- Va Como Loco, una orquesta en crecimiento a la que le tenía muchas expectativas.
Eugenio Quevedo y la frase que lo define
De todas las relaciones que construyó Farías, la que mantuvo con Eugenio Quevedo fue, por lo que cuenta Tapia, especialmente estrecha y entrañable. El cantante le pedía que lo acompañara en los momentos más importantes, como si necesitara la presencia del productor para que el escenario estuviera completo. «Quiero entrar con vos al Movistar Arena, quiero entrar con vos, llévame vos», le decía. Para Tapia, esa sola frase explica el tamaño de la influencia de Farías: «uno de los tipos que puede decir Eugenio Quevedo que lo que lo creó fue Marcos Farías».
Más allá de la música: la radio como asistencia
Porque Farías no fue solo un armador de carreras artísticas. Desde Radio Máxima construyó un vínculo con su comunidad que iba mucho más allá de la programación musical. La emisora funcionaba, me lo describió Tapia, como un centro de asistencia directa: se acumulaban remedios, sillas de ruedas y bastones para repartir entre quienes los necesitaran. Una gestión cotidiana, silenciosa, de la que él participaba personalmente. Por eso, cuando uno repasa su trayectoria, entiende que no alcanzó solo con descubrir talentos: también dejó funcionando una usina de contención para el barrio, para la gente de a pie, para Córdoba toda.
Me lo imagino a Marcos Farías con el oído siempre puesto en el altavoz y la mirada en el próximo. Un hombre que le bajó el colectivo a un pibe que se quería ir y le terminó armando una orquesta. Un tipo que vio en Chipote lo que hoy suena en cualquier fiesta del centro del país. Y me queda la certeza de que, en el cuarteto, cuando alguien nombre los nombres grandes —Damián, Ulises, Quevedo, Q'Lokura—, va a estar nombrando, sin querer, a Marcos. Como cuando uno tararea una copla y no sabe bien de quién es la voz que le viene: queda sonando igualito en el pecho, y no se va más.
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